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JUAN JOSÉ LATORRE ARTUS
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Una realidad histórica

Por Juan José Latorre Artus


Mucha gente cree comprender qué es y qué ha sido el comunismo en nuestra historia y sus implicancias.

¿Qué se debe entender por comunismo? Primero que todo se debe aclarar que hay una distinción entre la doctrina y la práctica. Es una doctrina que aspira a la colectivización de los medios de producción, a la repartición según las necesidades, de los bienes de consumo, y a la supresión de las clases sociales.

El comunismo trata constantemente de mostrar esa cara "bonita" con el sueño de la "igualdad real" y de la "felicidad para todos". Y es este rostro luminoso el que ocultaba casi totalmente la faz de las tinieblas. Así es como desde 1914 esta doctrina puso en funcionamiento una represión sistemática, hasta llegar a erguir el terror y el crimen en masa como forma y sistema de gobierno, y de esta forma asentarse en el poder.

Como ha escrito Raymond Queneau: "la historia es la ciencia de la desgracia de los hombres". Desde hace siglos hemos visto que pueblos enteros han sido víctimas de violencia y masacres en masa, pero ninguno supera el nuestro (1900-2000), con dos guerras mundiales, el nazismo, el uso de la bomba atómica, Vietnam, las tragedias de Armenia, Ruanda, Biafra, entre muchos.

El comunismo se incluye en esta parte del tiempo histórico desbordante de tragedias. Y pasa a ser uno de los mas intensos y significativos, por su récord en el numero de muertos y la falta de conocimiento y enjuiciamiento de éstos.

Esto se trata de una realidad histórica, en países concretos, y encarnados por dirigentes tan célebres como Lenin, Stalin, Mao, Ho Chi Minh, Pol Pot, Kim IL Sung, Castro, etc.

Sin embargo, los crímenes del comunismo nunca han sido sometidos a una evaluación legítima y normal tanto del punto de vista histórico como del punto de vista moral. Siendo esta dimensión criminal la propia del conjunto del sistema comunista durante todo su período de existencia.

El comunismo le debe a la humanidad una cifra que supera los 100.000.000 de muertos sin discriminar entre hombres, mujeres y niños; de todas las formas más horribles e inimaginables; le ejecución por diversos medios como el fusilamiento, la horca, ahogamiento, apaleamiento, por gas militar, veneno, la destrucción por hambre, trabajos forzosos provocando agotamiento, enfermedad, hambre y frío llegando así al deceso.

Resulta, sin decirlo menos, escalofriante pensar en Camboya donde, Pol Pot, en tres años y medio, llegó a matar de la manera más atroz -hambre generalizada, tortura- aproximadamente a la cuarta parte de la población total del país; la experiencia maoísta sobrecoge por al magnitud de las masas afectadas y la Rusia leninista y stalinista hiela la sangre por su aspecto experimental pero perfectamente reflexionado, lógico y político.

Una de las cosas que subraya una particularidad de la mayoría de lo regímenes comunistas es la utilización sistemática del "arma del hambre". Controlan la totalidad de las reservas de los alimentos disponibles, la cual racionalizan en función del "mérito", y con esto llegaron a provocar gigantescas hambrunas.

Haciendo mención a los crímenes en masa , llama fuertemente la atención la bien merecida condena que se ha hecho de los crímenes hitlerianos que provocaron la muerte de alrededor de 25 millones de personas. Todo el mundo sabe y condena sistemáticamente las calamidades cometidas por el régimen nazi.

Por otro lado, sin el afán de hacer una macabra aritmética comparativa, con los hechos que ponen de manifiesto los crímenes que se cometieron bajo los regímenes comunistas, con un saldo de sobre 100 millones de personas, se debe hacer una reflexión comparativa acerca de la similitud del régimen nazi, que fue considerado a partir de 1945 como el más criminal del siglo, y un sistema comunista que conservó hasta 1991 toda su legitimidad internacional y que hasta el día de hoy se mantiene como forma de gobierno con muchos adeptos en muchos países del mundo.

Debe hacerse a mi juicio una recomposición a la memoria común de la humanidad y honrar la memoria de aquellas personas inocentes y anónimas que fueron y han sido víctimas de un sistema horrendo y cruel. Además, reflexionar respecto de aquellos países en los cuales todavía el comunismo se encuentra en el poder, China, Corea del Norte, Cuba, Laos, Vietnam.

Pero ¿por qué ese débil eco en la opinión pública de los testimonios relativos a los crímenes comunistas? ¿por qué ese silencio incómodo de los políticos?, y sobre todo ¿por qué ese silencio académico sobre la catástrofe comunista que ha afectado desde hace 90 años a cerca de la tercera parte del género humano en cuatro continentes? ¿por qué no colocar en el centro del análisis del comunismo lo esencial de su sistema de gobierno, los crímenes en masa y el exterminio de segmentos masivos de la sociedad?

Así y  todo, la ocultación de la dimensión criminal del comunismo se relaciona firmemente con la idea misma de la revolución. Hasta el día de hoy las ideas revolucionarias que se contemplaban en los siglos XIX y XX están lejos de haber concluido. Sus símbolos, -bandera roja, puño en alto- resurgen en cada movimiento social.

Frente a toda la propaganda comunista, el occidente siempre dio muestras de una ceguera excepcional. Ésta se enmarcaba posiblemente dentro del miedo al poderío soviético, y además, que los hombres de izquierda en occidente creían convencidos, de que en esos países estaban "construyendo el socialismo", que en esos países la utopía se hacia realidad. Esa era la cara más favorable que presentaba el comunismo en ese entonces: apelaba a la ilusión.

A esa ignorancia de la dimensión criminal del comunismo se añadió, como siempre, la indiferencia de nuestro contemporáneos por sus hermanos humanos. Debe hacerse memoria e historia, y aunque muchos permanezcan anclados en la izquierda, tienen que reflexionar sobre las razones de su ceguera, y , en nombre de los valores democráticos, y no por un ideal nacional fascista, deben condenarse y analizarse los crímenes del comunismo, Debido a que éste a dejado legado de crímenes y desgracia, y sumida a toda la humanidad, en una inmensa y sombría tragedia.

 

 

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