A帽o 5  N潞 50

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LIBROS DESTACADOS

Mario Spataro

Pinochet
Las "inc贸modas" verdades

 

CAP脥TULO IX

 

Al final, como siempre sucede, el secreto se ha
develado y el sabroso asunto puede ser contado.

Wystan Hugh Auden[1]

 

La CIA estadounidense

La participaci贸n de la CIA y del Departamento de Estado estadounidense en los hechos chilenos que precedieron y siguieron al golpe de 1973 es un tema del que se ha hablado varias veces en los cap铆tulos precedentes. Y de hecho es una cosa innegable, pero tambi茅n l贸gica, que los dirigentes estadounidenses siguieran activamente los hechos chilenos de aquellos a帽os: Chile fue siempre un socio importante en los negocios con Estados Unidos, ya que 茅ste realiz贸 notables inversiones en su territorio, las cuales, como ya se ha referido, estaban siendo alegre y arbitrariamente expropiadas por Allende.[2]

A esto hay que agregar la comprensible preocupaci贸n de la Casa Blanca ante la perspectiva de una subversi贸n castrista, activa en toda Am茅rica Latina, que pudiera tomar un nuevo impulso si se hubiera afirmado y luego consolidado el marxismo-leninismo en Chile.

En verdad, la interferencia de Estados Unidos en los asuntos chilenos hab铆a comenzado varios a帽os antes de la ascensi贸n de Allende al poder: m谩s precisamente cuando se iniciaron las maniobras cubanas y sovi茅ticas de desestabilizaci贸n, las que suscitaron, el 13 de marzo de 1961, la c茅lebre declaraci贸n de la administraci贸n Kennedy, tras el nacimiento de la Alianza para el Progreso: "Preferir铆amos en Chile", hab铆a declarado la Casa Blanca, "una administraci贸n constituida por una derecha conservadora y por los democratacristianos".[3]

Una declaraci贸n digna de fe, sobre este punto, lleg贸 de un ex agente de los servicios secretos de Alemania comunista, Markus Wolf, que despu茅s de haber hablado de las actividades de la CIA en los pa铆ses latinoamericanos, en un libro autobiogr谩fico escribi贸 lo siguiente: "a mi juicio, la CIA sufr铆a una particular desventaja, porque deb铆a actuar en una suerte de pantomima democr谩tica para satisfacer los requerimientos de la Constituci贸n norteamericana, al margen de que los mismos tuviesen o no que ver con la labor de inteligencia".[4]

De hecho, en 1974, la CIA fue puesta en apuros por el Congreso por factores electorales y pol铆ticos, motivo por el cual tuvo que hacer p煤blico el contenido de diversos fasc铆culos reservados. As铆 sali贸 a la luz que, entre 1962 y 1969, Chile hab铆a recibido de Estados Unidos m谩s de mil millones de d贸lares para finalidades pol铆ticas, la mayor suma per c谩pita del continente sudamericano. A nivel mundial, solamente el Estado de Israel hab铆a recibido ayudas superiores a las de Chile.

No hay que olvidarse, asimismo, que ayudas no menos generosas de las que Estados Unidos daba a la derecha y al centro en Chile le llegaban tambi茅n a la izquierda chilena (como est谩 descrito en el cap铆tulo VIII), por iniciativa de la Uni贸n Sovi茅tica o de las naciones y organizaciones cercanas a 茅sta.

En el clima de la guerra fr铆a de aquellos a帽os, que divid铆a al mundo amenazado por el riesgo de una tercera guerra mundial, la contraposici贸n entre Allende y los intereses norteamericanos, fueran estos pol铆ticos o econ贸micos, era inevitable. En vano el embajador de Estados Unidos, Edward Korry, hac铆a todo lo posible para calmar las aguas apoy谩ndose en la promesa de Allende (hecha en privado), de que las expropiaciones se solucionar铆an en forma amistosa. Allende, obviamente, sab铆a bien que nunca lograr铆a frenar la ofensiva de Fidel Castro y del extremista filosovi茅tico Altamirano, que, apoyados por el MIR y por el ala extremista del Partido Socialista, hab铆an lanzado en Chile una ofensiva contra los intereses estadounidenses.[5]

El embajador Korry, que sab铆a lo que en Washington se tramaba contra Allende, lleg贸 incluso a proponer una f贸rmula de nacionalizaci贸n seg煤n la cual el Gobierno chileno pagar铆a las expropiaciones de las empresas estadounidenses con t铆tulos a 20 y 25 a帽os, garantizando el gobierno de Estados Unidos a las empresas expropiadas el pago de dichos t铆tulos. Como Korry le dijo a Allende, Estados Unidos estaba ofreciendo al Gobierno chileno, a expensas de ellos, la posibilidad de materializar la tan deseada revoluci贸n marxista. Pero incluso dicha propuesta fue rechazada, quiz谩s porque Allende y los suyos no se daban cuenta de las consecuencias que la falta de confianza de los inversionistas extranjeros pod铆a producir en la econom铆a del pa铆s. Richard Nixon admiti贸, en sus memorias, haber financiado en 1970 a los adversarios de Allende. Agreg贸, adem谩s, que interrumpi贸 los financiamientos apenas Allende obtuvo el poder. 驴Hay que creerle?

Una respuesta parcial se tuvo cuando, en 1975, el Congreso de Estados Unidos, despu茅s de una propuesta promovida por el senador Frank Church, tuvo que revelar ciertas iniciativas de la CIA, antes y despu茅s de que Allende subiera a la presidencia. Las movidas de la CIA se inspiraban en una recomendaci贸n hecha en 1969 por Nelson Rockfeller y apoyada por el embajador Edward Korry, seg煤n la cual el 煤nico ant铆doto contra una expansi贸n de la amenaza castrista a otros pa铆ses latinoamericanos era recurrir a las dictaduras militares. El 27 de junio de 1970, Henry Kissinger, durante una reuni贸n en la Casa Blanca, partiendo de la base de que Allende era m谩s peligroso que el mismo Castro, expres贸: "No veo por qu茅 debemos estar pasivos y ser observadores de c贸mo un pa铆s se hace comunista debido a la irresponsabilidad de su propio pueblo".[6]

"Allende", dijo Kissinger en dicha ocasi贸n, "tiene un Gobierno de partido 煤nico. Se mueve muy r谩pidamente hacia eso. Comienza a ejercer control sobre la prensa, est谩 aislando a los militares. Est谩 tratando a los militares como lo hizo Hitler [鈥 los infiltra y neutraliza [鈥 Y si toma el control sobre la polic铆a, nunca m谩s habr谩 elecciones libres en Chile".[7]

Una confirmaci贸n de esto lleg贸, en noviembre de 1988, del periodista ingl茅s Gregory Palast, que, en octubre de 1970, logr贸 obtener un mensaje de la CIA de Washington destinado a la CIA de Santiago: "Es nuestra firme e inalterable voluntad", se lee en el documento, "que Allende sea derrocado con un golpe de Estado". Y despu茅s daba una serie de instrucciones para conseguir su cometido.[8]

Pero Palast fue m谩s all谩. Logr贸 entrevistar al ex embajador Edward Korry, del cual tuvo la confirmaci贸n sobre las intrigas realizadas por algunas multinacionales estadounidenses, que bajo la direcci贸n de Henry Kissinger, intentaban obstaculizar a Allende. La primera entre todas fue la Pepsi Cola, cuyo presidente, Donald Kendall, ten铆a una relaci贸n de amistad con Richard Nixon. Palast supo que las maniobras contra la izquierda chilena hab铆an comenzado en Washington mucho antes que Allende subiera al poder: entre 1963 y 1964, cuando John Kennedy y su hermano Bob hab铆an logrado financiar, a trav茅s de algunas empresas estadounidenses, la campa帽a de Eduardo Frei Montalva.

Esto hab铆a sido realizado a trav茅s de la CIA, que bajo la fachada de la Agency for International Development hab铆a financiado secretamente la mitad del costo total de la campa帽a electoral de Frei. Muchos pagos, para cubrir el origen del dinero, hab铆an sido realizados a nombre de ciudadanos privados o de empresas multinacionales.

Con estas palabras la periodista chilena M贸nica Gonz谩lez comenta una entrevista concedida por el ex embajador de Estados Unidos en Chile Edward Korry, donde sostiene: "El apoyo norteamericano a la campa帽a de Frei Montalva en 1964 fue mucho m谩s masivo que el que se registr贸 en las elecciones de 1970. La CIA era una parte peque帽a del total y entreg贸 s贸lo 3 millones de d贸lares. Pero si se suman las corporaciones privadas, organizaciones cat贸licas, la AFL-CIO, se llega a cerca de 20 millones de d贸lares".[9]

Como se aprecia en la biograf铆a del entonces director de la CIA, Richard Helms, escrita por Thomas Powers, fue significativa la reacci贸n de Nixon cuando supo que Allende hab铆a obtenido el poder: golpeando con un pu帽o en la palma de la otra mano, exclam贸 que era un hijo de puta. Pero despu茅s al notar el rostro preocupado del embajador Korry, precis贸 que el hijo de puta no era 茅l sino Allende. En otra ocasi贸n le orden贸 a Richard Helms: "No hay que dejar ninguna piedra sin mover para obstruir la elecci贸n de Allende".[10]

Adem谩s de la Pepsi Cola, otras empresas relacionadas con la derrota de Allende eran la ITT y la Anaconda Copper; ambas estaban alarmadas por las intenciones que ten铆a Allende de realizar nacionalizaciones y, por lo tanto, eran generosas para financiar a los partidos de centro y de derecha.[11]

Seg煤n los documentos estadounidenses citados por M贸nica Gonz谩lez, el 16 de julio de 1970 el presidente de la ITT, Harold Geneen, habr铆a ofrecido a William C. Broe, dirigente de la CIA, una suma superior a los 10 millones de d贸lares para impedir la elecci贸n de Allende a la presidencia. Con Allende ya Presidente, el principal diario chileno, El Mercurio, el 9 de septiembre de 1971, recibi贸 700 mil d贸lares y el 11 de abril de 1972 otros 965 mil d贸lares.

Esta y otras ofertas (como la de un mill贸n de d贸lares para comprar en Chile diarios y peri贸dicos), tuvieron el apoyo de la CIA, de la Casa Blanca y de Henry Kissinger.[12]

Sin lugar a dudas, Estados Unidos le dio una ayuda consistente a la centroderecha de Chile, antes y despu茅s que Allende conquistara la presidencia. Pero es necesario subrayar una vez m谩s que la ca铆da de Allende en 1973, m谩s que de las maniobras y de las intrigas de Estados Unidos, dependi贸 del descontento que Allende suscit贸 en gran parte del pueblo chileno.

 

***

 

Un estudio realizado en California en 1975 por el periodista Daniel Brandt, con el t铆tulo "Los cristianos de Izquierda en Chile y el golpe de 1973" y difundido por el mismo Brandt v铆a Internet el 28 de noviembre de 1998, intentaba (no sin exageraciones) rehabilitar la pol铆tica de Allende y atribuir solamente a la CIA y a los centros financieros y econ贸micos estadounidenses el fracaso del experimento marxista chileno. Un estudio, por lo tanto, del cual se entreven fuertes simpat铆as allendistas por parte del autor, al que, sin embargo, se le escapaba un hecho f谩cilmente constatable: que una maciza pol铆tica de expropiaciones y de gesti贸n partitocr谩tica de la econom铆a, como la realizada por Allende, no pod铆a llevar sino a la ca铆da de la producci贸n y por lo tanto al derrumbe de la econom铆a nacional y de la paz social.

Veamos lo que se lee en el texto difundido por Daniel Brandt.

Los intereses norteamericanos en Chile no eran poca cosa. Al final de 1968, seg煤n los datos del ministerio estadounidense de Comercio, las propiedades de las multinacionales norteamericanas en Chile sumaban 964 millones de d贸lares de aquella 茅poca. Durante aquellos a帽os las utilidades obtenidas por esas empresas eran el 17,4% del capital invertido, con un tope del 26% para las compa帽铆as mineras.

Las empresas del cobre, en particular la Anaconda y la Kennecott, representaban el 28% de las inversiones estadounidenses, pero la ITT ten铆a la tajada m谩s importante gracias a inversiones de unos 200 millones de d贸lares. En un discurso en San Francisco, Laura Allende hab铆a afirmado que en los 42 煤ltimos a帽os las empresas americanas del cobre hab铆an ganado en Chile 420 millones de d贸lares con una inversi贸n inicial de 35 millones de d贸lares.[13]

Amenazados por las expropiaciones, Estados Unidos dio apoyos econ贸micos que seg煤n Daniel Brandt no fueron la 煤nica forma de ayuda que recibieron desde Estados Unidos los militares y la centroderecha chilenos. Hubo, de hecho, desde 1964, formas m谩s directas de financiamientos.[14]

El Plan Camelot fue inaugurado en Estados Unidos con una erogaci贸n inicial de 8 millones de d贸lares y en un primer momento fue confiado al Pent谩gono, con la denominaci贸n de Avanced Research Projects Agency, para pasar posteriormente a depender de la CIA. En el 谩mbito del plan varios investigadores fueron enviados a Chile y a otros pa铆ses de Am茅rica Latina para estudiar las orientaciones pol铆ticas de la poblaci贸n. En 1964 un estudio efectuado en Chile, con la colaboraci贸n de la McCann-Erickson y de la J. Walter Thompson, responsables de apoyar la campa帽a electoral de Frei. A las mujeres se les dec铆a que si Allende ganaba sus hijos ser铆an enviados a Cuba y sus maridos terminar铆an en campos de concentraci贸n. Y las mujeres de hecho, afirma Brandt, votaron como la CIA quer铆a.

En 1964, la CIA invirti贸 m谩s de 2,6 millones de d贸lares en la victoriosa campa帽a electoral de Frei y gast贸 otros 175 mil d贸lares en las campa帽as electorales de 22 candidatos. En total, en 1964, en Chile, la CIA gast贸 la suma de 20 millones de d贸lares.

Otra forma de intervenci贸n directa fue la patrocinada por la AIFLD (American Institute for Free Labor Developement), que actuaba bajo el control de la CIA y que les aseguraba a sus alumnos latinoamericanos recibidos, sueldos y t铆tulos de instrucci贸n en Fort Royal, Virginia.

Entre 1962 y 1972 los chilenos que se graduaron en aquella escuela fueron 79, y otros 8.837 se beneficiaron de cursos y seminarios realizados en Chile.

Despu茅s de 1972, otros 29 chilenos se graduaron en Fort Royal.[15]

Siempre seg煤n Brandt, las intrigas de Estados Unidos en vista de las elecciones de 1970 se iniciaron en junio de aquel a帽o, cuando el as铆 llamado Forty Committee se reuni贸 para discutir sobre Chile y en aquella ocasi贸n la CIA puso a disposici贸n 1,3 millones de d贸lares.

Brandt afirma que en 1970, antes que Allende fuera elegido Presidente, la ITT concedi贸 financiamientos por 700 mil d贸lares a la campa帽a de Jorge Alessandri, adversario de Allende, y sigui贸 los consejos de la CIA para hacer llegar los fondos a su destino. El presidente de la ITT, Harold Geneen, ofreci贸 un mill贸n de d贸lares a la CIA para que le creara obst谩culos a Allende: el ofrecimiento fue realizado a trav茅s de John McCone, director de la CIA desde 1961 a 1965 y posteriormente miembro del consejo de administraci贸n de la ITT.

Durante la presidencia de Allende, aproximadamente dos tercios de los empleados de la embajada de los Estados Unidos en Chile eran miembros de la CIA. Se pueden citar, siguiendo las indicaciones de Brandt, los nombres de Frederick Purdy, John Isaminger, Raymond Alfred Warren, Deane Roesch Hinton, Harry W. Shlaudeman, Daniel N. Arzac, James E. Anderson, John B. Tipton, Arnold M. Isaacs, Frederick W. Latrash, Joseph F. McManus, Keith W. Wheelock y Donald H. Winters.

En febrero de 1971, despu茅s de la elecci贸n de Allende a la presidencia, algunos bancos comerciales como el Chase Manhattan, el Chemical First National City, el Manufactures Hanover y el Morgan Guaranty cortaron todo tipo de cr茅ditos a Chile.

De documentos existentes en la ITT y en otras fuentes, resultan intervenciones de naturaleza pol铆tica en Chile por parte de la sociedad Anaconda y Kennecott. La Ralston Purina redujo su propia producci贸n. La NIBSA, subsidiaria de la Northern Indiana Brass Company, cerr贸 su planta despidiendo a 280 empleados. La Purina, subsidiaria de la Ralston Purina, gran productora de alimentos para animales, redujo su producci贸n en forma substancial. Se trataba de empresas (Brandt no lo dice) amenazadas por la pol铆tica de expropiaciones de Allende.

El gobierno de Estados Unidos particip贸 en aquellas maniobras econ贸micas y financieras en Chile, algunas de ellas despu茅s de las presiones realizadas por la ITT, que el 16 de julio de 1970, a trav茅s de su director Harold Geneen, tuvo un encuentro privado con William V. Broe, jefe del servicio de operaciones clandestinas de la CIA para el hemisferio occidental. En septiembre de 1971, Geneen se encontr贸 con el asistente especial de Richard Nixon para asuntos internacionales, Peter Peterson. A continuaci贸n, William R. Merriam, tambi茅n de la ITT, tuvo 25 reuniones en el Departamento de Estado y durante un a帽o discuti贸 el caso chileno con Henry Kissinger y con sus colaboradores. El 1 de octubre de 1971 escribi贸 a Peter Peterson sugiri茅ndole que bloqueara todo tipo de ayuda econ贸mica a Chile.[16]

La nueva pol铆tica econ贸mica de Nixon traslad贸 las ayudas econ贸micas para Chile del Departamento de Estado al Departamento del Tesoro. Y, desde entonces, adem谩s de John Connally y su asistente John Hennessy, algunos funcionarios del Departamento del Tesoro se empe帽aron en dicha tarea: eran John R. Petty, ex vicepresidente del Chase Manhattan Bank y despu茅s socio de Lehman Brothers; Paul A. Volcker, ex ejecutivo del Chase Manhattan, y Charles E. Walter, asistente del presidente del Republic National Bank y vicepresidente de la American Bankers Association. Es superfluo a帽adir que el Departamento de Estado comparti贸 la l铆nea dura del Departamento del Tesoro respecto al Chile de Allende y consider贸 un encuentro con representantes de la ITT, de la Ford, de la Anaconda, de la Ralston Purina, del First National City Bank y del Bank of America.

En aquellos d铆as Richard Helms discuti贸 el caso de Allende con Nixon y pocas horas despu茅s el propietario del diario chileno El Mercurio, el rico empresario chileno Agust铆n Edwards, particip贸 en una reuni贸n con otros funcionarios de la administraci贸n Nixon: inmediatamente obtuvieron de la CIA un generoso contrato para realizar publicidad pagada.[17]

Al mismo tiempo el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo anularon sus proyectos y cr茅ditos para Chile. Algunos cr茅ditos de este organismo a favor de la Universidad Cat贸lica y de la Universidad Austral fueron una excepci贸n.

Brandt atribuye todo esto a la ca铆da de las reservas chilenas de dinero desde los 335 millones de d贸lares de noviembre de 1970 a los 100 millones de d贸lares a finales de 1971, y que en el mes de agosto de 1972 Chile perdiera el derecho a financiamientos por parte del Fondo Monetario Internacional. Mientras tanto, disminu铆an las importaciones, en particular las provenientes desde Estados Unidos , del 40% al 15% del total. En diciembre de 1972 Allende, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, se lament贸 de la imposibilidad para Chile de comprar art铆culos de primera necesidad, medicinas y repuestos. Un tercio de los microbuses y taxis estaban parados por carencia de repuestos.[18]

El boicot econ贸mico estadounidense, prosigue Brandt, no golpe贸 igualmente a las Fuerzas Armadas chilenas. Al contrario, las ayudas militares a Chile, que en el pasado ya hab铆an sido ingentes, se duplicaron entre los a帽os 1970 y 1974. Adem谩s de las ventas de armas, los militares chilenos pod铆an as铆 tener cursos de actualizaci贸n y de adiestramiento en Estados Unidos y en la zona del Canal de Panam谩. Los generales Leigh, Merino y Mendoza estuvieron alg煤n tiempo en Estados Unidos y el personal militar estadounidense residente en Chile lleg贸 a 48 personas.[19]

El ya citado AIFLD colaboraba con el sindicato de la Federaci贸n Mar铆tima Chilena, estrechamente relacionado con los cuadros de la Armada, que desempe帽贸 un papel importante en el golpe de Estado de 1973, el que de hecho se inici贸 en el puerto de Valpara铆so. El mismo AIFLD dio asistencia a varios sindicatos y gremios que programaron las diversas huelgas que facilitaron el golpe de Estado.

La CIA financi贸 las huelgas de los camioneros chilenos en 1972 y 1973 (probablemente a trav茅s de la International Transports Workers Federation) y podr铆a haber financiado al movimiento de derecha Patria y Libertad. En 1973 (es siempre Brandt quien lo dice) financi贸 las huelgas de los comerciantes y de los taxistas.[20]

Existen, agrega Brandt, otras pistas sobre la complicidad estadounidense. El 20 de mayo de 1973, un miembro de la embajada de Estados Unidos habr铆a encontrado a bordo de un buque, en el puerto de Arica, al comandante de la flota y a numerosos altos oficiales del Ej茅rcito y en los meses de junio y julio de 1973 a bordo de cada nave de guerra chilena habr铆a estado presente un oficial de los servicios secretos de Estados Unidos. En los 煤ltimos d铆as inmediatamente anteriores al golpe de Estado, tres representantes de la derecha pol铆tica chilena habr铆an ido a Washington y el embajador norteamericano en Santiago, Nathaniel Davis, habr铆a tenido una conversaci贸n con Henry Kissinger. En los d铆as del golpe, para terminar, naves de guerra estadounidenses navegaban cerca de las costas chilenas.[21]

De todos modos, dice Brandt, las cosas cambiaron en 1973, despu茅s de que la Junta Militar tom贸 el Gobierno.

Ya el 5 de octubre de 1973 la Junta Militar obtuvo 120 mil toneladas de cereales. El Banco Mundial, la Agencia Internacional para el Desarrollo, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Fondo Monetario Internacional retomaron los financiamientos a Chile, asegur谩ndole el pago de deudas.[22]

En los meses sucesivos el Manufacturers Hanover concedi贸 a Chile un pr茅stamo por 44 millones de d贸lares y otros diez bancos estadounidenses y dos canadienses concedieron pr茅stamos por unos 150 millones de d贸lares.

En 1975, un grupo de bancos que inclu铆a al First National City, al Bank of America, al Morgan Guaranty y al Chemical, concedieron a Chile un pr茅stamo renegociable por 70 millones de d贸lares. La Ford, la General Motors, la Chrysler y otras seis empresas comenzaron a potenciar sus plantas de ensamblaje. Y la ITT invirti贸 25 millones de d贸lares para un centro de investigaci贸n.[23]

Mientras tanto, importante contrapartida, las empresas chilenas que hab铆an sido nacionalizadas eran restituidas a los propietarios privados, nacionales o extranjeros.

 

* * *

 

Hasta aqu铆 las evaluaciones de Daniel Brandt. Pero ahora volvamos al desarrollo de los acontecimientos.

Hacia la mitad del a帽o 2000 la CIA, presionada por la evoluci贸n del caso Pinochet (cap铆tulos XI, XII y XIII de este libro) y por la posibilidad de que el mismo Pinochet se viera enfrentado a un proceso p煤blico, temi贸 que durante el debate pudiera emerger su relaci贸n en los hechos recientes de la historia chilena.[24]

Mientras la secretaria de Estado de la administraci贸n Clinton, Madeleine Albright, se precipitaba a Santiago, donde sostuvo encuentros reservados en los m谩ximos niveles gubernativos y hasta con el Presidente Ricardo Lagos, la CIA al no poder hacer, obviamente, declaraciones oficiales, utiliz贸 como portavoz el propio ex director Vernon Walters, que en aquellos d铆as (agosto de 2000) se encontraba en Espa帽a.

Veamos lo que Walters declar贸 en una conferencia en la Universidad Internacional Men茅ndez Pelayo, en la ciudad espa帽ola de Santander: "Nosotros, los de la CIA, no participamos directamente en el golpe de Estado en septiembre de 1973 y de ning煤n modo contribuimos al asalto del Palacio de La Moneda durante el cual el Presidente Allende se dio muerte. Anteriormente, es verdad, hab铆amos hecho todo tipo de esfuerzos para impedir la elecci贸n de Allende a la presidencia, pero despu茅s de las elecciones recibimos orden del Presidente Richard Nixon de suspender los contactos con la oposici贸n chilena. El golpe de Estado y el ascenso al poder de Pinochet fueron evidentemente eventos chilenos".[25]   

En agosto de 2000, despu茅s de la vuelta de la se帽ora Albright a Washington y por presi贸n de la misma, del Senado y de la Casa Blanca, la CIA abri贸 en parte sus archivos relativos a la pol铆tica estadounidense en Chile. Las resistencias del director de la CIA, George Tenet, fueron superadas con un compromiso de base que le permit铆a a la CIA dejar en el archivo los documentos m谩s comprometedores y en los documentos divulgados ejercer censura con plum贸n negro sobre las frases que consideraba comprometedoras.[26]

Fueron desclasificados y hechos p煤blicos 6 mil documentos y otros 16 mil en noviembre. Anteriormente, ya en 1975, la CIA hab铆a enviado al Senado (por pedido del senador Frank Church) un informe sobre sus actividades en Chile: documento que tom贸 el nombre de Informe Church.

Los documentos desclasificados en el 2000 confirmaron que, despu茅s de 1970, el presidente estadounidense Richard Nixon dio la orden de boicotear la gesti贸n de Allende para facilitar un golpe de Estado, considerando que en aquellos a帽os de guerra fr铆a Estados Unidos no aceptaba que en el continente americano naciera un nuevo sat茅lite sovi茅tico.

Por lo tanto, no es posible poner en duda que la CIA haya actuado activamente para que Allende no fuera elegido Presidente; que despu茅s haya ayudado a la Junta Militar para contrarrestar la influencia cubana y sovi茅tica en Chile e inclusive que haya contado entre sus colaboradores a personalidades cercanas a la Junta Militar. Adem谩s, es seguro que la CIA estaba al tanto de la violencia terrorista de la izquierda chilena y de la represi贸n realizada por las autoridades militares. Sobre estos 煤ltimos hechos, la CIA afirm贸 siempre que se mantuvo ajena.[27]

 

 

    [1]Poeta y escritor ingl茅s (1907-1973). De su Collected poems.

    [2]Que la CIA influy贸 en los eventos que precedieron a la ca铆da de Allende fue confirmado por sir Walter Walker, general brit谩nico al comando de las fuerzas OTAN del Norte de Europa entre 1969 y 1972: p谩gina 240 de su libro The Next Domino? (ed. Covenant Books, Londres, 1980). 脡l habl贸, en efecto, de las "cautas" iniciativas tomadas por el presidente americano Richard Nixon para incentivar la ca铆da de Allende. Para protestar contra la participaci贸n americana en la cuesti贸n chilena, en noviembre de 1998, m谩s de 7.000 manifestantes de orientaci贸n marxista cercaron la Escuela de las Am茅ricas ubicada en Fort Benning, en Georgia, acus谩ndola por el adiestramiento de miles de militares y futuros dictadores latinoamericanos. Los manifestantes, arengados por Joseph Kennedy, eran dirigidos por un sacerdote cat贸lico comprometido con la izquierda, Roy Bourgeois, famoso porque fue expulsado de Bolivia y de El Salvador donde estuvo unido a los guerrilleros y estuvo preso durante cuatro a帽os en los Estados Unidos, luego de una manifestaci贸n en el interior de un cuartel. Cfr. Corriere della Sera del 30 de noviembre de 1998, p. 13.

    [3]Cfr. Julio Canessa Robert y Francisco Balart P谩ez, Pinochet y la restauraci贸n del consenso nacional, p. 141 (ed. Geniart, Santiago, 1998).

    [4]Cfr. Markus Wolf, El hombre sin rostro, p. 316 (ed. Vergara Buenos Aires, 1997) y Julio Canessa Robert y Francisco Balart P谩ez, Pinochet y la restauraci贸n del consenso nacional, p. 139-140 (ed. Geniart, Santiago, 1998).

    [5]Korry estuvo como embajador en las dependencias del Departamento de Estado Americano, bajo la presidencia de Kennedy, Johnson y Nixon. Dej贸 el cargo de embajador en Santiago en octubre de 1971. Cfr. The Observer del 8 de noviembre de 1998, p. 9.

    [6]M贸nica Gonz谩lez, La Conjura (Ediciones B Chile, Santiago, 2000), p. 84-85, all铆 donde se hizo referencia a la memoria de Henry Kissinger, en las reuniones de actas de la Casa Blanca y en el libro The Price of Power, escrito por Seymour M. Hersh.

    [7]Cfr. M贸nica Gonz谩lez, La Conjura (Ediciones B Chile, Santiago, 2000), p. 115-116.

    [8]Cfr. The Observer del 8 de noviembre de 1998, p. 9. Seg煤n un documento descubierto en 1999, la CIA consinti贸 en 1973 el secuestro y la desaparici贸n del periodista americano Charles Horman, notoriamente comprometido con la izquierda chilena. Cfr. La Repubblica del 9 de octubre de 1999, p. 6, Il Giornale del 9 de octubre de 1999, p. 12, y Prealpina del 10 de octubre de 1999, p. 7, asimismo, The Washington Times y El Mostrador del 1 de julio de 2001.

    [9]Cfr. M贸nica Gonz谩lez, La Conjura (Ediciones B Chile, Santiago, 2000), p. 49.

    [10]Cfr. Thomas Powers, The Man who kept the secret: Richard Helms and the CIA, citado por M贸nica Gonz谩lez, La Conjura (Ediciones B Chile, Santiago, 2000) p. 30 y 87.

    [11]Cfr. The Observer del 8 de noviembre de 1998, p. 9, y La Repubblica del 12 de diciembre de 1998, un extravagante art铆culo de Manuel V谩squez Montalb谩n.

    [12]Cfr. M贸nica Gonz谩lez, La Conjura (Ediciones B Chile, Santiago, 2000), p. 94 y 111, y cfr. documentos divulgados por la CIA en agosto de 2000 y comentados por El Mostrador del 17 de agosto de 2000.

    [13]Cfr. En esta parte inicial de su estudio Brandt hizo referencia a los escritos de los diarios Berkeley Barb del 7-13 de noviembre de 1975, The Militant del 28 de septiembre de 1973 y The Militant del 19 de octubre de 1973.

    [14]En las p谩ginas siguientes Brandt se mostr贸 escandalizado por el apoyo econ贸mico a los partidos anticomunistas chilenos otorgado por Estados Unidos. Se trat贸, sin embargo, de ayudas destinadas a estudios estad铆sticos, sondeos de opini贸n, propaganda electoral y cursos de adiestramiento pol铆tico y militar. Nada en comparaci贸n a las intervenciones de la Uni贸n Sovi茅tica: si se piensa, por ejemplo, a la represi贸n militar en Alemania del Este, en Hungr铆a y en Checoslovaquia y a los reg铆menes instaurados en Nicaragua, Mozambique, Angola y Etiop铆a.

    [15]Se trat贸 fundamentalmente de cientos de personas sometidas a cursos de instrucci贸n en el lapso de m谩s de diez a帽os. Un n煤mero insignificante en comparaci贸n con los cursos de guerrilla y terrorismo a los cuales millares de chilenos fueron sometidos en Cuba, en Libia y en Alemania del Este.

    [16]Fuentes utilizadas por Brandt para esta parte de su estudio: los libros No peacefulway: Chile's struggle for dignity de Gary MacEoin (ed. Sheed & Ward, New York, 1974) y The End of Chilean Democracy de Laurence Birns (ed. Seabury Press, New York, 1974), y los diarios Christian Century del 25 de septiembre de 1974, San Francisco Chronicle del 5 de diciembre de 1975, The Militant del 28 de septiembre de 1973, New York Times del 12 de noviembre de 1973, Times del 18 de agosto de 1975, New American Movement de junio de 1975, Guardian del 25 de junio de 1975 y Los Angeles Free Press del 7 de marzo de 1975.

    [17]La cadena El Mercurio, que domin贸 la informaci贸n chilena por dimensi贸n y prestigio, se extendi贸 a los principales diarios nacionales, a siete diarios locales y a radioemisoras y agencias de prensa. Brandt extrajo todas estas noticias de un art铆culo de Fred Landis en el diario Liberation de marzo-abril de 1975 y del diario San Francisco Chronicle del 5 de diciembre de 1975. A tales noticias, si son aut茅nticas, sin embargo, cabe se帽alar que la intervenci贸n de la CIA en defensa de El Mercurio fue consecuencia de las tentativas manejadas por Allende (y descritas en el cap铆tulo III de este libro) para apropiarse del diario. De las mismas fuentes Brandt extrajo la conclusi贸n que a trav茅s de la red de El Mercurio "la CIA se dedic贸 a una obra de propaganda, manipulaci贸n de la informaci贸n, falsedad y terror, que fue difundida por el 70% de los diarios y por el 90% de las radioemisoras y, a trav茅s de la Sociedad Interamericana de la Prensa, se hizo circular en todo el mundo". En realidad el mundo, como bien sabe quien recuerda aquellos d铆as, fue inundado por la propaganda a favor de Allende.

    [18]Daniel Brandt puso cabeza abajo la realidad. Atribuy贸 la crisis econ贸mica chilena al sabotaje puesto en acci贸n por Estados Unidos y por las grandes instituciones financieras mundiales, en vez de admitir que los errores de Allende, sean econ贸micos (nacionalizaciones, expropiaciones, gestiones partidistas de las empresas) o pol铆ticos (plena dependencia de la Uni贸n Sovi茅tica y de Cuba), hicieron declinar la confianza de los inversionistas extranjeros.

    [19]En realidad s贸lo Leigh pas贸 un tiempo en Estados Unidos. Respecto de los 48 militares estadounidenses presentes en Chile, no se entiende c贸mo Brandt pudo encontrar escandaloso el hecho, dado que en Chile estuvieron presentes millares de militares y adiestradores cubanos, de Alemania Oriental y de Corea del Norte, y dado que , como se dijo, los terroristas chilenos asistieron habitualmente a cursos de adiestramiento en los pa铆ses comunistas.

    [20]Noticias, 茅stas, que Brandt obtuvo de los diarios The Militant del 4 de octubre de 1974, Liberation de marzo-abril de 1975 y Guardian del 18 de septiembre de 1974, y del libro CIA Diary de Philip Agee (Penguin Books, Harmondsworth, 1975).

    [21]Fuentes citadas por Brandt en esta parte final de su estudio son, adem谩s de las ya indicadas, la revista Playboy de agosto de 1975 y el Latin America and Empire Report editado por la North American Congress of Latin America, octubre de 1973.

    [22]Cfr. Washington Post del 21 de octubre de 1973 y New American Movement del mes de junio de 1975.

    [23]El hecho era comprensible: cesado el peligro de las expropiaciones, las empresas norteamericanas comenzaron nuevamente a invertir.

    [24]Cfr. El Mercurio del 12 de agosto de 2000.

    [25]Cfr. El Mercurio del 14 de agosto de 2000.

    [26]Cfr. El Mostrador del 17 de agosto de 2000. El director de la CIA, George Tenet, evit贸 hacer p煤blicos los documentos que pudieron descubrir m茅todos de trabajo y nombres relativos a la actividad desarrollada por la propia organizaci贸n en todo el mundo. El texto completo del informe de la CIA al Senado fue encontrado en el sitio Internetwww.gwu.edu/~nsarchiv/news/20000919 /01-06.htm

    [27]Cfr. El Mostrador del 19 de septiembre de 2000. Cfr., a prop贸sito de la complicidad de la CIA referente a las violencias de las dos partes en conflicto en Chile, p. 20 de www.gwu.edu/~nsarchiv/news/20000919/0120.htm.

 

 

Partes del libro ya publicadas (PDF):

 

 

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