La Deuda Externa
Por Patricio Vildósola Formas
Siempre es bueno recordar las actuaciones de los gobiernos anteriores, cuando tenemos elecciones, y se pueden luego cambiar los manejos, entre otros, de nuestra Deuda Externa.
En 1988, la seriedad con
que Chile manejó el tema de su deuda externa, en contraste con los procedimientos seguidos por otros países de la región, nos dio excelentes resultados. Este fue un nuevo ejemplo del éxito de la política económica adoptada por las
autoridades vigentes.
La reducción de la deuda externa, que se produjo gracias a los mecanismos diseñados por el gobierno con el propósito de convertir deuda en capital, alcanzó, por ejemplo, a 898,7 millones de dólares en el primer
semestre de ese año, lo que equivalía a un 5,2 por ciento del total de la deuda de mediano plazo.
Los beneficios de esa gestión para el país fueron significativos. Desde el punto de vista de la evolución de la balanza de pagos, la
reducción de la deuda externa benefició a la economía chilena con un menor pago de intereses. Considerando las tasas de intereses internacionales vigentes, la disminución de los compromisos representó un ahorro de recursos que pudo
estimarse en unos 400 millones de dólares por año. A modo de referencia, es bueno recordar que el gasto de petróleo, en importaciones, total, fue inferior a dicha cifra en el año anterior y ella correspondió a prácticamente a la mitad del
déficit global que registraba en la cuenta corriente de la balanza de pagos en dicho período.
Esos antecedentes permitieron constatar que, el desempeño de la economía chilena durante esos años, que se caracterizaron por una elevada
tasa de crecimiento promedio en el PGB, se había logrado en buena parte por el ahorro de divisas asociado al menor pago de intereses.
Desde la perspectiva de la estrategia de negociación que se siguió con la banca acreedora, fue
claro el contraste que se observó al comparar la positiva evolución de nuestra economía, que reconoció que la vía de entendimiento constituía la única forma realista de relacionarse con la comunidad financiera internacional, en contraste
con el estancamiento y frustración que se advertía en aquellos países que optaron por la vía de la confrontación.
Esta es la realidad de como nuestro país, que estaba quebrado económicamente, surgió prácticamente de las cenizas,
dando confianza al mundo y dejándonos un camino más fácil.
Gracias a la inteligencia, prudencia y constancia del gobierno de la época, podemos ahora escuchar, con orgullo, "Chile es una Nación Ejemplar y Envidiable".
Creo que el balance del nuevo Chile ha sido muy bueno y hay que tratar de cuidarlo, para no regresar a la pesadilla que tuvimos.
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