Año 5  Nº 49

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JOSÉ ANTONIO QUINTEROS MASDEU

¡El ciudadano elector, y su no participación legal!

Por José Antonio Quinteros Masdeu

 

La influencia negativa que para el desarrollo de nuestra sociedad ha ejercido la actual aplicación del plan de reforma de las conciencias gramsciano, nos ha introducido en un ideologizado ambiente educacional, social y cultural ajeno a nuestras costumbres y valores, provocando la degradación de las virtudes tradicionales, amén de significativas pérdidas de sensibilidad y de gran parte de la esencia de nuestro bagaje moral y espiritual.

Por otra parte, envueltos en el hegemónico torbellino de una globalización económica, política, cultural y social, que ha derrumbado fronteras y alterado el derecho internacional, pareciera que nos estamos deslizando hacia un neocolonialismo que puede transformar al ser humano en un hombre masa, sin alma, sin patria, sin valores y sin espíritu; adicto al materialismo egoísta, al consumismo desenfrenado, y políticamente expuesto a ser manejado externamente.  

Si aspiramos a tener una sociedad en la que exista una verdadera libertad individual, fundada en el respeto mutuo y en la búsqueda del bien común entre todos nuestros compatriotas, deberíamos en primer lugar resolver los conflictos internos. Eso será posible si eliminamos el doble estándar que favorece sólo a un sector y, sin perjuicio de la importancia que tengan los derechos civiles, pagamos primero el costo de cumplir con nuestros deberes, antes de exigir nuestros derechos económicos, sociales y culturales.

En segundo lugar, es necesario educar y motivar a nuestro pueblo para que participe en el esfuerzo que todos debemos hacer para alcanzar un desarrollo sustentable y  en equidad, ahora más que nunca orientado hacia la protección del medio ambiente, al uso en nuestro beneficio de los recursos naturales y a la defensa de los propios intereses ante una globalización en marcha, y el implícito desconocimiento externo de nuestra soberanía y sistema jurídico.

En tercer lugar, previendo que ese esfuerzo nos puede provocar dificultades externas, evitaríamos cualquier conflicto si continuamos firmando tratados y pactos bilaterales y multilaterales, cuidando siempre que ellos nos protejan del efecto planetario de la globalización y de acuerdos internacionales que afecten nuestras fronteras físicas, o signifiquen pérdidas de soberanía en nuestras fronteras abstractas y en nuestro sistema jurídico.

Debemos entender que la ciudadanía y el pueblo de un país no sólo se ubican en el territorio, sino también deben ser educados para respetar valores y virtudes tradicionales y, al mismo tiempo, ser orientados para crear un tiempo futuro.Exploremos la tesis de que el futuro es la incógnita de una ecuación integrada  por la tradición más el cambio.

Este futuro no debería ser manipulado sino ser construido  mediante un gran esfuerzo global mancomunado entre gobernantes, políticos, empresarios, la masa laboral y el pueblo, todos verazmente informados y educados para alcanzar un estado de conciencia tal, que les haga aceptable, y obligatorio, el voluntario y persistente cumplimiento de los deberes individuales y colectivos, materializado por un espíritu de cuerpo sano y  la integración de todas las individualidades al esfuerzo nacional.

Complementando lo anterior, se ha descubierto que "la autodisciplina" (control de la parte más indómita de nosotros mismos) es la "técnica más eficaz del poder en la sociedad moderna" ; por ello concluyamos que si todos los chilenos somos educados para usar esta técnica de poder, y la acatamos individualmente, un país podrá alcanzar el bien común y un bienestar propio de los países desarrollados.

El Poder, construido con autodisciplina, es un bien público que cada individuo de un pueblo organizado presta, soberana y transitoriamente, a personas que él elige y que lo van a representar eficientemente para gobernar el país, respetando los Objetivos Nacionales Permanentes y desarrollando políticas generales, no ideologizadas, dentro de un programa de gobierno votado para el período. El corolario que obtenemos es que los gobernantes son servidores o empleados administrativos del pueblo, con la misión de respetar los Objetivos Nacionales Permanentes y cumplir las políticas nacionales que mejorarán el bien común.

La paz interna es una consecuencia de la autodisciplina y la independencia para elegir. Para obtenerla, la primera tarea que deberemos emprender en nuestro país, es lograr la  reconciliación. Pero ella no se consigue cuando un pueblo es deliberadamente impulsado a vivir en conflicto consigo mismo. El sujeto es libre cuando se le da la oportunidad de expresarse sin representar su disensión a través de la protesta, la indisciplina y la destrucción de los bienes públicos y privados.

Haciendo uso de sus facultades soberanas y cumpliendo un deber de participación que el ciudadano hoy no tiene, pues está supeditado sólo a valer un voto periódico, este sujeto libre (el mandante), si lo fuera realmente, debería tener la facultad legal para exigir y/o sancionar, cada vez que sea oportuno y necesario, el que sus representantes no cumplan el plan preparado para el período y las promesas verbales y escritas que hicieron para ganarse su confianza como elector.

La razón es que las libertades reconocidas constitucionalmente como derechos humanos, la libertad económica, el buen y eficiente uso del presupuesto fiscal, etc., constituyen bienes siempre exigibles y prioritarios para el mandante, a través de una adecuada, constante y vigilante participación legalizada que, evitando la manipulación reguladora y la corrupción, controle, oriente y obligue a estos "empleados administrativos del pueblo" y, apenas cometan el delito de prevaricación, o demuestren ineficiencia e incapacidad, como en otras latitudes los transforme de inmediato en legalmente "prescindibles", y no al término de su período de servicio público.

Con el objeto de fortalecer el desarrollo nacional, regional y comunal y antes de elegirlos, la ciudadanía, ejerciendo su derecho a la participación, debería haber aprobado el plan de acción para el período de servicio, preparado por un capacitado grupo de trabajo elegido por ella, para asegurarse que quienes sean elegidos "servidores públicos" cumplan cada objetivo mediante presupuestos y plazos definidos, previendo y resolviendo en conjunto conflictos eventuales e interpersonales y manteniendo fluidos canales de comunicación que lleguen a todos los sectores. Lo anterior, con miras al logro de las metas planificadas, la satisfacción de las necesidades globales y específicas de cada región, provincia o comuna  y, si es posible, de las necesidades e intereses de los individuos.   

La paz externa se obtiene cuando la unanimidad de los habitantes de un país no acepta la intromisión en sus propios asuntos o se afecta su territorialidad. Ella se pierde si se acepta buscar o enfrentar un conflicto como pretexto para lograr la integración de voluntades de un pueblo. Pero tampoco se logra una paz definitiva con un potencial adversario externo que periódicamente presiona con malicia e inteligencia, si la torpeza, la falta de visión o la negligencia aceptan una al parecer honrosa solución que signifique un cercenamiento territorial y la pérdida del respeto internacional. La paz y la libertad de acción en forma permanente, y ante toda circunstancia, sólo se logran cuando se desarrolla un poder nacional suficiente como base sustentable, y existe convencimiento externo de que tenemos la voluntad de emplear ese poder, si fuera necesario.

Jamás debemos olvidar que los países obran según sean sus intereses y que en nuestro caso nacional no tenemos ni tendremos el manto protector de ninguna alianza o potencia, como ha quedado meridianamente demostrado en el pasado reciente, cuando en dos cercanas oportunidades consecutivas enfrentamos las puertas de un conflicto internacional.

Recordemos que los Pactos de Defensa Mutua sólo han servido a las potencias rectoras y nunca a naciones que jamás fuimos consultadas, y sí utilizadas cuando se puso en marcha la gran estrategia del juego del poder, trasquilándose nuestras materias primas sin que se nos permitiese poner el precio y obligándosenos a participar en las grandes crisis mundiales con medios, actitudes, o  personal.

Para vencer la reforma de las conciencias, nuestra filosofía debe serenar las tempestades del alma, ejerciendo las virtudes impresas en el espíritu y proyectando al hombre hacia los valores, el cumplimiento de los deberes y el conocimiento.

En esta lucha por impedir el encarcelamiento del espíritu, la educación hoy no debería ser un campo de combate entre dos filosofías opuestas y debería transformarse en un proyecto de todos para salir de la pobreza y del subdesarrollo. Si la discusión entre la ideología destructiva y el afán libertario continúa eternamente, el país, los individuos, sus nuevas generaciones, la fe en la construcción de una sociedad justa y una convivencia civilizada se verán perjudicadas, y todos saldremos perdedores.

Para conseguirlo necesitamos inclinar la burbuja del nivel hacia el real Estado de Derecho y la Verdad respetada por los representantes de los Poderes del Estado. Jamás aceptar que la Verdad se transforme en una "Verdad Consensuada" entre cuatro paredes, como se ha hecho costumbre a espaldas de la sociedad, pues al hacerlo impunemente, la Verdad sustantiva se transforma en una falsa o media verdad que cumple intereses de grupos y no de la ciudadanía. Quienes centran así la burbuja no están respetando los Valores Nacionales Permanentes, y al particularizarlos ideológicamente están insultando al pueblo soberano.

Como consecuencia, concluyamos que los antivalores gramscianos que se nos pretenden inculcar, y a los que estamos siendo conducidos subliminal y deliberadamente, son verdades hipócritamente consensuadas que tienen un preconcebido fin colectivo que usurpe los derechos soberanos del ciudadano elector, dejando el camino libre para una manipulación reguladora que evite todo control y una adecuada y vigilante participación legalizada

Si queremos proteger la Libertad, la Soberanía y el Libre Albedrío que residen en cada individuo, insistamos en asegurarnos que se respeten nuestros derechos como mandantes de aquellos a los que delegamos responsabilidades administrativas, exigiéndoles que los Valores se mantengan como verdades puras. Es nuestra misión aprobar una política educacional que descubra los valores a los educandos de tal suerte que éstos se transformen en tareas de conciencia y autodisciplina, y un hábito permanente de uso y protección, tanto del mandante como del mandatario.

 

 

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