La falsificación de la historia
Por Alfonso Márquez de la Plata Yrarrázaval
El 11 de marzo de 1990 asume como Presidente de la República don Patricio Aylwin Azocar. Es el primer Presidente de la Concertación, curiosa amalgama compuesta por socialistas y demócrata cristianos.
Entrega el mando de la Nación
el Presidente Augusto Pinochet Ugarte, Comandante en Jefe del Ejercito, institución que junto a las otras ramas de las Fuerzas Armadas y de Orden se vieron obligadas a asumir la conducción del país el 11 de septiembre de 1973 debido a la
desastrosa conducción política y económica del Presidente Salvador Allende la que nos conducía inevitablemente a un Estado Totalitario.
Durante casi 17 años el gobierno encabezado por el Presidente Pinochet tuvo que reconstruir el
país, modernizarlo, siendo pionero en América Latina en esta materia, y dictar una nueva Constitución y sus leyes correspondientes y defender a los chilenos de la permanente acción criminal realizada por la extrema izquierda chilena a
través de guerrilleros preparados y financiados por Alemania comunista y Cuba.
El éxito del gobierno Militar se tradujo en transformar a Chile en un país más cercano al primer mundo que al tercer mundo. Los tres
gobiernos de la Concertación se vieron obligados a seguir las mismas políticas a pesar de sus declaraciones originales que iban a cambiar todo.
Desde que asumió Aylwin una de sus metas mas preciadas, y que con singular
constancia mantuvo durante todo su periodo, fue la campaña sutil y engañosa tendiente a tergiversar la verdad histórica.
El informe Rettig es su primer paso. Ahí se analiza lo ocurrido después del 11 de Septiembre de 1973 ocultando
en forma deliberada lo que ocurrió anteriormente lo que transforma a la intervención militar en algo sin sentido mas próximo al cuartelazo. Al ignorar deliberadamente la acción terrorista permanente durante el gobierno militar la acción de
éste enfocada a proteger a la inmensa mayoría de los chilenos de la acción criminal de la extrema izquierda se transforma, por esta maniobra artera, en una persecución sin sentido de "opositores o perseguidos políticos".
Luego
interviene en otro poder del Estado, el Poder Judicial, y da pautas de cómo debe interpretarse la amnistía de 1978.
Esta ley que benefició mayoritariamente a los criminales terroristas después de la intervención de Aylwin se utiliza
para perseguir a las Fuerzas Armadas y se llega hasta el extremo de considerar "desaparecidos" a los muertos con certificados de defunción permitiendo con ese resquicio mantener a cientos de uniformados presos arbitrariamente.
En el
gobierno de Frei Ruiz Tagle el hecho mas grave es el compromiso que adquiere ese gobierno con el gobierno Laborista inglés en que el Estado chileno debe juzgar al ex Presidente Pinochet en Chile luego de ser liberado por Inglaterra en vez
de defender como corresponde la abierta ilegalidad cometida por ese gobierno junto con el español.
A su llegada a Chile se desata una cascada de juicios contra el ex gobernante en los cuales la extrema izquierda da la pauta a
algunos solícitos jueces para acusar y condenar al Presidente Pinochet de todos los crímenes e ilícitos que puedan imaginarse con un grave deterioro de la imagen del ex Presidente especialmente ante la juventud que solo ve todos los días
como se denigra a don Augusto Pinochet.
Paralelamente desde la Presidencia de Aylwin hasta la de Lagos se mantiene una campaña, también sostenida y permanente, para modificar la Constitución ya que según los demócrata cristianos y
socialistas esta mantenía enclaves autoritarios incompatibles con una verdadera democracia.
Solo por citar dos ejemplos.
Se objeta a los senadores institucionales como una creación extraña y cavernaria del gobierno militar.
Este argumento no tiene ninguna validez, hay países que no pueden tildarse de antidemocráticos en los que sus senados están compuestos en un cien por ciento de senadores designados. Es el caso de Canada, Francia, Inglaterra y Alemania.
Lo que ha ocurrido en Chile es que la Concertación prostituyó el sistema al nombrar personeros que, con la sola excepción del senador Boenniger, se transformaron en simples parlamentarios políticos. El caso mas risible fue el de los
senadores Parra y Silva Cimma que constituyeron el Comité Radical. Vale recordar que los radicales no tienen senadores elegidos.
El Consejo de Seguridad era una feliz iniciativa que si hubiera estado vigente en el gobierno de
Allende hubiera servido para darle una salida a ése.
Todas estas modificaciones, junto con otras menores, quedaron incluidas en esta última modificación de la Carta de 1980.
Pero aquí nos encontramos con el máximo intento de
tergiversar la Historia. El gobierno, desde el Presidente de la República para abajo intenta convencer a la ciudadanía que esta es la nueva Constitución del 2005.
El senador socialista Ricardo Núñez expresó luego de la ceremonia
que de la Constitución de Pinochet no queda nada.
Los principales matutinos del país no se tragaron esta píldora. El Mercurio tituló "Lagos inscribió su firma en la Constitución" y La Tercera "Lagos promulga cambios en la
Constitución ".
Esta tergiversación va a continuar mientras sea gobierno la Concertación.
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