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26 de marzo del 2005
Los relojes del 2º piso
Los relojes del 2º piso ya habÃan dado las 2 de la madrugada y todavÃa estaban encendidas las luces de esas oficinas. ¿Qué habÃa pasado?
Las noticias vespertinas habÃan informado -y lo harÃan también los diarios
de la mañana- que habÃan sido encontrados en la Catedral Metropolitana, bajo el Altar Mayor, los restos momificados de Diego Portales, siendo de suponer que ello favorecerÃa y serÃa explotado comunicacionalmente por la UDI, dadas
las semejanzas de algunos de los principales postulados polÃticos de Portales con los de esa colectividad.
HabÃa, pues, que hacer algo -y rápidamente- para impedirlo.
Después de intensas deliberaciones, los grandes
comunicadores acordaron destruir la imagen de Portales, y antes de las 3 de la mañana habÃan sido instruidos en tal sentido los periodistas gobiernistas y los historiadores especializados en la destrucción de imagen de cuantos próceres
ha tenido la Patria.
No voy a analizar hoy la figura de Diego Portales, porque lo haré más a fondo en la ''Ventana a la Historia'', a partir de la edición de abril, de modo que sólo diré en esta ocasión que mientras los que no
sólo cobraban con puntualidad sus sueldos de servidores públicos, sino que además se llevaban cototos sobres brujos con dinero efectivo sustraÃdo a los gastos reservados presidenciales -en definitiva declarados por la judicatura
gobiernista lÃcitos y por los fiscalizadores tributarios del gobierno, no tributables- están acusando a Portales de ladrón, silencian que éste no cobró jamás sus sueldos como ministro de estado, para no ser carga para el erario.
También silencian, cuando le imputan una turbia actuación en la fallida negociación del estanco tabacalero, que al término del contrato Portales tenÃa un saldo a su favor de $87.260 -lo que representaba una importante
cantidad- y que nunca cobró.
Y tenemos asà un ejemplo más de la polÃtica comunicacional con que la coalición gobernante está engañando dÃa por dÃa a la ciudadanÃa, tergiversando la historia y destruyendo los más preciados
valores y paradigmas de la chilenidad.
Raúl Hermosilla Hanne
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19 de marzo del 2005
La captura de Paul Schaefer
Comenzaré aclarando que no me pronunciaré sobre la inocencia o culpabilidad de Paul Schaefer, pero para los efectos del presente análisis, trabajaré con la hipótesis de su culpabilidad en las acusaciones de
pedofilia y violación sodomÃtica que le hicieron uno o dos muchachos fugados del establecimiento educacional y de beneficencia denominado Colonia Dignidad en las cercanÃas de Parral, patrocinados en su momento por
destacadas figuras polÃticas del Partido Demócrata Cristiano. Años después, patrocinados esta vez por conocidos personeros del Partido Socialista, algunos niños y sus madres, lo
acusaron de lo mismo, e incluso los periodistas comisionados viajaron a Alemania a recabar nuevos testimonios de los antiguos acusadores.
Pero en los operativos policiales -nunca antes vistos en nuestro paÃs- con los
que se allanó la propiedad, sus casas e instalaciones, pudo apreciarse que lo que realmente buscaban eran evidencias y las osamentas de algunos terroristas duros
que habrÃan sido llevados por los servicios de seguridad a la Colonia Dignidad para interrogarlos en ese apartado lugar, y que se les habrÃan muerto en el intento de
hacerlos confesar especialmente dónde guardaban las armas y explosivos, y cuáles eran los próximos atentados terroristas planificados por la guerrilla subversiva.
También para los efectos de este análisis trabajaré con la hipótesis de ser efectivos esos hechos, considerando que de haber sido requerido Schaefer por dichos servicios de facilitarles instalaciones discretas, siendo él extranjero y
habiendo sido liberado su grupo por el gobierno militar de las tomas y amenazas de muerte recibidas de los movimientos terroristas, difÃcilmente podrÃa haberse negado.
Con estas suposiciones quiero comparar su situación con la de otro alemán, perseguido por los sectores más conservadores del mundo occidental, luego de la caÃda del muro de BerlÃn. Me refiero a Erich Honecker, responsable de haber
ordenado personalmente que se matara a todo ciudadano que intentara cruzar el muro que dividió la ciudad de BerlÃn, para emigrar al sector occidental, en busca,
generalmente, de sus parientes, de la libertad, y de un mejor nivel de vida y porvenir. Varios miles de alemanes fueron asà ultimados a tiros.
A la hora de juzgar a Honeker, el tribunal lo sobreseyó en consideración a su
avanzada edad y deterioro de su salud. Fue acogido en Chile, y vivió acá tranquilamente donde su hija, casada con un chileno, hasta su fallecimiento, algunos años después.
Pero me bastó ver las imágenes televisivas de la captura y traslado del octogenario Schaefer para comprobar -una vez más- la ley del embudo que nuestras
autoridades polÃticas y judiciales aplican a los acusados, según sean éstos cercanos al gobierno concertacionista o no lo sean. Y actúan asà a la vista y paciencia de las instituciones republicanas, que actualmente y a diferencia de
antes en que sólo lo eran constitucionalmente las Fuerzas Armadas, son todas -lo que equivale a ninguna- garantes de la institucionalidad. Ello en virtud de las
reformas a la carta fundamental acordadas con la imbatible fórmula de Nicanor Parra, ''izquierda y derecha unidas, jamás serán vencidas.''
Tampoco estoy en situación de avalar la inocencia de Schaefer en los cargos de
pedofilia o violaciones sodomÃticas, porque no conozco a fondo los antecedentes, pero me inclino a rechazarlos, porque echo de menos algunos acusadores chilenos
de 40 o 50 años de edad, de entre las decenas de miles de ellos que pasaron por la escuela de Dignidad obteniendo educación y oficios durante varias decenas de años
, que testimoniaran haber sido vÃctimas de Schaefer y no me convencen los pocos alemancitos inestables que se fugaron ni tampoco el del mariconcito a simple vista del Luna, todos buenos para las pantallas televisivas, como tampoco algunas
mamás buenas para la plata que según consta en el expediente respectivo, de los cuatro niños que decÃan haber sido violados por Schaefer, tres de ellos -como lo
estableció el Instituto Médico Legal- tenÃan su potito intacto y sólo uno evidenciaba haber sido penetrado, no pudiendo precisarse la fecha ni menos el autor, lo que hace perfectamente posible que haya llegado ya asà a Dignidad.
Menos me impresionan los periodistas polÃticos, expertos en pagar testigos y manipular sus declaraciones, que no nos explican cómo, sin mediar grave pedofilia,
el Ministerio de Salud registra más de 1.000 nacimientos en un solo año, de madres menores de 15 años. Esos malos profesionales, sólo arman sofisticadas denuncias
cuando sus supuestos pedófilos son de aquellas personas que sin duda producirán rating y beneficios polÃticos a sus tiendas, no importando -naturalmente- que
sean inocentes. Y en esas pesquisas los servicios policiales emplean una enormidad de medios y horas de trabajo que le restan a la investigación de los ataques que a
diario sufren los niños comunes de nuestro pueblo. Y asà vemos que la primera resolución judicial dictada en contra de Schaefer a su llegada a Chile es el auto de
su procesamiento bajo la imputación de mantener secuestrado todos estos años al terrorista mirista Alvaro Vallejos Villagrán.
En todo caso, sea Paul Schaefer inocente o culpable de la fea conducta con los
niños bajo su protección de que se le acusa, vaya mi expresión de solidaridad con los miembros de esa ejemplar colectividad de trabajo, bondad y desprendimiento,
que invitada a venir a Chile va a hacer medio siglo por nuestro embajador en Alemania, don Arturo Maschke, en busca de paz y refugio de las acusaciones que
principalmente allá se le hacÃan en el sentido de ser una secta nazista, sólo ha recibido el tradicional ''pago de Chile'', por transformar en Parral un pedregal en un
vergel, por educar con esmero y gratuidad a los niños y atender, también gratuitamente, la salud del pueblo, y, lo más grave, por conservar sus tradiciones
de cultura, trabajo, orden, disciplina, y servicio desinteresado y despolitizado a sus semejantes.
Desconozco los pormenores de las acusaciones polÃticas que se hacÃan a Paul
Schaefer y su grupo de damnificados de guerra en Alemania, antes de partir para Chile, supongo que también de homosexualidad, porque siempre que se quiere destruir la imagen de alguien sin fundamento serio se le acusa de ello, pero estoy
cierto de que si a nuestro embajador le hubiera asistido alguna duda sobre la honorabilidad y corrección de estos alemanes, jamás los habrÃa invitado a recibir nuestro ''asilo contra la opresión'' a cambio del cual los tres gobiernos
concertacionistas sólo les están entregando en definitiva ''la tumba de los libres''. Raúl Hermosilla Hanne
12 de marzo del 2005
Mi homenaje a Gladys MarÃn
Se ha dicho hasta la saciedad estos dÃas, que Gladys MarÃn fue una mujer consecuente, y yo debo repetirlo, una vez más. Efectivamente ella lo fué y por eso debo hoy rendirle mi homenaje como persona.
Hace poco sostuve en el decano de la prensa nacional una polémica sobre el uso en la polÃtica chilena de la expresión darse vuelta la chaqueta. Mi contendor -a
quien llamé maestro de la chaqueta- habiendo sido embajador del gobierno militar en tres paÃses, ahora es concertacionista y detractor de ese gobierno. Gladys MarÃn
no fue de esa especie y asà debo reconocerlo y por eso honrarla, especialmente en esta época de traidores y lambeculos de quienes detentan el poder.
Pero no se vaya a confundir el lector con mis palabras. Rindo mi homenaje a la
persona que con su vida dio un ejemplo de consecuencia con su pensamiento, pero no estoy avalando este último que, en el caso de la señora MarÃn, se inscribió en el
más errado y pernicioso que haya conocido la historia de la humanidad, y que está hoy sufriendo nuevamente nuestra patria.
Nuestro paÃs está siendo vÃctima de la estrategia comunista contenida en las
instrucciones a que me referà hace un par de años. DecÃa Lenin: "Cuando de la revolución se trata, entierren el yatagán en el vientre de los malditos burgueses, y
mientras encuentren grasa, sigan enterrando el yatagán. Si encuentran alguna dureza, revuelvan ese yatagán hasta que ceda, y sigan enterrándolo. Si la dureza
se pone muy firme, paren, esperen, y después sigan. Si finalmente la dureza es insalvable, será oportuno comenzar lentamente a retirar nuestro yatagán, para esperar una nueva oportunidad."
En Chile nos encontramos con la rigurosa aplicación de la doctrina leninista, con la complicidad del silencio de aquellos que no desean o no saben cómo alzar su voz y decir simplemente ¡Basta!.
Se atropella la constitución y se incumplen las leyes de la república, se tiene al pueblo sumido en una cesantÃa pavorosa, a la juventud en la droga y la prostitución
y a la niñez en el desamparo y la desnutrición, se roba de diversas maneras -algunas más burdas y otras más sofisticadas- multimillonarias cantidades del erario
, mientras se posterga una y otra vez la adquisición del material de renovación de las Fuerzas Armadas, se montan campañas de desprestigio de estas últimas, y se
persigue y procesa contra todo precepto legal -especialmente la prescripción, la cosa juzgada y la amnistÃa- a todo uniformado que hace treinta años, en
cumplimiento de su deber militar, debió luchar arriesgando la vida, en contra de la subversión socialista, mientras a esos terroristas se les aplicó rigurosamente la ley
de amnistÃa y se les benefició con el indulto presidencial cuando resultó preciso, para eximirlos de responsabilidad por los asesinatos, secuestros, torturas, atentados dinamiteros, y toda suerte de atropellos a los miembros de las
instituciones armadas que debieron combatirlos en la preservación de la integridad de la patria, del estado de derecho y del orden público.
Mis preguntas, estimado lector, son probablemente las mismas que las suyas:
¿Hasta cuándo? ¿Es que ya la raza no nos entregará más un lÃder y una elite de patriotas que nos puedan dirigir en una nueva jornada de recuperación de una
nación próspera y decente, y de un porvenir para nuestros nietos? No tengo las respuestas, pero desde esta columna puedo asegurar a mis lectores, que a pesar
de mis 77 años de edad, seguiré luchando con la única arma que manejo, que es mi pluma, y que en mÃ, ¡jamás los socialistas encontrarán grasa para su yatagán! ¡Tampoco me contarán entre los suyos los comemierda de los poderosos!
Raúl Hermosilla Hanne
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5 de marzo del 2005
Piojento, piojento…
Es muy antiguo el cuento de la mujer que cada vez que peleaba con su marido le decÃa piojento, porque en una ocasión, hacÃa ya de ello muchos años, le habÃa
encontrado piojos en la cabeza, lo que enardecÃa al marido, porque además de recordarle un hecho vergonzoso, evidenciaba una actitud rencorosa de ella, y negativa hacia los mejores propósitos de buena convivencia del marido, quien, por
lo demás, tenÃa positivas cualidades como jefe de hogar.
A tal punto llegó la exacerbación del ánimo del varón en una riña conyugal más, que le pegó un par de coscachos a su mujer y le advirtió que la próxima vez que lo
llamara piojento la iba a matar.
Esa ocasión llegó, cuando iban discutiendo sobre algo mientras cruzaban un puente, y el hombre perdió el control de sà mismo y la tiró al caudaloso rÃo.
Mientras ella se hundÃa y la corriente la arrastraba no pedÃa auxilio, sino que le gritaba piojento, piojento, hasta que desapareció bajo el agua. Lo último que vio el
marido fue aparecer de repente sobre la superficie los brazos de ella, que juntando los puños y con las uñas de ambos dedos gordos le hacÃa el caracterÃstico gesto de aplastar piojos.
Leyendo la prensa de esta semana, que nos informa sobre las nuevas obstaculizaciones de los profesionales de los derechos humanos a los proyectos de avanzar y poder terminar pronto los procesos por algunas efectivas -y las más de
ellas interesadas y falsas- violaciones de esos derechos, que se arrastran algunos por más de 25 años, se me ha venido a la memoria el cuento del piojento.
Pero tengo claro que la mayorÃa generalmente silenciosa de nuestros compatriotas, deplorando tanto el proceder socialista de hace más de 30 años, pretendiendo alcanzar el poder total por la vÃa armada, como los excesos incurridos en la
necesaria represión del terrorismo, comprende que tanto para los paÃses como para los matrimonios, con el paso de los años hay que superar piojos y desaparecidos
-y por supuesto bastardos apetitos de dinero fácil- para poder mirar hacia delante y construir para nuestros nietos un mejor futuro libre de viejas querellas.
Esa madurez desearÃamos ver en nuestros lÃderes, especialmente gobernantes, parlamentarios y jueces, para el bien de la patria que todos amamos y que dejando
atrás tal vez enormes errores de todos lados, la queremos noble y generosa, justa y solidaria, segura y próspera para todos.
Raúl Hermosilla Hanne
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