¡El ciudadano elector, y su no participación legal!
Por José Antonio Quinteros Masdeu
La influencia negativa que para el desarrollo de nuestra sociedad ha ejercido la actual aplicación del plan de reforma de las conciencias gramsciano, nos ha introducido en un ideologizado ambiente
educacional, social y cultural ajeno a nuestras costumbres y valores, provocando la degradación de las virtudes tradicionales, amén de significativas pérdidas de sensibilidad y de gran parte de la esencia de nuestro bagaje moral y
espiritual.
Por otra parte, envueltos en el hegemónico torbellino de una globalización económica, polÃtica, cultural y social, que ha derrumbado fronteras y alterado el derecho internacional, pareciera que nos estamos deslizando hacia un
neocolonialismo que puede transformar al ser humano en un hombre masa, sin alma, sin patria, sin valores y sin espÃritu; adicto al materialismo egoÃsta, al consumismo desenfrenado, y polÃticamente expuesto a ser manejado
externamente.
Si aspiramos a tener una sociedad en la que exista una verdadera libertad individual, fundada en el respeto mutuo y en la búsqueda del bien común entre todos nuestros compatriotas, deberÃamos en primer lugar resolver los conflictos
internos. Eso será posible si eliminamos el doble estándar que favorece sólo a un sector y, sin perjuicio de la importancia que tengan los derechos civiles, pagamos primero el costo de cumplir con nuestros deberes, antes de exigir
nuestros derechos económicos, sociales y culturales.
En segundo lugar, es necesario educar y motivar a nuestro pueblo para que participe en el esfuerzo que todos debemos hacer para alcanzar un desarrollo sustentable y en equidad, ahora más que nunca orientado hacia la protección
del medio ambiente, al uso en nuestro beneficio de los recursos naturales y a la defensa de los propios intereses ante una globalización en marcha, y el implÃcito desconocimiento externo de nuestra soberanÃa y sistema jurÃdico.
En tercer lugar, previendo que ese esfuerzo nos puede provocar dificultades externas, evitarÃamos cualquier conflicto si continuamos firmando tratados y pactos bilaterales y multilaterales, cuidando siempre que ellos nos protejan del
efecto planetario de la globalización y de acuerdos internacionales que afecten nuestras fronteras fÃsicas, o signifiquen pérdidas de soberanÃa en nuestras fronteras abstractas y en nuestro sistema jurÃdico.
Debemos entender que la ciudadanÃa y el pueblo de un paÃs no sólo se ubican en el territorio, sino también deben ser educados para respetar valores y virtudes tradicionales y, al mismo tiempo, ser orientados para crear un tiempo
futuro.Exploremos la tesis de que el futuro es la incógnita de una ecuación integrada por la tradición más el cambio.
Este futuro no deberÃa ser manipulado sino ser construido mediante un gran esfuerzo global mancomunado entre gobernantes, polÃticos, empresarios, la masa laboral y el pueblo, todos verazmente informados y educados
para alcanzar un estado de conciencia tal, que les haga aceptable, y obligatorio, el voluntario y persistente cumplimiento de los deberes individuales y colectivos, materializado por un espÃritu de cuerpo sano y la integración de todas las individualidades al esfuerzo nacional.
Complementando lo anterior, se ha descubierto que "la autodisciplina" (control de la parte más indómita de nosotros mismos) es la "técnica más eficaz del poder en la sociedad moderna" ; por ello concluyamos que
si todos los chilenos somos educados para usar esta técnica de poder, y la acatamos individualmente, un paÃs podrá alcanzar el bien común y un bienestar propio de los paÃses desarrollados.
El Poder, construido con autodisciplina, es un bien público que cada individuo de un pueblo organizado presta, soberana y transitoriamente, a personas que él elige
y que lo van a representar eficientemente para gobernar el paÃs, respetando los Objetivos Nacionales Permanentes y desarrollando polÃticas generales, no ideologizadas, dentro de un programa de gobierno votado para
el perÃodo. El corolario que obtenemos es que los gobernantes son servidores o empleados administrativos del pueblo, con la misión de respetar los Objetivos Nacionales Permanentes y cumplir
las polÃticas nacionales que mejorarán el bien común.
La paz interna es una consecuencia de la autodisciplina y la independencia para elegir. Para obtenerla, la primera tarea que deberemos emprender en nuestro paÃs, es lograr la reconciliación.
Pero ella no se consigue cuando un pueblo es deliberadamente impulsado a vivir en conflicto consigo mismo. El sujeto es libre cuando se le da la oportunidad de expresarse sin representar su disensión a través de la
protesta, la indisciplina y la destrucción de los bienes públicos y privados.
Haciendo uso de sus facultades soberanas y cumpliendo un deber de participación que el ciudadano hoy no tiene, pues está supeditado sólo a valer un voto periódico, este sujeto libre (el mandante), si lo fuera realmente,
deberÃa tener la facultad legal para exigir y/o sancionar, cada vez que sea oportuno y necesario, el que sus representantes no cumplan el plan preparado para el perÃodo y las promesas verbales y escritas que hicieron para ganarse su
confianza como elector.
La razón es que las libertades reconocidas constitucionalmente como derechos humanos, la libertad económica, el buen y eficiente uso del presupuesto fiscal, etc., constituyen bienes siempre exigibles y prioritarios para el mandante, a
través de una adecuada, constante y vigilante participación legalizada que, evitando la manipulación reguladora y la corrupción, controle, oriente y obligue a estos "empleados administrativos del pueblo" y, apenas cometan el delito de prevaricación, o demuestren ineficiencia e incapacidad, como en otras latitudes los transforme de inmediato en
legalmente "prescindibles", y no al término de su perÃodo de servicio público.
Con el objeto de fortalecer el desarrollo nacional, regional y comunal
y antes de elegirlos, la ciudadanÃa, ejerciendo su derecho a la participación, deberÃa haber aprobado el plan de acción para el perÃodo de servicio, preparado por un capacitado grupo de trabajo elegido por ella, para asegurarse que quienes sean elegidos "servidores públicos" cumplan cada objetivo mediante presupuestos y plazos definidos, previendo y resolviendo en conjunto conflictos eventuales e interpersonales y manteniendo fluidos canales de comunicación que lleguen a todos los sectores. Lo anterior, con miras al logro de las metas planificadas, la satisfacción de las necesidades globales y especÃficas de cada región, provincia o comuna y, si es posible, de las necesidades e intereses de los individuos.
La paz externa
se obtiene cuando la unanimidad de los habitantes de un paÃs no acepta la intromisión en sus propios asuntos o se afecta su territorialidad. Ella se pierde si se acepta buscar o enfrentar un conflicto como pretexto para lograr la integración de voluntades de un pueblo. Pero tampoco se logra una paz definitiva con un potencial adversario externo que periódicamente presiona con malicia e inteligencia, si la torpeza, la falta de visión o la negligencia aceptan una al parecer honrosa solución que signifique un cercenamiento territorial y la pérdida del respeto internacional. La paz y la libertad de acción en forma permanente, y ante toda circunstancia, sólo se logran cuando se desarrolla un poder nacional suficiente como base sustentable,
y existe convencimiento externo de que tenemos la voluntad de emplear ese poder, si fuera necesario.
Jamás debemos olvidar que los paÃses obran según sean sus intereses y que en nuestro caso nacional no tenemos ni tendremos el manto protector de ninguna alianza o potencia, como ha quedado meridianamente demostrado en el pasado
reciente, cuando en dos cercanas oportunidades consecutivas enfrentamos las puertas de un conflicto internacional.
Recordemos que los Pactos de Defensa Mutua sólo han servido a las potencias rectoras y nunca a naciones que jamás fuimos consultadas, y sà utilizadas cuando se puso en marcha la gran estrategia del juego del poder, trasquilándose
nuestras materias primas sin que se nos permitiese poner el precio y obligándosenos a participar en las grandes crisis mundiales con medios, actitudes, o personal.
Para vencer la reforma de las conciencias, nuestra filosofÃa debe serenar las tempestades del alma, ejerciendo las virtudes impresas en el espÃritu y proyectando al hombre hacia los valores, el cumplimiento de los deberes y el
conocimiento.
En esta lucha por impedir el encarcelamiento del espÃritu, la educación hoy no deberÃa ser un campo de combate entre dos filosofÃas opuestas y deberÃa transformarse en un proyecto de todos para salir de la pobreza y del
subdesarrollo. Si la discusión entre la ideologÃa destructiva y el afán libertario continúa eternamente, el paÃs, los individuos, sus nuevas generaciones, la fe en la construcción de una sociedad justa y una convivencia civilizada se
verán perjudicadas, y todos saldremos perdedores.
Para conseguirlo necesitamos inclinar la burbuja del nivel hacia el real Estado de Derecho y la Verdad respetada por los representantes de los Poderes del Estado. Jamás aceptar que la Verdad se transforme en una "Verdad Consensuada"
entre cuatro paredes, como se ha hecho costumbre a espaldas de la sociedad, pues al hacerlo impunemente, la Verdad sustantiva se transforma en una falsa o media verdad que cumple intereses de grupos y no de la ciudadanÃa. Quienes centran
asà la burbuja no están respetando los Valores Nacionales Permanentes, y al particularizarlos ideológicamente están insultando al pueblo soberano.
Como consecuencia, concluyamos que los antivalores gramscianos que se nos pretenden inculcar, y a los que estamos siendo conducidos subliminal y deliberadamente, son verdades hipócritamente consensuadas que tienen un preconcebido fin
colectivo que usurpe los derechos soberanos del ciudadano elector, dejando el camino libre para una manipulación reguladora que evite todo control y una adecuada y vigilante participación legalizada
Si queremos proteger la Libertad, la SoberanÃa y el Libre AlbedrÃo que residen en cada individuo, insistamos en asegurarnos que se respeten nuestros derechos como mandantes de aquellos a los que delegamos responsabilidades
administrativas, exigiéndoles que los Valores se mantengan como verdades puras. Es nuestra misión aprobar una polÃtica educacional que descubra los valores a los educandos de tal suerte que éstos se transformen en tareas de conciencia
y autodisciplina, y un hábito permanente de uso y protección, tanto del mandante como del mandatario.
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