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ENCUESTAS Y ESTADÍSTICAS Por Raúl Hermosilla Hanne (Ralph)
Estadísticas y encuestas, en manos de los izquierdistas, entregan los resultados e interpretaciones que ellos quieran atribuirles, y, sobre tan insólitas
bases, manejan una opinión pública superficial e impresionable, que forma las mayorías en que ellos se apoyan para hacer sobrevivir sus fracasadas ideologías, mientras se equilibran en el poder y medran, pasando finalmente del "pituteo" al
vulgar "choreo". Cuando Mikhail Gorbachev implementaba su "perestroika", cuentan que dudó de la real necesidad de mantener la frondosa burocracia dedicada a las estadísticas políticamente amañadas. El director le explicó
que estadísticamente cada hembra de cocodrilo ponía en su vida 1 millón de huevos, de los cuales se perdía el 99%. Según las estadísticas, del 1% que llegaba a nacer, el 99% moría antes de alcanzar la adultez. Así, siempre
según las estadísticas, le dijo, sólo lograba su completo desarrollo el 0,1% de modo que si no fuera por las estadísticas, el mundo se llenaría de cocodrilos y resultaría inhabitable para el hombre. Las encuestas, en manos de la gente de
izquierda, entregan informaciones parecidas. Por ejemplo, se ha preguntado a la ciudadanía, si gusta más de la guerra o de la paz y la respuesta casi unánime ha sido que prefiere la paz a la guerra. Yo también. Entonces, hice mi propia
encuesta, personalmente y ayudado por algunos de mis muchachos. Preguntamos a 100 personas al azar si preferían el cáncer o la buena salud. Todos, sin excepción, estuvieron por la salud. Pero mi encuesta, en el mejor estilo
izquierdista, no preguntaba si el opinante conocía las causas del cáncer, y si creía que la sociedad debía luchar -con algún sacrificio, naturalmente- para eliminarlas. El malabarismo comunicacional izquierdista tiene
convencido al mundo de que en el conflicto bélico actual, Estados Unidos es agresor de Irak. Pero, me pregunto, ¿puede alguien imaginar siquiera a EE.UU. castigando a Irak, sin que previamente Hussein hubiera invadido sorpresivamente
y sin provocación alguna a Kuwait, pequeño país petrolero que pidió protección a las Naciones Unidas y a sus países buenos clientes, entre ellos USA? ¿Podría también seriamente alguien imaginar a EE.UU. invadiendo actualmente a Irak
sin que hubiera sido previamente víctima del más feroz ataque terrorista de la historia al World Trade Center, en Nueva York, y al Pentágono, en Washington? No olvidemos que la Casa Blanca tuvo dos años de paciencia tratando sin
lograrlo que Saddam cumpliera las 16 resoluciones más la última, del Consejo de Seguridad, que durante 12 años le venía exigiendo el desarme, sin conseguirlo realmente, mientras sólo columpiaba a los inspectores y mentía descaradamente a la
ONU. Ya a estas alturas recién comenzando la guerra ha lanzado contra Kuwait más misiles que la cantidad total de ellos que no hace un mes había confesado tener. Y por favor no me diga algún lector que no está probado que Hussein haya
estado tras Osama bin Laden en el atentado del 11 de septiembre. Pocos días después del horrendo ataque terrorista insté en mi columna semanal al Presidente Bush a no ir en busca de Laden -a quien califiqué de hombre de
goma- sino derechamente de sus principales. Escribí también que primero se encontraría a Paul Schäfer que a Osama, porque probablemente el mismo día del atentado habría sido eliminado por Hussein, una vez cumplida ya
su misión, no siendo para mí sus posteriores apariciones televisivas motivo de más preocupación que determinar si la foto de Marlen Olivari sin calzones era o no trucada. Así de seguro estaba yo -ya entonces-
de lo que escribía, porque Saddam no sólo ha financiado permanentemente al terrorismo británico y al español, sino que también entregó en su momento dinero al terrorismo chileno. Por eso no puedo sino estar en su contra y esperar que
los EE.UU. –a los que realmente no amo- nos compensen con la destrucción de Hussein, de los reiterados atropellos y cuantiosos perjuicios que nos han infligido con su política exterior a través de la historia. Lamentablemente,
no creo que podamos aspirar a más, después de la torpe actitud del Presidente Lagos, de meternos sin ninguna necesidad entre las patas de los caballos, primero, incorporando a Chile al Consejo de Seguridad en circunstancias que era de
prever el grave conflicto armado que se avecinaba, y luego, alineando en los hechos a nuestro país en el bando del terrorismo islámico. |