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EDITORIAL

LOS SIETE PECADOS CAPITALES

Por Alexis

"Más nos gusta la lucha
que la victoria."
ALFREDO DE VIGNY
 

Estamos culminando los quince años de la atroz dictadura que nos ha impuesto la Concertación a partir del 11 de marzo de 1990, y aún no sabemos cómo el pueblo chileno ha logrado soportarla, cuando tiene que sufrir todos sus males y no ha recogido ninguno de sus beneficios, reservados tan solo para los que comulgan con la izquierda marxista.

Estos males que ha provocado la Concertación a nuestro país, constituyen los siete pecados capitales que han generado en nuestra nación, y que analizaremos, uno a uno, para que la gente, si es que alguna vez reconocen la verdad de lo que decimos, saque sus propias conclusiones y nos libere, con su voto, de los males que estos gobiernos nos han causado.

Empezaremos por el principal pecado capital: la corrupción.

No podríamos señalar en este espacio ni la más mínima parte del proceso de corrupción que hemos vivido a lo largo de estos quince años, donde todos los valores que sostenían la conducta moral de los funcionarios públicos fueron echados a la basura, en forma que bien podemos decir es criminal para satisfacer sus propios intereses egoístas y espurios.

Hemos dicho que la ausencia por casi diez y siete años del poder político, bien podría ser una de las causales de este deterioro de la moral pública, pero creemos que ello va mucho más allá que una simple recompensa por los daños, que ellos, en forma supuesta, habrían recogido, dado que se les cercenó todas sus posibilidades de seguir viviendo de la política, como lo habían hecho durante más de un siglo. Va más allá, porque ha existido un ánimo de venganza, superior a todo lo conocido en nuestra historia, y que hoy mantiene vigente procesos judiciales absurdos, que sólo buscan sostener vivo el odio y la sed de revancha, mientras se hace añicos la ética del Estado y sus principios.

Son muchos miles de millones de pesos o dólares los que han sido arrancados de las arcas fiscales para beneficiar a personas o campañas políticas de ellos mismos. La máxima de Maquiavelo de que no importan los medios con tal de lograr los fines perseguidos, es lo que se ha impuesto en nuestro país en los últimos quince años, y no se ve por ningún lado que exista el menor ánimo de cambiar este proceder, porque no hay día en que surja algo que demuestre que los fines perseguidos  son por medios legítimos. Por el contrario, a cada minuto se muestra un grado de corrupción en esas tareas que destruyen la confianza en el Estado y en sus instituciones.

Un ejemplo simple de ello, es lo ocurrido en el Parque Nacional de las Torres del Paine, donde se multó al causante de un incendio de catorce mil hectáreas de bosques nativos, que necesitarán cien o doscientos años para reponerse, con la absurda suma de ciento veinte mil pesos, porque eso es lo que determina la ley del caso. ¿Por qué esa cifra? Porque todos los días se producen talas de las especies arbóreas que necesitan miles de años para llegar a la madurez, y a los autores de estos verdaderos crímenes contra natura, se les aplica iguales multas que se le cobró al turista checo que provocó el incendio del parque, situación a la que hay que agregar que el Gobierno no tenía ni tiene un organismo eficiente para poder controlar un incendio, como no lo tiene para evitar la devastación de los bosques de especies naturales, ya sea por el hombre o por el fuego.

La corrupción ha sido el primer y principal pecado capital de la Concertación, pero también debemos referirnos al segundo: la desocupación o cesantía.

Los porcentajes de los últimos diez años que hablan de una cesantía "oficial" cercana al diez por ciento, tienen una razón de ser que bien podríamos señalar que forma parte esencial de la política de la Concertación: mucho desempleo evita huelgas. Y la Concertación no quiere huelgas, como tampoco quiere pleno empleo, porque una economía floreciente sería contraria a la idea sobre el tema que tienen los comunistas y socialistas que manejan el Gobierno.

Tener a la gente muerta de hambre y soportar toda clase de penurias es lo que hizo posible que la Unión Soviética sobreviviera setenta años. El nivelar hacia abajo es la tónica de la izquierda marxista, y eso no lo cambiarán jamás mientras se mantengan en el poder. Ese diez por ciento "oficial" que bien puede ser un veinte o veinticinco por ciento reales, obliga a todos a aceptar las reglas del juego impuestas por la Concertación: "en nuestro gobierno nadie hará huelgas".

No creemos que sea necesario agregar algún nuevo argumento a este segundo pecado capital, pero el tercer pecado capital tiene muy fea cara: la delincuencia.

Las principales obras públicas de los gobiernos de la Concertación han sido las nuevas cárceles, que se extienden a lo largo del país como los "gulags" lo hicieron en Rusia entre 1917 y 1989.

La dictadura atroz soviética, así como la chilena, llenaron el país de cárceles, donde se cobija a los delincuentes por cortos períodos de tiempo y luego se los suelta para mantener a la gente decente encerrada en sus hogares, tal como si ellos fueran los culpables y no los que andan libre por las calles con decenas de procesos en su contra, pero que les permite seguir delinquiendo.

Es una de las formas más terribles de la tiranía que nos han impuesto. Y la estamos soportando, día tras día con el precio horrendo del crimen que nos acecha en cada momento.

El cuarto pecado capital, derivado del tercero es la droga o la drogadicción.

En el gobierno de la upeste , nuestro país se convirtió en el pasadizo de la droga hacia Europa y los Estados Unidos. A tanto llegó eso que una de las primeras medidas que el Gobierno Militar tomó fue deportar a una docena de traficantes reclamados por la DEA, que la upeste protegía.

Hoy vivimos esto de igual forma, pero con mucho más poder de penetración en el mercado interno, porque la Concertación ha durado ya quince años, y tras ella se conformó este verdadero infierno de la droga que hoy remueve los cimientos básicos de nuestra sociedad y que se ha convertido en una verdadera plaga social.

La responsabilidad es absoluta del Gobierno actual, y no pueden escudarse en la pobreza de las poblaciones, porque esa miseria la han creado ellos.

El quinto pecado capital es: la salud.

La tarea que alguna vez se le encomendara a la actual candidata de la extrema izquierda, Michelle Bachelet, en su calidad de Ministra de Salud, para terminar con las colas en los consultorios, lo que ella logró a través de las colas telefónicas, en ningún momento -entiéndase bien-, tuvo siquiera un asomo de solución al problema de salud que hoy vive el país como uno de sus mayores males. Donde a cada enfermo que logra una cita se le da una aspirina y la espera de un turno para sanarlo, que siempre es más tiempo que lo que le queda de vida.

En estas condiciones, no hay salud que soporte, ni auge que lo socorra.

El sexto pecado capital es: la vivienda.

El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) declaró, sin que podamos comprobar su exactitud, que faltaban en el país un millón de viviendas dignas.

En estas condiciones, se supone que cuatro o cinco millones de personas viven hacinadas y en peor situación como grupo familiar de lo que podría esperarse de un país que se dice en pleno desarrollo. Pero eso es otra de las grandes mentiras de la izquierda, porque basta con ir a cualquier población producto de una toma, y se podrá comprobar que el subdesarrollo es la base esencial de la miseria que allí se respira.

En séptimo y último lugar –por ahora- de los pecados capitales es: la educación.

¿Qué podríamos decir para que la educación tuviera un atisbo, siquiera, de progreso?

En forma lamentable, nada.

Cada día, todas las pruebas que se les hacen a los alumnos a lo largo y ancho del país resultan un fracaso y nos colocan a la altura de los países bajos, como decía un filósofo humorista.

El deterioro de la educación ha llegado a que el sesenta por ciento de los educandos no comprendan lo que leen.

En estas condiciones el país no puede progresar y se entiende el desánimo de la juventud, la que se abstiene de votar porque en forma lógica, no comprende el pensamiento de los políticos, cosa que la mayoría de nosotros tampoco entendemos, porque otra cosa sería nuestra patria si contáramos con políticos que en forma real se preocuparan por educar al pueblo.

Pero un pueblo "educado" rechazaría en forma absoluta la prédica marxista del odio y la venganza que mueve a esos políticos, y eso no es lo que el comunismo quiere para nuestro Chile, el cual debe seguir sufriendo los efectos perniciosos de los pecados capitales que hoy envuelven a la nación, con muy pocas esperanzas de alguna absolución, porque hasta la Iglesia actual los considera veniales.

 

 

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