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Los mismos buenos y malos Hermógenes Pérez de Arce
El Mercurio, 26 de Marzo del 2003 Si el actual liderazgo norteamericano decae ante las primeras dificultades y no prosigue su tarea hasta el
final, el terrorismo islámico lo volverá a atacar.
Clint Eastwood personifica a un tranquilo granjero, religioso, buen marido y padre de familia. Una tarde regresa del campo y encuentra a su mujer malherida y violada y a sus gemelas
muertas, tras ser ultrajadas. Llora en silencio su desgracia. A los pocos días ya se ha resuelto. Contra las lágrimas de su mujer, que intenta detenerlo, toma su Winchester, monta su alazán y parte en busca de los asesinos. Los va ubicando
de a uno, hasta dar con todos. Pagan con la vida.
La tarea tuvo contratiempos y enormes dificultades. Hubo momentos en que pareció que iba a fracasar y se temió que los bandidos lo mataran a él. Es la parte en que mi mujer, en la
butaca del lado, me increpa:
- A ellos todo les sale bien. ¡Hasta cuándo, pues oye!- Como si yo tuviera alguna responsabilidad en el guión.
Pero al final pagan cara su felonía. El buen granjero vuelve a su rancho y abraza a su
mujer. Ha cumplido una misión reparadora. Vuelve a ser el hombre pacífico de siempre, sacado transitoriamente de esa condición por ajena maldad. Antes, en mi adolescencia, en lugar de Clint Eastwood era Gary Cooper. Y en mi infancia era
Hopalong Cassidy, "Hoppy". En la parte posterior de la capilla del colegio, los domingos, mientras operaba la proyectora el father Provenzano, "Hoppy" iba eliminando a los malos de a uno, y nosotros ovacionábamos y
zapateábamos en el suelo, levantando bastante polvo.
Ahora, cuando ya casi he madurado, todavía sigo siendo el mismo. Siempre partidario del hombre pacífico sacado de esa condición por la agresión. Y siempre lo defiendo en su
reacción. Estoy consciente de que los buenos pueden ser terribles cuando replican a los ataques. Pero los agresores se lo tienen merecido. Es lo que se llama "legítima defensa privilegiada". Cuando el bandido se mete en la casa,
casi con toda seguridad armado, y hay de por medio una familia, a uno le asiste el derecho a defenderla con todo.
Del mismo modo, Chile hace más de treinta años era una democracia pacífica. Algunos la violaron, armándose para matar
bajo la efigie del Che Guevara. Atropellaron todos los derechos. Anunciaban, gritando en las calles de Santiago, "el momio al paredón, la momia al colchón". Nuestra única salvación era que alguien les hiciera frente con las mismas
armas. Bueno, conocemos el desenlace. Fuimos salvados, pero nuestros salvadores reciben hoy "el pago de Chile". Así somos. Ahora, dicen las encuestas, el 98 por ciento está contra los norteamericanos. Quiere que se olviden de sus
gemelas y dejen tranquilos a sus agresores, para que discurran un ataque todavía peor. Pero los de la minoría creemos que el agresor nunca debe quedar impune.
¿Que algo puede fallar? ¿Que el lado de los buenos puede decaer? Por
supuesto. Los malos saben defenderse y tienen muchos ardides. Enredan las cosas y dan vuelta los roles, poniendo al agredido como agresor. Los Estados Unidos fueron derrotados en Vietnam por eso. Los propios norteamericanos se dieron
vuelta, tras desfiles callejeros organizados en todo el mundo a instancias de los Bertrand Russell y otros incautos útiles al comunismo, que les vedaron el uso de sus armas más eficaces y, al final, los convencieron de que eran culpables.
Pero habían acudido generosamente en defensa de un Vietnam del Sur agredido e invadido por el comunista Vietnam del Norte. Los buenos fueron entonces ampliamente derrotados. También puede suceder ahora. El liderazgo norteamericano de
entonces se mostró débil y pusilánime. Está por verse si el actual tiene verdadero temple. Pues si decae ante las primeras dificultades y no prosigue su tarea hasta el final, el terrorismo islámico lo volverá a atacar.
Acá, la Gladys
acapara las cámaras. El 98 por ciento la respalda. Yo, junto al dos por ciento y en la penumbra, pero con las cosas muy claras, confío en que, una vez más, al final el malo reciba su merecido y el bueno resulte triunfador.
TAPAR EL SOL CON UN DEDO Editorial de La Trinchera www.trinchera.cl Cuando, en Diciembre de 2002, mi nota editorial se tituló "La Concertación
apesta", muchos amigos de izquierda me llamaron o me escribieron indignados. Ellos estimaban que el sobreprecio implícito en el caso de las "aulas tecnológicas" de la época del Ministro de Educación Sr. Lagos, o las
expropiaciones irregulares en la Sexta Región en la época del Ministro de Obras Públicas homónimo, al igual que los casos de la RPC, ESVAL, INDAP, las indemnizaciones millonarias o el error de 90 millones de dólares en el asunto
habitacional de CODELCO, no constituían algo de tanta gravedad como para mostrarme tan insolente, al menos en el título del artículo.
Un mes después, mi nota editorial de Enero de 2003, denominada "Longueira, vidente a medias" motivó a muchos amigos de derecha a escribirme o llamarme para reclamar de
que yo empequeñecía al presidente del partido político más importante de Chile, al dudar de su olfato político. No me entendieron. Probablemente, porque en ese
momento todavía no se conocían los casos MOP-GATE, Banco Central-Inverlink, la "cutufa" del MOP, el fraude de una Secretaría Regional de Educación con los dineros destinados a educación de adultos, el nombramiento ilegal de la directora de
PROCHILE, la salida del Primer Yerno, los gastos no autorizados en el SENAME, etcétera, etcétera, demasiados etcéteras. Pero ya es indudable que el molesto calificativo de "apestosa" no era cuestión de
olfato, sino de algo más tangible y concreto, pero sí le venía de perillas a la Concertación. Parece que esto no sólo lo capté yo –modesto observador del acontecer nacional– sino también el Sr. Lagos, nuestro mandamás.
Tuvo que recurrir a quizá cuál o cuáles de sus "asesores" de imagen, esos que –siendo parientes o no, para el caso da lo mismo– conviven con S. E. en el segundo piso de
Palacio, quienes aparentemente olvidando que su jefe es abogado y economista graduado en Duke, lo llevaron a elaborar la peregrina "teoría del jarrón", original y
desconocida en los textos tradicionales de economía, y lo convencieron de hacerla pública. El efecto fue demoledor, y tal doctrina debió ser retirada del escenario.
Siendo ya a estas alturas inocultable el descrédito del Gobierno, los mismos u otros asesores embarcaron a su jefe en otra "embarrada", quizá más dañina que la "doctrina
del jarrón": lo llevaron a intentar tapar el sol con un dedo enviando una inoportuna y ambigua "propuesta de paz" al Consejo de Seguridad de la ONU, en el cual Chile, lamentablemente –hoy no cabe duda– es miembro de segunda clase.
No más de ocho minutos se demoró Mr. Bush en desechar la genial propuesta chilena, y Sadam Hussein no le dio mayor importancia. Parece que no sabía de la existencia de
Chile. El señor Lagos debió contentarse, entonces, con que su proposición fuera mencionada en algún discurso del jefe del gobierno inglés, y nada más. El éxito o
fracaso de la propuesta presidencial puede ser verificado minuto a minuto por quien lo desee, observando canales de TV como CNN o la BBC. No resultó el intento de tapar el sol con un dedo: igual están en la retina de los
chilenos todos esos etcéteras de que hablé en un párrafo anterior. Y hay indicios de que en cualquier momento pueden aparecer otros etcéteras. ¿Por qué se enojan,
entonces, mis amigos de izquierda y mis amigos de derecha? A este paso, ¡me voy a quedar sin amigos de ningún lado! Jorge Arturo Prat A. |