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El criterio de los jueces
Señor Director:
Desde que la Reforma Procesal Penal se instaló en el Área Metropolitana, más de 1.200 acusados de delitos gravísimos han sido dejados en libertad provisional por los jueces de garantía que considera el nuevo
sistema.
Peor aún: muchos de ellos estaban confesos, de manera que ni siquiera cabe el dudoso escrúpulo de que pudiera tratarse de inocentes (como si fuera razonable dudar de la culpabilidad de un primate que comparece por quinta o
sexta vez acusado de agujerear el pellejo ajeno con un sable).
Sin embargo, la ley dice que esa decisión queda entregada al criterio del juez.
Mucho se podría decir del criterio del legislador que llegó a elucubrar semejante
entelequia -el criterio del juez- pero ya se sabe cuáles son las probabilidades de éxito de cualquiera que pretenda modificar una ley.
Por lo tanto, si damos por bueno que el criterio del legislador es causa perdida, no queda más
remedio que concentrarnos en el criterio del juez.
Y, aunque a los realistas les cueste trabajo creerlo, sí hay manera de lograrlo.
El juez de garantía tiene la extraordinaria potestad de decidir si un ciudadano va a la
cárcel o queda en libertad mientras dura su juicio. Ése es un poder extremadamente inusual: el común de las personas no tenemos derecho a tomar decisiones tan de fondo como esa.
El problema empieza cuando un poder tan enorme no es
compensado con una responsabilidad igual de seria.
Según la ley, no todos tenemos derecho a manejar vehículos motorizados: es un privilegio que es preciso ganarse demostrando idoneidad para hacerlo. El estado formaliza ese derecho
en la forma de una licencia ad hoc que, ciertamente, conlleva una serie de responsabilidades para equilibrar el privilegio que implica.
Imagínense una legislación donde existan normas de tránsito, pero no multas, donde a nadie le
puedan quitar la licencia, y donde los carabineros no tengan derecho a detener a los infractores. O -más exactamente- donde los carabineros de frentón no existan.
¿Se la imaginan? En realidad no hace falta imaginársela: basta
con mirar el sistema judicial.
Cuando ese semidiós omnipotente y omnisciente que se llama juez de garantía decide que un fulano que ha estado preso por robo media docena de veces no es peligro para la sociedad y lo deja en libertad,
tenemos todo el derecho del mundo a demandar a ese juez si el fulano en cuestión se mete a mi casa y roba.
Cuando una persona a la que el juez de garantía le concedió la libertad condicional mata, ese juez es cómplice en un
homicidio.
Desde lueguísimo, ese juez es incompetente y no está calificado para seguir ejerciendo su cargo -lo mismo que un conductor sorprendido borracho no puede volver a manejar nunca más (al menos en el papel).
Pero
el asunto va mucho más allá: no se trata sólo de una responsabilidad administrativa, sino también civil. Cuando muere una persona que viviría si el juez hubiera hecho su trabajo eficientemente, es indudable que no estamos frente a un
problema de reglamentos, ni que las consecuencias deban limitarse a ascensos, rentas o prebendas.
Porque, ¿cómo podemos esperar realmente que los jueces de garantía tomen con seriedad la potestad extraordinaria con que han sido
investidos, si la misma no se compensa con responsabilidad alguna?
A cualquiera le gustaría tener una pega como ésa: yo decido lo que se me antoje, y si me equivoco no importa.
Querella contra los incompetentes. Vergüenza
sobre los indolentes. Cárcel para los irresponsables cuya desidia y negligencia cuesta vidas.
Hagamos a los jueces responsables de sus decisiones, y van a ver lo rápido que mejora su criterio.
Julio Flores Blake
Asalto al revés
Señor Director:
En respuesta a Joaquín Lavín, a su crítica por la delincuencia imperante en Chile con respecto a que el gobierno solo reaccionará cuando asalten a La Moneda, el ministro Vidal dijo que La Moneda ya había sido
asaltada el 11 de Septiembre de 1973. La única diferencia, que es necesario aclarar, es que en esa oportunidad los delincuentes estaban adentro.
Fernando Le Dantec G.
Un reclamo por la editorial
Aunque comparto muchos de sus postulados contra el gobierno y su actual candidata. Eso no quita mi profunda voluntad democrática, pues es mucho más duradera "un
triunfo de las ideas, que un triunfo de las armas". Por eso considero lamentable esta opinión:
"En esa época, la derecha contaba con un recurso extremo del cual echar mano, como era la posibilidad de que las Fuerzas
Armadas pudieran contener las pretensiones totalitarias de la izquierda, como lo hicieron luego con Allende, pero hoy, cuando durante treinta años la maquinaria gramnsciana se dedicó a demoler a las instituciones de la defensa, llamadas a
proteger la identidad nacional, ni siquiera se puede soñar con su ayuda".
Me parece vergonzoso y triste escuchar actualmente este tipo de argumentos. Ha costado muchos años mejorar la imagen de las Fuerzas Armadas y más aún El
Ejército, dónde por sus filas se protegió a asesinos y criminales, quienes prefirieron ocupar sus armas contra su propio pueblo, en vez de defenderlo. O acaso señores, en las poblaciones en las década de los 70' y 80', cuando los militares
buscaban extremistas, ¿ellos reparaban entre humildes y honestos trabajadores, de terroristas? pues debo decir que no. Era común ver a pobres chilenos, en ropa interior y altas horas de la noche. nada menos que EN LA CALLE, cuando llegaba
una patrulla del Ejército a registrar su casa. Al final el hombre no tenia ni arte y parte en el asunto, pero cuando se retiraba la patrulla de su hogar, él junto a su familia e hijos (quienes ante la sospecha fueron tratados como
delincuentes) ¿No sentía vulnerada su dignidad, sólo por ser POBRE? Creo que si uno entra a este tipo de páginas. es "para leer argumentos", y no otra cosa. Sin duda, las FF.AA. no pueden ser parte de los argumentos al hablar de
política, ni hoy ni nunca. El Sr. Pinochet y sus innumerables cuentas en el extranjero, explican bien mi punto.
Saludos
Marcos Williams Celedon
Constitución de 1980
Soy estudiante universitaria que siento profunda admiración por la obra del Gobierno Militar y en medio de tanta mala memoria e ingratitud, no me pierdo de leer la columna de Hermógenes Pérez de Arce en el
diario el Mercurio. Cuando por alguna razón se me pasa, lo encuentro en este sitio web de Despierta Chile del que soy una asidua visitante y los felicito por la objetividad y veracidad de su información.
Me parece grosero por parte del Presidente Lagos el intentar apropiarse de la paternidad de la Constitución de 1980 y aunque hayan hecho modificaciones en su articulado, lo esencial de su contenido que fue
aprobado por voluntad popular, tiene plena vigencia. Aunque la inamovilidad de los Comandantes en Jefes haya sido derogada, ellos siguen en la práctica siendo garantes de que la Historia en Chile no se repita.
Podrán hacer las reformas que se les venga a la mente, pero debe quedarles meridianamente claro que las Fuerzas Armadas serán siempre la reserva moral de la Patria y el mayor poder en la nación.
M. Carolina Martínez E.
Cierre de la transición
Con su habitual prepotencia y soberbia, el Presidente Lagos ha anunciado el cierre de la transición después de firmar con sus Ministros sobre la firma del General Pinochet la Constitución de 1980. Este
término de etapa que él afirma ha concluido, lo hace en un muy buen momentos de su popularidad personal, de acuerdo a lo que predicen las encuestas y, en un buen momento económico del país; pero no puede haber término de la transición sin
reconciliación y mientras el Presidente se someta a pequeños grupúsculos del Partido Comunistas que hacen utilización del dolor para intentar conseguir prebendas económicas, que no los vimos gritando cuando se indultó a casi trescientos
terroristas y si lo hacen cuando en contrapeso aparece UN Suboficial beneficiado y que ya había cumplido las tres cuartas partes de su condena.
Con esa equidad se nos dificultará la excelente posibilidad de reencontrarnos todos los chilenos.
Carlos Varas R.
Tolerancia Cero
Los días domingo en la noche en el Canal Chilevisión se tiene la buena alternativa de conocer una excelente síntesis de lo más importante ocurrido en la semana y comentado por personas de destacado intelecto
y preparación profesional, como son Fernando Villegas, Fernando Paulsen, Sergio Melnick.
Dejo ex profeso afuera, el Sr. Alejandro Guillier, quien está muy por debajo de los anteriores, mantiene una actitud llena de odiosidades y resentimientos que lo hacen ser una persona muy desagradable y que
de no corregir su postura, creo que debería correr la misma suerte del conductor anterior, Aldo Schiapacasse y relegarse como él a ser un discreto comentarista deportivo.
Juan P. Gutiérrez L.
Ventana a la Historia
Permanentemente ingreso a este web y me regocijo leyendo a don Raúl Hermosilla, ya sea en su columna mensual, en su comentario semanal o en su excelente "Ventana a la Historia", que nos refresca con hechos
poco conocidos de nuestra vida ciudadana. Aprecio sobremanera la tremenda consistencia de argumentos que contienen sus artículos, siempre pertinentes y vigentes. Felicitaciones Sr. Hermosilla.
Pablo Morales R.
El voto de los delincuentes
El candidato presidencial Joaquín Lavín, ha afirmado que los delincuentes prefieren votar por Bachelet en vez de votar por él, ya que con la "gordi" se mantendría la mano blanda que ha aplicado el Presidente
de la Concertación, Ricardo Lagos, con los bandidos.
¡Ahora entiendo los resultados de las encuestas, porque en el Chile de hoy, los delincuentes son mayoría!
Cristina Fuenzalida L.
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