AÑO 5  Nº 43

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LA  SEMANA  AL  DÃA

26 de marzo del 2005

Los relojes del 2º piso


Los relojes del 2º piso ya habían dado las 2 de la madrugada y todavía estaban encendidas las luces de esas oficinas. ¿Qué había pasado?

Las noticias vespertinas habían informado  -y lo harían también los diarios de la mañana-  que habían sido encontrados en la Catedral Metropolitana, bajo el Altar Mayor, los restos momificados de Diego Portales, siendo de suponer que ello favorecería y sería explotado comunicacionalmente por la UDI, dadas las semejanzas de algunos de los principales postulados políticos de Portales con los de esa colectividad.

Había, pues, que hacer algo  -y rápidamente- para impedirlo.

Después de intensas deliberaciones, los grandes comunicadores acordaron destruir la imagen de Portales, y antes de las 3 de la mañana habían sido instruidos en tal sentido los periodistas gobiernistas y los historiadores especializados en la destrucción de imagen de cuantos próceres ha tenido la Patria.

No voy a analizar hoy la figura de Diego Portales, porque lo haré más a fondo en la ''Ventana a la Historia'', a partir de la edición de abril, de modo que sólo diré en esta ocasión que mientras los que no sólo cobraban con puntualidad sus sueldos de servidores públicos, sino que además se llevaban cototos sobres brujos con dinero efectivo sustraído a los gastos reservados presidenciales  -en definitiva declarados por la judicatura gobiernista lícitos y por los fiscalizadores tributarios del gobierno, no tributables-  están acusando a Portales de ladrón, silencian que éste no cobró jamás sus sueldos como ministro de estado, para no ser carga para el erario.

También silencian, cuando le imputan una turbia actuación en la fallida negociación del estanco tabacalero, que al término del contrato Portales tenía un saldo a su favor de $87.260 -lo que representaba una importante cantidad- y que nunca cobró.

Y tenemos así un ejemplo más de la política comunicacional con que la coalición gobernante está engañando día por día a la ciudadanía, tergiversando la historia y destruyendo los más preciados valores y paradigmas de la chilenidad.

Raúl Hermosilla Hanne

 

 

 

19 de marzo del 2005

La captura de Paul Schaefer


Paul Schaefer, detenido.

Comenzaré aclarando que no me pronunciaré sobre la inocencia o culpabilidad de Paul Schaefer, pero para los efectos del presente análisis, trabajaré con la hipótesis de su culpabilidad en las acusaciones de pedofilia y violación sodomítica que le hicieron uno o dos muchachos fugados del establecimiento educacional y de beneficencia denominado Colonia Dignidad en las cercanías de Parral, patrocinados en su momento por destacadas figuras políticas del Partido Demócrata Cristiano. Años después, patrocinados esta vez por conocidos personeros del Partido Socialista, algunos niños y sus madres, lo acusaron de lo mismo, e incluso los periodistas comisionados viajaron a Alemania a recabar nuevos testimonios de los antiguos acusadores.

Pero en los operativos policiales  -nunca antes vistos en nuestro país- con los que se allanó la propiedad, sus casas e instalaciones, pudo apreciarse que lo que realmente buscaban eran evidencias y las osamentas de algunos terroristas duros que habrían sido llevados por los servicios de seguridad a la Colonia Dignidad para interrogarlos en ese apartado lugar, y que se les habrían muerto en el intento de hacerlos confesar especialmente dónde guardaban las armas y explosivos, y cuáles eran los próximos atentados terroristas planificados por la guerrilla subversiva.

También para los efectos de este análisis trabajaré con la hipótesis de ser efectivos esos hechos, considerando que de haber sido requerido Schaefer por dichos servicios de facilitarles instalaciones discretas, siendo él extranjero y habiendo sido liberado su grupo por el gobierno militar de las tomas y amenazas de muerte recibidas de los movimientos terroristas, difícilmente podría haberse negado.

Con estas suposiciones quiero comparar su situación con la de otro alemán, perseguido por los sectores más conservadores del mundo occidental, luego de la caída del muro de Berlín. Me refiero a Erich Honecker, responsable de haber ordenado personalmente que se matara a todo ciudadano que intentara cruzar el muro que dividió la ciudad de Berlín, para emigrar al sector occidental, en busca, generalmente, de sus parientes, de la libertad, y de un mejor nivel de vida y porvenir. Varios miles de alemanes fueron así ultimados a tiros.

A la hora  de juzgar a Honeker, el tribunal lo sobreseyó en consideración a su avanzada edad y deterioro de su salud. Fue acogido en Chile, y vivió acá tranquilamente donde su hija, casada con un chileno, hasta su fallecimiento, algunos años después.

Pero me bastó ver las imágenes televisivas de la captura y traslado del octogenario Schaefer para comprobar  -una vez más-  la ley del embudo que nuestras autoridades políticas y judiciales aplican a los acusados, según sean éstos cercanos al gobierno concertacionista o no lo sean. Y actúan así a la vista y paciencia de las instituciones republicanas, que actualmente y a diferencia de antes en que sólo lo eran constitucionalmente las Fuerzas Armadas, son todas   -lo que equivale a ninguna-  garantes de la institucionalidad. Ello en virtud de las reformas a la carta fundamental acordadas con la imbatible fórmula de Nicanor Parra, ''izquierda y derecha unidas, jamás serán vencidas.''

Tampoco estoy en situación de avalar la inocencia de Schaefer en los cargos de pedofilia o violaciones sodomíticas, porque no conozco a fondo los antecedentes, pero me inclino a rechazarlos, porque echo de menos algunos acusadores chilenos de 40 o 50 años de edad, de entre las decenas de miles de ellos que pasaron por la escuela de Dignidad obteniendo educación y oficios durante varias decenas de años , que testimoniaran haber sido víctimas de Schaefer y no me convencen los pocos alemancitos inestables que se fugaron ni tampoco el del mariconcito a simple vista del Luna, todos buenos para las pantallas televisivas, como tampoco algunas mamás buenas para la plata que según consta en el expediente respectivo, de los cuatro niños que decían haber sido violados por Schaefer, tres de ellos  -como lo estableció el Instituto Médico Legal-  tenían su potito intacto y sólo uno evidenciaba haber sido penetrado, no pudiendo precisarse la fecha ni menos el autor, lo que hace perfectamente posible que haya llegado ya así a Dignidad.

Menos me impresionan los periodistas políticos, expertos en pagar  testigos y manipular sus declaraciones, que no nos explican cómo, sin mediar grave pedofilia, el Ministerio de Salud registra más de 1.000 nacimientos en un solo año, de madres menores de 15 años. Esos malos profesionales, sólo arman sofisticadas denuncias cuando sus supuestos pedófilos son de aquellas personas que sin duda producirán rating y beneficios políticos a sus tiendas, no importando  -naturalmente-  que sean inocentes. Y en esas pesquisas los servicios policiales emplean una enormidad de medios y horas de trabajo que le restan a la investigación de los ataques que a diario sufren los niños comunes de nuestro pueblo. Y así vemos que la primera resolución judicial dictada en contra de Schaefer a su llegada a Chile es el auto de su procesamiento bajo la imputación de mantener secuestrado todos estos años al terrorista mirista Alvaro Vallejos Villagrán. 

En todo caso, sea Paul Schaefer inocente o culpable de la fea conducta con los niños bajo su protección de que se le acusa, vaya mi expresión de solidaridad con los miembros de esa ejemplar colectividad de trabajo, bondad y desprendimiento, que invitada a venir a Chile va a hacer  medio siglo por nuestro embajador en Alemania, don Arturo Maschke, en busca de paz y refugio de las acusaciones que principalmente allá se le hacían en el sentido de ser una secta nazista, sólo ha recibido el  tradicional ''pago de Chile'', por transformar en Parral  un pedregal en un vergel, por educar con esmero y gratuidad a los niños y atender, también gratuitamente, la salud del pueblo, y, lo más grave, por conservar sus tradiciones de cultura, trabajo, orden, disciplina, y servicio desinteresado y despolitizado a sus semejantes.

Desconozco los pormenores de las acusaciones políticas que se hacían a Paul Schaefer y su grupo de damnificados de guerra en Alemania, antes de partir para Chile, supongo que también de homosexualidad, porque siempre que se quiere destruir la imagen de alguien sin fundamento serio se le acusa de ello, pero estoy cierto de que si a nuestro embajador le hubiera asistido alguna duda sobre la honorabilidad y corrección de estos alemanes, jamás los habría invitado a recibir nuestro ''asilo contra la opresión'' a cambio del cual los tres gobiernos concertacionistas sólo les están entregando en definitiva ''la tumba de los libres''.
        
Raúl Hermosilla Hanne

 

 

 

12 de marzo del 2005

Mi homenaje a Gladys Marín


Se ha dicho hasta la saciedad estos días, que Gladys Marín fue una mujer consecuente, y yo debo repetirlo, una vez más. Efectivamente ella lo fué y por eso debo hoy rendirle mi homenaje como persona.

Hace poco sostuve en el decano de la prensa nacional una polémica sobre el uso en la política chilena de la expresión darse vuelta la chaqueta. Mi contendor  -a quien llamé maestro de la chaqueta- habiendo sido embajador del gobierno militar en tres países, ahora es concertacionista y detractor de ese gobierno. Gladys Marín no fue de esa especie y así debo reconocerlo y por eso honrarla, especialmente en esta época de traidores y lambeculos de quienes detentan el poder.

Pero no se vaya a confundir el lector con mis palabras. Rindo mi homenaje a la persona que con su vida dio un ejemplo de consecuencia con su pensamiento, pero no estoy avalando este último que, en el caso de la señora Marín, se inscribió en el más errado y pernicioso que haya conocido la historia de la humanidad, y que está hoy sufriendo nuevamente nuestra patria.

Nuestro país está siendo víctima de la estrategia comunista contenida en las instrucciones a que me referí hace un par de años. Decía Lenin:  "Cuando de la revolución se trata, entierren el yatagán en el vientre de los malditos burgueses, y mientras encuentren grasa, sigan enterrando  el yatagán. Si encuentran alguna dureza,  revuelvan ese yatagán hasta que ceda, y sigan enterrándolo. Si la dureza se pone muy firme, paren, esperen, y después sigan.  Si finalmente la dureza es insalvable, será oportuno comenzar lentamente a retirar nuestro yatagán, para esperar una nueva oportunidad."

En Chile nos encontramos con la rigurosa aplicación de la doctrina leninista, con la complicidad del silencio de aquellos que no desean o no saben cómo alzar su voz y decir simplemente ¡Basta!.

Se atropella la constitución y se incumplen las leyes de la república, se tiene al pueblo sumido en una cesantía pavorosa, a la juventud en la droga y la prostitución y a la niñez en el desamparo y la desnutrición, se roba de diversas maneras -algunas más burdas y otras más sofisticadas- multimillonarias cantidades del erario , mientras se posterga una y otra vez la adquisición del material de renovación de las Fuerzas Armadas, se montan campañas de desprestigio de estas últimas, y se persigue y procesa contra todo precepto legal  -especialmente la prescripción, la cosa juzgada y la amnistía-  a todo uniformado que hace treinta años, en cumplimiento de su deber militar, debió luchar arriesgando la vida, en contra de la subversión socialista, mientras a esos terroristas se les aplicó rigurosamente la ley de amnistía y se les benefició con el indulto presidencial cuando resultó preciso, para eximirlos de responsabilidad por los asesinatos, secuestros, torturas, atentados dinamiteros, y toda suerte de atropellos a los miembros de las instituciones armadas que debieron combatirlos en la preservación de la integridad de la patria, del estado de derecho y del orden público.

Mis preguntas, estimado lector, son probablemente las mismas que las suyas:  ¿Hasta cuándo? ¿Es que ya la raza no nos entregará más un líder y una elite de patriotas que nos puedan dirigir en una nueva jornada de recuperación de una nación próspera y decente, y de un porvenir para nuestros nietos? No tengo las respuestas, pero desde esta columna puedo asegurar a mis lectores, que a pesar de mis 77 años de edad, seguiré luchando con la única arma que manejo, que es mi pluma, y que en mí, ¡jamás los socialistas encontrarán grasa para su yatagán! ¡Tampoco me contarán entre los suyos los comemierda de los poderosos!

Raúl Hermosilla Hanne

 

 

 

5 de marzo del 2005

Piojento, piojento…


Es muy antiguo el cuento de la mujer que cada vez que peleaba con su marido le decía piojento, porque en una ocasión, hacía ya de ello muchos años, le había encontrado piojos en la cabeza, lo que enardecía al marido, porque además de recordarle un hecho vergonzoso, evidenciaba una actitud rencorosa de ella, y negativa hacia los mejores propósitos de buena convivencia del marido, quien, por lo demás, tenía positivas cualidades como jefe de hogar.

A tal punto llegó la exacerbación del ánimo del varón en una riña conyugal más, que le pegó un par de coscachos a su mujer y le advirtió que la próxima vez que lo llamara piojento la iba a matar.

Esa ocasión llegó, cuando iban discutiendo sobre algo mientras cruzaban un puente, y el hombre perdió el control de sí mismo y la tiró al caudaloso río.

Mientras ella se hundía y la corriente la arrastraba no pedía auxilio, sino que le gritaba piojento, piojento, hasta que desapareció bajo el agua.  Lo último que vio el marido fue aparecer de repente sobre la superficie los brazos de ella, que juntando los puños y con las uñas de ambos dedos gordos le hacía el característico gesto de aplastar piojos.

Leyendo la prensa de esta semana, que nos informa sobre las nuevas obstaculizaciones de los profesionales de los derechos humanos a los proyectos de avanzar y poder terminar pronto los procesos por algunas efectivas -y las más de ellas interesadas y falsas-  violaciones de esos derechos, que se arrastran algunos por más de 25  años, se me ha venido a la memoria el cuento del piojento.

Pero tengo claro que la mayoría generalmente silenciosa de nuestros compatriotas, deplorando tanto el proceder socialista de hace más de 30 años, pretendiendo alcanzar el poder total por la vía armada, como los excesos incurridos en la necesaria represión del terrorismo,  comprende que tanto para los países como para los matrimonios, con el paso de los años hay que superar piojos y desaparecidos  -y por supuesto bastardos apetitos de dinero fácil-  para poder mirar hacia delante y construir para nuestros nietos un mejor futuro libre de viejas querellas.

Esa madurez desearíamos ver en nuestros líderes, especialmente gobernantes, parlamentarios y jueces, para el bien de la patria que todos amamos y que dejando atrás tal vez enormes errores de todos lados, la queremos noble y generosa, justa y solidaria, segura y próspera para todos.

Raúl Hermosilla Hanne

 

 

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