Año 5  Nº 49

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Pinochet
Las "incómodas" verdades

 

CAPÍTULO VIII

 

Tres personas pueden mantener un secreto,
si dos de ellas están muertas.

Benjamín Franklin[1]

 

La DGI cubana, la KGB soviética y la izquierda europea

En los capítulos anteriores se habló diversas veces de la presencia en Chile de hombres y material que provenían desde Cuba[2]. Se vio incluso cómo en muchos episodios que sacudieron a la opinión pública chilena (caso Letelier, atentado a Pinochet, terrorismo difuso) estaba presente el sello cubano.

Y no sólo esto. Ya antes de que Allende subiera al poder, como reveló el historiador inglés Ian Greig basándose en documentos del Intelligence Service, las infiltraciones cubanas eran notables. Desde 1961, refiere Greig, la ayuda financiera cubana le había permitido al Partido Comunista chileno conquistar diez mil nuevos adherentes con una campaña de ocupación ilegal de terrenos.[3]

Con Allende en el poder, dichos casos se intensificaron y se beneficiaron del apoyo oficioso que les daba el Gobierno. Con frecuencia las acciones se realizaban a través de instituciones de fachada, como el Instituto Cultural Chileno -Cubano, que no era otra cosa que un punto de conexión entre el Partido Comunista chileno y la embajada cubana en Santiago. Además de las ayudas financieras, cada sábado llegaban al aeropuerto de Pudahuel, desde Cuba, de tres a cuatro aviones sin ningún tipo de numeración, cuyo cargamento era transferido a camiones que no pasaban por los controles aduaneros. La embajada cubana, que en 1972 alcanzó a tener más de 1.500 empleados, era considerada en los círculos de la diplomacia internacional una de las más activas y populosas sedes diplomáticas del mundo.

Esa muchedumbre tenía una razón de ser. El tercer personaje en la jerarquía de la embajada era Juan Carreto Ibáñez, que pertenecía a los servicios secretos cubanos y realizaba al interior de la sede diplomática una compleja actividad de adiestramiento de la guerrilla, para preparar lo que, según el deseo de Fidel Castro y de Salvador Allende, debía transformarse en "un ejército de al menos 20 mil combatientes por el socialismo". Los locales de la embajada estaban destinados, además, para recibir las numerosas delegaciones cubanas que, como con ocasión de la visita de Carlos Rafael Rodríguez, viceprimer ministro cubano, y de Manuel Piñeiro, jefe de los servicios de información de La Habana, tenían la finalidad de concordar con Allende la vía destinada a transformar a Chile en una segunda Cuba.[4]

No se equivoca el periodista australiano Gerard Jackson cuando, entre otras cosas, afirma: "La presencia soviética y cubana era tan importante, que había transformado a Santiago en un centro de subversión operante en toda América Latina. Allende había de hecho dado carta blanca a los servicios secretos de la DGI cubana y de la KGB, y hasta a un grupo de norcoreanos especializados en terrorismo".[5]

Así, en los cordones aparecieron los primeros instructores extranjeros, provenientes de Cuba, Checoslovaquia y Alemania del Este, expertos en terrorismo, sabotaje, asesinato y desinformación: una verdadera legión que en el plazo de pocos meses superó las dos mil personas, al punto de obligar a Allende, para tapar el escándalo, a imponer el secreto de Estado sobre las estadísticas de inmigración.[6]

En las primeras organizaciones armadas marxistas se destacaron personajes como Eduardo Paredes, Carlos Molina, Claudio Jimeno, Félix Huerta, Carlos Lorca, Rolando Calderón, Arnoldo Camú, Ricardo Pincheira, Jorge Klein y un misterioso "Felipe".

Treinta años después, Mónica González entrevistó al recién citado Félix Huerta, a quien la misma González describe como "alguna vez fue un carismático dirigente socialista, alto, bello". Según ella, un hombre brillante y entusiasta del Che Guevara, al punto de abandonar sus estudios de medicina para trasladarse a Cuba y, luego de un intenso adiestramiento, regresar a Chile. "La guerrilla en Bolivia", afirmó Huerta, "nos influenció mucho, así como la figura del "Che" Guevara y la revolución cubana. Pasábamos pertrechos, hacíamos de correo" […] "Después de un viaje a Bolivia me fui a Cuba. La muerte del Che apresuró mi decisión. Era curioso, uno creía que podía cambiar el mundo. Estaba absolutamente convencido de que la lucha armada era la vía para lograr una sociedad más justa". Describe a continuación que en Cuba recibió durante siete meses adiestramiento duro y amplio, con verdaderos choques armados y lecciones de kárate. Había en dicho curso de adiestramiento, colombianos, bolivianos, venezolanos, costarricenses, un brasileño y algunos argentinos. En total éramos unos cien". Se concluye que muchos de los que habían estado allí, después terminaron en Chile, donde murieron defendiendo el palacio de La Moneda, el día del golpe de Estado o en los siguientes.[7]

Veamos lo que refirió años después el joven marxista Max Joel Marambio, recordando su permanencia en Cuba: "Creí que la revolución en Chile podía realizarse por la vía armada. Veía muy aburrida la idea de hacer los cambios por la vía parlamentaria". A continuación se refiere a la imagen que él tenía de "los niños que veía en Cuba, sanos, con sus uniformes impecables y siempre imbuidos de alegría. En ese tiempo no distinguía la idiosincrasia de los cubanos, alegres per se y en cualquiera circunstancia. Todos los méritos se los atribuía a la revolución" . Más adelante, agrega: "En esa época, en Cuba, conocí a la gente del MIR chileno y decidí regresar para hacer la revolución".[8]

Otras noticias vienen del Centro de Estudios Públicos (con sede en Santiago desde 1998 y con frecuencia presente en las columnas del Wall Street Journal), que permitió las investigaciones de Olga Ulianova y Eugenia Fediakova: dos estudiosas que encontraron en los archivos soviéticos numerosas confirmaciones de los estrechos lazos existentes, desde 1950 en adelante, entre los comunistas chilenos, la KGB soviética y los servicios secretos cubanos. "Se trata de una documentación que, en buena parte, justifica la intervención de la CIA en los asuntos chilenos", comenta la periodista Mary Anastasia O'Grady. "Los documentos ahora accesibles demuestran cuál era el destino al que Allende iba a condenar a Chile. Más que justificada fue la alegría con la cual muchos chilenos acogieron el golpe de Estado militar".[9]

Pero quizás nadie mejor que el director de la DINA, Manuel Contreras Sepúlveda, puede testimoniar la magnitud de la infiltración extranjera en el Chile de Allende: "En primer lugar, encontramos que existe una Primera Fase de Infiltración extranjera a través de miles de individuos de 46 naciones del mundo, en su gran mayoría guerrilleros que habían sido expulsados de sus países de origen, a excepción del general cubano Patricio de la Guardia Font y su tropa". De los cubanos que ingresaron a Chile no se conoce el número exacto, si bien los oficialmente autorizados por el Gobierno de Allende, gracias a pasaportes diplomáticos, fueron 4.875, de los cuales 721 eran mujeres. A estos se agregan 1.916 oficiales y suboficiales soviéticos, acogidos por el Gobierno de Allende como asesores industriales".

La infiltración de agentes soviéticos era escondida detrás de los camuflajes más extravagantes. Según refiere Manuel Contreras Sepúlveda, en 1972 el Gobierno de Allende le compró a Moscú 5 mil tractores, los que llegaron puntualmente a Chile.

Cada lote de 100 tractores venía acompañado por un técnico en mantención, pero poco tiempo después se supo que dichos expertos eran oficiales del ejército soviético o de la KGB y que tenían tareas muy distintas a las de ocuparse de los tractores.[10]

Siempre, según los datos existentes en los archivos de la DINA y hechos públicos por Manuel Contreras Sepúlveda, en 1973 (inmediatamente después del golpe militar) los extranjeros presentes en Chile con la autorización del Gobierno de Allende superaban los 31.000 hombres, incluidos 725 tupamaros uruguayos, particularmente peligrosos por su gran experiencia de combate.

Se considera que los 22.000 elementos que pertenecían a grupos paramilitares chilenos, sumados a la guerrilla y al terrorismo de extrema izquierda, podían juntar en total nada menos que 53.000 personas.[11]

Mientras el país padecía miseria, la Unidad Popular recibía financiamientos ocultos desde Europa. Parte del dinero que llegaba, según diversas fuentes, terminó en los bolsillos de personajes socialistas. Según Julio Canessa Robert y Francisco Balart Páez, existía una corrupción generalizada.

Aún más oscuro fue el tráfico de dinero cubano que se movió alrededor del proyecto de traslado del diario Clarín, que preveía el traspaso a Allende, a título personal y gratuito, de la mitad de las acciones. Existieron malentendidos, promesas no mantenidas, irritadas intervenciones personales de Fidel Castro, secretas transacciones en bancos suizos y hasta amenazas de muerte. Al final, las disputas por el caso quedaron archivadas a causa del golpe militar del 11 de septiembre de 1973.[12]

Chile en la época de Allende no estaba sólo en ruinas, sino además a merced de la KGB y de Fidel Castro, personaje al que el periodista italiano Gianni Minà le gusta llamar "paladín de la defensa de la soberanía, demasiadas veces violada, de los pueblos latinoamericanos".[13]

Después del golpe de 1973, el tráfico de hombres y material se volvió clandestino pero no disminuyó de intensidad. La fuerza guerrillera que Allende había preparado para su autogolpe se transformó, gracias a la llegada de nuevos expertos, en un instrumento de desestabilización y terrorismo.

Son interesantes, en este sentido, las declaraciones realizadas por el general cubano Patricio de la Guardia Font al tribunal militar de La Habana, durante uno de los tantos procesos a los cuales Fidel Castro sometía a sus colaboradores caídos en desgracia. "Fui condecorado con la Medalla Internacionalista de Primer Grado", declaró De la Guardia Font, "porque estaba en Chile al frente de los compañeros de tropas, y cuando ocurrió el golpe de Estado en Chile cumplí otras operaciones especiales".[14]

Y agregó que había operado en Chile, en donde había organizado una eficiente brigada de 15 mil hombres bien armados. Reveló que los apoyos externos a su organización terrorista no llegaban solamente desde Cuba: el 15 de abril de 1977 había nacido en Londres, con aquella finalidad, un Frente de Fuerzas Armadas Democráticas Chilenas, además de otros dos organismos análogos, que habían sido creados en Bruselas y en la comunista Berlín del Este, mientras un grupo revolucionario chileno realizaba sus transmisiones desde la Radio Moscú.[15]

Una tarea muy difícil que tenía la DGI cubana era la de hacer andar de acuerdo a los diversos componentes terroristas chilenos, especialmente en la transición entre la decadencia del MIR y el crecimiento del Frente Manuel Rodríguez. En tal ámbito se colocan los viajes entre la capital chilena y la cubana de los dirigentes marxistas, viajes cuya frecuencia era favorecida por la imprudente tolerancia de la Junta Militar, temerosa evidentemente de ser acusada de escaso respeto de la democracia.

Encontramos rastros de uno de estos viajes en las memorias de un dirigente del Partido Comunista chileno y ex ministro del Gobierno de la Unidad Popular, Orlando Millas: "Nos reunimos en Moscú, en 1974, los miembros de la Comisión Política del partido que estábamos en el exilio, o sea, los titulares Volodia Teitelboim, Gladys Marín y yo y el suplente Manuel Cantero" […] "No nos adentrábamos aún en la realidad del denominado socialismo real. De hecho, la vida, con todas las comodidades del hotel, a la que se agregaban los intérpretes, los automóviles siempre a disposición y hasta el acceso privilegiado a los espectáculos y tiendas especiales, conducía a una visión muy particular, incapaz de penetrar las modalidades efectivas de funcionamiento del régimen que se nos presentaba como ideal. Fue en esa oportunidad cuando supe del acuerdo a que habían llegado en La Habana dirigentes de los respectivos partidos, para que contingentes de militantes comunistas chilenos fueren aceptados como alumnos en calidad de cadetes de la Escuela Militar de Cuba" […] "Más tarde conocí a los muchachos, la flor y nata de nuestra gente". Luego señala que los dirigentes comunistas asumieron la responsabilidad de enseñarles que la única vía para ser dignos del pueblo se recorre a través de las armas. Después encontró a otros y le impresionó el entusiasmo con el cual participaban en Nicaragua en la lucha para derrocar al régimen de Somoza. Termina con una frase patética: "Un regusto amargo me hace sentir que los condujimos a quemarse en Chile en batallas imposibles".[16]

Para obtener el consenso y ayuda económica los dirigentes radicales chilenos Hugo Miranda Ramírez y Carlos Morales Abarzúa tuvieron frecuentes encuentros con la DGI, ya sea en La Habana o en Montevideo. Otros encuentros se realizaron entre tres importantes delegaciones de la izquierda chilena y el jefe de los servicios secretos cubanos en Argentina, Antonio López. Sede de los coloquios fueron esta vez Buenos Aires, Ciudad de México y Lima.

Luego, otra delegación chilena, de la cual eran parte el comunista José Sanfuentes, el socialista Rolando Calderón, el radical Guillermo Arenas, Jecar Neghme, del MIR, y Jaime Cataldo, del MAPU, estuvo dos semanas en Cuba, huésped del jefe de la DGI Manuel Piñeiro, quien les daba instrucciones desde hacía tiempo. En dichos coloquios, habiendo la delegación chilena expresado pena y desilusión por el fallido atentado contra Pinochet, Manuel Piñeiro ratificó que Fidel Castro en persona había sentido mucho aquel fiasco, cuya responsabilidad atribuía a la falta de alineamiento del Frente Manuel Rodríguez con las directivas del Partido Comunista.

Según indicación de Castro, dijo Piñeiro, era necesario organizar "pequeños pero infalibles" núcleos operativos, adiestrados y que operaran siguiendo el modelo colombiano del Frente Guerrillero Unido. Era necesario que el MIR y el Frente Manuel Rodríguez siguieran las indicaciones de la Junta de Coordinación Revolucionaria Guerrillera Internacional y que en su lucha contra la Junta Militar de Pinochet superaran las divisiones y celos internos. Después de las exhortaciones, Piñeiro empleó métodos más convincentes. Y de hecho, en julio de 1987, en La Habana, Andrés Pascal Allende (que después de la muerte de Miguel Enríquez, en 1974, había tomado el mando del MIR), durante un violento choque verbal, fue "enérgicamente" invitado por funcionarios cubanos a obedecer escrupulosamente las órdenes que llegaban desde Cuba y a dar plena colaboración a los dirigentes de la izquierda que estaban ahí presentes: Nelson Gutiérrez, Hernán Aguiló y Manuel Cabieses.

De una carta confidencial proveniente desde Cuba y posteriormente difundida en los sectores de la izquierda chilena (noticias recogidas en 1988 por la The World Affairs Company de Nueva York), resultó que Fidel Castro ofreció sostener a cientos de elementos del MIR y del Frente Manuel Rodríguez (350 personas en 1987 y el doble en 1988), dándoles algunos cursos de adoctrinamiento y guerrilla en Berlín del Este.[17] Y justamente gracias a ellos, una vez mejorado el nivel de adiestramiento, las dos organizaciones lograron intensificar y perfeccionar sus atentados y sus actos de sabotaje para realizar un proyecto denominado "terrorismo selectivo". El resultado de aquellos esfuerzos se tradujo en la multiplicación de atentados dinamiteros y de asaltos a los bancos.[18]

En poco tiempo, basándose en las instrucciones provenientes desde Moscú, el Comité Central del Partido Comunista chileno se transformó en un cuartel general de la revolución. De hecho, en 1979, poco después de la victoria comunista en Nicaragua, Luis Corvalán se sentía capacitado para prometer que Chile se volvería en poco tiempo una "segunda Nicaragua", que rápidamente la lucha armada alcanzaría un margen de maniobra mayor y que Chile conocería días de "áspera violencia".[19]

Al final, para poder realizar dicha promesa, Corvalán pidió ayuda a Moscú. En un artículo de la periodista Pilar Molina en El Mercurio, se cita un documento del Partido Comunista soviético que reproduce un pedido hecho por Corvalán para que en Moscú fueran adiestrados "quince de nuestros camaradas en la técnica de desestabilización, incluyendo acciones de sabotaje y operaciones de comandos, con el objetivo de dominar las diferentes formas de lucha".[20]

Así, John Koehler, corresponsal de la Associated Press, cuenta en un libro suyo publicado en 1999: "La policía secreta de Alemania oriental, la STASI, tenía entre sus tareas la de enrolar jóvenes chilenos y llevarlos al extranjero para que aprendieran a combatir al régimen militar de Pinochet. Los viajes pasaban por México y Checoslovaquia y la destinación final era un campo de adiestramiento situado al oriente de Berlín y llamado Object Baikal. El curso duraba cinco meses e incluía las técnicas de sabotaje, asesinato, confección de bombas y adoctrinamiento marxista: las mismas materias que se estudiaban en los campos de adiestramiento existentes en Cuba. Gracias a este adiestramiento, entre 1983 y 1986 se registraron más de mil atentados con bombas, en los que perdieron la vida 21 efectivos del Ejército y de Carabineros. Se calcula que Alemania Oriental, entre 1984 y 1988, financió con unos 6,8 millones de dólares al terrorismo comunista en Chile". Y prosigue: "Esta actividad subversiva no se detuvo hasta el final del régimen militar chileno. En 1990, cuando estaba en la presidencia el democratacristiano Aylwin, se registraron 2.422 atentados y agresiones individuales".[21]

Pero desde Cuba y desde las centrales de reclutamiento y organizaciones del comunismo internacional llegaban, además de hombres, también armas y explosivos necesarios para las operaciones de terrorismo y subversión.

Los datos siguientes se refieren a pocos meses de 1986: "La llegada de contrabando de armamento proveniente desde Cuba en los meses de enero, junio y julio", refiere el historiador Luis Heinecke Scott, "consistió en 3.118 fusiles M -16, 114 lanza-cohetes antiblindaje soviéticos RPG-7, 167 cohetes antiblindaje norteamericanos LOW, además de 1.979 granadas, municiones y otros armamentos". El agregado comercial de Estados Unidos en Chile, George Jones, que tenía informaciones seguras, declaró que "el contrabando realizado entre Cuba y Chile era el mayor contrabando de armas que jamás se hubiera registrado en América Latina".

En los años siguientes al golpe, un instructor en técnicas de guerrilla, el capitán alemán oriental Dieter Zirkel, admitió que tuvo en Berlín bajo sus órdenes a 20 jóvenes chilenos, después enviados a su patria con un amplio arsenal de armas y municiones para realizar sabotajes y terrorismo.[22]

Los detalles sobre los envíos de armas a los terroristas chilenos hasta el día del golpe militar (otras llegarían después) fueron indicados por Manuel Contreras Sepúlveda: eran 25.000 fusiles AKA, soviéticos, 300 lanzacohetes y 1.500 metralletas, material de producción soviética y del que se logró recuperar solamente el 40%. Como se ha dicho, el Gobierno de Allende favorecía en Chile el contrabando de aquellas armas, prohibiendo a las autoridades aduaneras realizar los debidos controles. En la residencia privada de Allende, refiere Contreras, estaban depositados a disposición del GAP 62 fusiles ametralladoras, 426 pistolas y 6 lanzamisiles. Las otras armas del GAP estaban escondidas en la residencia presidencial de El Cañaveral.[23]

Y es importante observar que la inmensa cantidad de armas encontradas por las fuerzas del orden en los depósitos terroristas era de fabricación no solamente comunista, sino también estadounidense. Una investigación realizada en Washington y comunicada por Bruce Ammerman, portavoz de la Casa Blanca, pudo comprobar que se trataba de armas estadounidenses abandonadas en Vietnam, después entregadas por los vietnamitas a los soviéticos y enviadas por estos a Chile a través de Cuba. Esto confirma la compleja red de maquinación que se escondía detrás de la actividad terrorista destinada a empujar a Pinochet a una represión que lo transformaría en el "monstruo" que todos conocemos.[24] 

Este es un comentario de Augusto Pinochet: "¿Qué espacio ha dado la prensa internacional a los arsenales clandestinos encontrados en Chile? ¿Por qué en este caso la información se vuelve apresurada y estimativa? ¿Cómo justificar que haya sido puesta sordina a un hecho así de grave, como el encontrar una cantidad tal de material bélico que habría producido un choque de proporciones incalculables? Un atentado que le costó la vida a cinco de mis guardaespaldas e hirió a once de ellos fue ignorado por los órganos de información internacional, que callan sobre cómo aquel comando de guerrilleros había preparado la emboscada y cómo pudieron escapar. En la operación participaron guerrilleros adiestrados en el extranjero y apoyados por los que financian el terrorismo internacional".[25]

En efecto, la cantidad de arsenales de armas provenientes desde el exterior era tal, refiere Pinochet en su libro Camino recorrido, como para poder armar a más de 30 mil individuos y de justificar la inmediata prohibición, por parte de la Junta Militar, de todos los partidos y movimientos políticos que habían apoyado a Allende.[26]

 

* * *

 

Aquellas armas y el adiestramiento costaban mucho dine-ro. ¿De dónde llegaba el dinero después de 1973? ¿Quién coor-dinaba la iniciativa?

Uno de los canales directamente controlados por la KGB soviética era un Comité de Difusión que tenía la base principal en Argentina y sedes periféricas en España , Francia, Bélgica, Ita-lia y Venezuela. La tarea de esta organización y de otras estruc-turas similares era la de encontrar financiamiento y poner en marcha iniciativas para sensibilizar a la opinión pública mun-dial: una tarea que era cumplida brillantemente, encubriendo como "solidaridad internacional en defensa de los derechos hu-manos" a la recolección de fondos necesarios para conducir las actividades terroristas, corromper periodistas y hombres de cul-tura y vestir a la izquierda chilena de una imagen heroica y des-interesada.

Se trataba de gastos enormes, no solamente por la innata tendencia hacia la corrupción de casi todos los dirigentes de la izquierda chilena, gastos en viajes y vida brillante de los así llamados exiliados (comenzando por los parientes de Salvador Allende, a los cuales nada les habría impedido vivir en sus casas en Chile ), sino también por los costos que significaba mantener a las organizaciones armadas. Basta recordar solamente que los cuatro mil fusiles M-16 incautados por la policía en 1988 costa-ban 1.400 dólares cada uno y que junto a estos la policía encon-tró material explosivo y municiones por más de 35 millones de dólares.

No es fácil decir de dónde salía todo el dinero recogido di-rectamente por el Comité de Difusión y por otras organizacio-nes. Indirectamente, podía provenir solamente de contribuyen-tes occidentales, europeos en particular. Y, por lo tanto, ese dine-ro era mucho, muchísimo: durante un congreso en Caracas, en 1986, a un portavoz de la Comunidad Europea se le escapó de-lante de los periodistas que la oposición marxista chilena (que justamente en aquellos días le había arrancado a Europa un sub-sidio de 800.000 millones de liras, unos 400 millones de euros) estaba preparando "la más costosa oposición del mundo".

En primera fila, para coordinar las ayudas financieras destinadas a la izquierda estaba el cubano Banco Central (inicial-mente presidido por el Che Guevara, posteriormente removido por incapacidad y transferido a la guerrilla en Bolivia), que, en La Habana, hacía de puente entre las remesas soviéticas y las exigencias de las centrales socialo-comunistas de Santiago.

Otras ayudas de la izquierda llegaban a través de organi-zaciones "progresistas" católicas como el Centro Belarmino y la Escuela de Sociología de la Universidad Católica.[27]

Riqueza y pobreza, por lo tanto, entraron a jugar un im-portante papel en el teatro propagandístico de las organizacio-nes que agitaban su "empeño por un Chile democrático": la ri-queza en la que nadaban los jefes de la izquierda era bien escon-dida, mientras ponían en vitrina una pobreza descaradamente inflada, la de las clases populares chilenas. Fue típico el caso de un tal Mario Mejías, que después del golpe fue designado por la oposición para hablar con el Papa "en nombre de todos los chile-nos pobres". Era "tan" pobre el tal Mejías, que cuando las cáma-ras de televisión fueron inesperadamente a buscarlo, no logró esconder que era propietario de una casa muy digna, de un auto nuevo flamante y de una empresa de comercio alimenticio.

 

* * *

 

Italia, entonces dirigida por gobiernos de centroizquierda sometidos al chantaje comunista, era, parece superfluo decirlo, uno de los países en los cuales, después del golpe militar de 1973, la oposición chilena obtuvo conspicuos apoyos, ya sean estos de tipo financiero o de propaganda.

Pero lo dicho no se refiere solamente a Italia: en toda Europa nacían como hongos, en línea con la campaña de propaganda dirigida por Moscú, las organizaciones que recogían a cientos de jóvenes idealistas, entre los cuales no era difícil encontrar "carne de cañón" para adiestrar y enviar a América Latina.

Aquellas organizaciones, mientras tanto, se dedicaban a recoger dinero que nadie, por temor a ser acusado de tener simpatías hacia Pinochet, osaba controlar.

Una búsqueda sumaria, basada principalmente en los datos de la Direzione di Cooperazione allo Sviluppo, en el ámbito del ministerio italiano de Relaciones Exteriores y seguramente incompleta porque estaba limitada a pocos meses, permite enumerar algunos casos de "ayuda humanitaria" que podrán hacer reír al lector.

Como revelaba en 1988 el semanario Il Borghese (una de las poquísimas publicaciones que en aquellos años tuvieron el coraje de hablar libremente sobre los asuntos chilenos),[28] una de las organizaciones no gubernamentales que operaba en Roma, denominada CIES, recibió astronómicos financiamientos del gobierno italiano para realizar una no mejor identificada Campaña Demos las Alas al Chile de Mañana, para Sostener las Realidades de Base de la Resistencia Chilena.

¿Dónde terminó, cabe preguntarse, todo ese dinero salido de los bolsillos de los contribuyentes italianos, justamente en los años en que el Estado decía que quería reducir el gasto público?

¿Y dónde terminó el dinero destinado, siempre a costa de los contribuyentes italianos, a un nebuloso proyecto denominado Programma El Canelo de Nos per l'Educazione degli adulti nel Settore delle Comunicazione, que decía ser destinado a las escuelas chilenas a través de una organización local llamada CEAAL y dirigida por un cierto Paolo Freire?[29]

El 30 de marzo de 1988 el gobierno italiano entregó unos tres millones de euros, "para usar después de una negociación privada", a una Asistencia Sanitaria con Base en Chile. Nos resulta difícil entender cómo Italia podría enseñar algo en materia de sanidad pública. Una cosa que saltaba a los ojos era que mientras la ayuda italiana a países controlados por dictaduras comunistas era dada a los gobiernos en el poder (como a Etiopía, Mozambique, Angola, Nicaragua y China) las así llamadas ayudas para Chile eran entregadas a las más o menos misteriosas organizaciones de la oposición.

Prosigamos.

El 25 de febrero de 1988, Italia destinó unos 350 mil euros "para sostener la información democrática chilena, para consolidar el diario La Época y la revista Análisis". Y bien, La Época y Análisis eran dos publicaciones políticas de izquierda.[30]

En la misma fecha, un cierto Istituto per la Cooperazione Universitaria, de Roma, recibió a espaldas de los contribuyentes italianos una ayuda de unos de 200 mil euros para "el desarrollo institucional chileno". Una motivación y finalidad incomprensible: ¿Qué significa el "desarrollo institucional"?

Un mes después, el 30 de marzo de 1988, tres organizaciones relacionadas con nuestros tres sindicatos confederados recibieron una contribución "humanitaria" con sabor claramente político: 900 millones de liras (unos 450 mil euros) "para apoyar la información radiofónica democrática chilena". En otras palabras, los contribuyentes italianos financiaban la propaganda política de los adversarios a Pinochet. Las tres organizaciones que sirvieron de trámite para aquel financiamiento, todas con sede en Roma, eran el Istituto Sindacale per la Cooperazione con il Paesi in Via di Sviluppo, l'Ente Progetto Sviluppo y l'Ente Progetto Sud.[31]

Evidentemente no satisfechas con los millones recibidos, las tres organizaciones antes mencionadas pidieron y obtuvieron, poco después, otros 480 mil euros destinados a la "prensa democrática chilena": y nuevamente los contribuyentes italianos fueron obligados, sin saberlo, a mantener a la izquierda chilena.[32]

Siempre en 1988, una contribución de unos 420 mil euros terminó en un misterioso "Programa de desarrollo de la región de El Melocotón", en Chile, mientras otros 375 mil euros fueron a parar (a través de un Centro Crocevia) a un no mejor identificado programa ítalo-chileno denominado "Construyendo juntos".

Raro y aún más rarísimo, unos 260 mil euros fueron entregados a la embajada italiana en Santiago[33] para "socorrer las poblaciones dañadas por las lluvias torrenciales". ¿Por qué dicho dinero no fue directamente al Gobierno chileno y fue destinado a la embajada italiana? ¿Quizás para permitirle a la misma enfrentar los gastos de mantenimiento de cientos de "prófugos políticos" acogidos en sus extraterritoriales y elegantísimos salones?

Aún más raro, unos 6 millones de liras provenientes siempre de los contribuyentes italianos y para gastar en Chile, no se sabe con qué finalidad, "a continuación de negociaciones privadas".

A un Centro Regionale per la Cooperazione con sede en Reggio Calabria le dieron unos 500 mil euros para un "programa de búsqueda, intervención y formación en el sector alimentario". ¿Era necesario realmente que el pueblo italiano gastara esa suma para que los calabreses le enseñaran a los chilenos a cocinar?

Siempre en 1988, una organización de Bergamo, denominada CESVI, obtuvo 100 mil euros para "becas profesionales para ocho chilenos". ¿Quiénes eran dichos afortunados chilenos? ¿En qué instituto emplearon sus becas? ¿Por qué motivo debían ser apoyados por los contribuyentes italianos?

El 28 de julio de 1988, la Dirección de Cooperación para el Desarrollo aprobaba, en Roma, la entrega de 2,5 millones de dólares, siempre del bolsillo de los contribuyentes italianos, "para repatriar y reinsertar en su país [¡sic!] a los exiliados chilenos".

En 1989, una entidad romana conocida como Progetto Do-mani di Cultura e Solidarietá, recibió más de 500 mil euros para "desarrollar en Chile una comunidad agrícola mapuche", mientras 1 millón de euros fue a una "red chilena de conexión y transmisión de informaciones", a través de una Federazione di Organismi Cristiani di Servizio Internazionale Volontariato, de Milán. 

Casi un millón setecientos cincuenta mil euros, también pagados por los contribuyentes italianos, fueron destinados a Chile por un Comitato di Coordinamento delle Organizzazioni per il Servizio Volontario, para no precisadas "iniciativas sociales en el sector urbano".

Más de 500 mil euros de "ayuda humanitaria" fueron a la "formación de cuadros de los sindicatos chilenos", a través de una institución denominada ISCOS, que algunos meses después recibió otros 175 mil euros para el "desarrollo democrático de las relaciones industriales con Chile".

Y aún peor. El apoyo oficial dado por Italia a la oposición anti-Pinochet era tan clara, que los jardines y salones de la sede diplomática en Santiago, entonces conducida por el embajador Tomaso De Vergottini y su esposa, Anna Sofía, se llenaron rápidamente de "prófugos", "refugiados políticos" y "perseguidos" (¡más de 800 personas!), que nadie se preocupaba de informarse si acaso no fueran, en cambio, individuos que la policía buscaba por delitos comunes. Sucedía de todo en la embajada italiana, tanto que de hecho la población de Santiago la rebautizó "el prostíbulo". En un determinado momento las cosas se precipitaron: una muchacha fue encontrada asesinada y entonces, con o sin extraterritorialidad, tuvo que intervenir la policía chilena.[34]

 

 

    [1]Científico, escritor, editor y estadista americano (1706-1790). De su Poor Richard's Almanac.

    [2]Referente al abastecimiento de armas cubanas a los terroristas que respaldaban a Allende. Cfr. el libro Ojo: no tropieces en la misma piedra, de Miguel de Nantes, p. 31 (ed. Impresos Universitaria, Santiago, 1999) y el Libro Blanco del cambio de Gobierno en Chile, 11 de septiembre de 1973.

    [3]Cfr. Ian Greig, The Assault on the West (ed. Foreign Affairs Publishing Copygraph, Petersham, 1968), con comentario de sir Alec Douglas-Home, p. 167 y 207. Cfr., otro tanto, La Iglesia del Silencio en Chile, de la Sociedad Chilena de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad, Santiago, 1976, p. 214 y sig.

    [4]Cfr. William F. Jasper, Patriot Enchained, p. 32 (ed. The New American, New York, 1999). El número de 20.000 milicianos marxistas fue bastante preciso. Una confirmación al respecto la dio Carlos Altamirano, jefe de la corriente más extremista del Partido Socialista, en el curso de una entrevista remitida a la periodista Patricia Politzer. Cfr., al respecto, el libro Altamirano, de Patricia Politzer, p. 33 (ed. Melquíades, Buenos Aires, 1989) y el libro Indebido Proceso, de Hermógenes Pérez de Arce, p. 34-36 (ed. El Roble, Santiago, 1999).

    [5]Cfr. sitio Internet www.newaus.com.au/news93pin. De fecha 26 de octubre de 1988.

    [6]Cfr., entre otros, Ercilla del 1 de septiembre de 1971 y Chile's Marxist Experiment, de Robert Moss (ed. David & Charles, Newton-Abbott, Devon, England, 1973). La presencia de miles de terroristas y expertos en guerrilla provenientes de Cuba y de Europa fue confirmada por The Wall Street Journal del 23 de marzo de 1999, p. 12, artículo del historiador Robin Harris, autor del famoso A tale of two dictators, Pinochet and Allende, publicado en Londres en 1999. Simplemente ridícula es la opinión, ventilada por la televisión pública italiana, de que el "nacimiento de grupos terroristas clandestinos" pudo ser espontáneo (ninguna relación con Cuba y la KGB) y pudo verificarse sólo en los años '80 por reacción a quién sabe qué tipo de "crisis económica". Cfr. programa Correva l'anno, emitido por la RAI 3 a las 23:25 del 2 de enero de 2003.

    [7]Cfr. Mónica González, La Conjura (Ediciones B Chile, Santiago, 2000), p. 149 y sig. Cfr., otro tanto, Gonzalo Vial Correa, Pinochet, la biografía (ed. El Mercurio Aguilar, Santiago, 2002), p. 448, donde se especificó que gran parte del adiestramiento se realizó en Cuba, en el campo de Punta Cero, donde la vegetación era similar a la existente en algunas zonas de Chile.

    [8]Cfr. Mónica González, La Conjura (Ediciones B Chile, Santiago, 2000), p. 34.

    [9]Cfr. The Wall Street Journal del 12 de diciembre de 2000.

    [10] Cfr. Manuel Contreras Sepúlveda, La Verdad histórica (ed. Encina, Santiago, 2000), p. 26.

    [11] Cfr. Manuel Contreras Sepúlveda, La Verdad histórica (ed. Encina, Santiago, 2000), pp. 30 y 71-72.

    [12]Cfr. La Segunda del 22 de octubre de 1996 y Cfr. también Julio Canessa Robert y Francisco Balart Páez, Pinochet y la restauración del consenso nacional, p. 180-181 (ed. Geniart, Santiago, 1998) y Román Alegría, Del general de la esperanza a la desesperanza general, p. 143-146 (cinco fascículos publicados por la revista Hoy en los cuales se narra la historia del diario Clarín desde 1952 a 1973).

    [13]Cfr. Gianni Minà, Un continente desaparecido, p. 239-240 (ed. Sperling, Milán, 1995). Se trata de un libro todo elogios a Fidel Castro y a la guatemalteca Rigoberta Menchú, cuyo Premio Nobel de la Paz es divulgado con insistencia. Entre otras, se lee (p. 241) un reconocimiento por las "conquistas de las que Cuba socialista pudo enorgullecerse respecto a los otros países latinoamericanos" y se encuentra (p. 242) la citación de una divertida relación de Amnistía Internacional que, en 1993, clasificó a Cuba como "el país del continente donde se violan menos los derechos humanos".

    [14]Cfr. el volumen Vindicación de Cuba 1989, de AA.VV., p. 291 (ed. Política, La Habana, 1989), y Hermógenes Pérez de Arce, Indebido Proceso, p. 25 (ed. El Roble, Santiago, 1999).

    [15]Patricio De la Guardia Font fue luego condenado por Castro a treinta años de prisión a consecuencia de divergencias internas ligadas con el narcotráfico.

    [16]Cfr. Orlando Millas, Memorias 1957-1991 Una Disgreción, p. (ed. Ediciones Cesoc, Santiago, 1996) p. 186 y sig. de Gladys Marín, recién citada, fue célebre su viaje triunfal a Washington, huésped del Partido Demócrata, y el discurso que la misma pronunció en aquella ocasión, en plena guerra fría, sosteniendo las tesis de la Unión Soviética. Cfr. Julio Canessa Robert y Francisco Balart Páez, Pinochet y la restauración del consenso nacional, p. 275 (ed. Geniart, Santiago 1998). Cfr., otro tanto, www.pinochetreal.cl/persec1/cap2.html.

    [17]Muchos terroristas (al menos treinta) adiestrados en Europa y en Libia fueron mandados por Fidel Castro a la Argentina a bordo de un submarino soviético y, de allí, al cuidado de terroristas argentinos del ERP, prosiguieron hasta Chile. Cfr. Gonzalo Vial Correa, Pinochet, la biografía (ed. El Mercurio Aguilar, Santiago, 2002), p. 448.

    [18]Cfr. Conde Hans von Huyn, Victoria sin guerra, p. 281 (ed. Andrés Bello, Santiago, 1987) y Julio Canessa Robert y Francisco Balart Páez, Pinochet y la restauración del consenso nacional, p. 268 (ed. Geniart, Santiago, 1998).

    [19]Cfr. The Wall Street Journal del 2 de noviembre de 1998, p. 14, artículo del historiador James Whelan, experto en cuestiones sudamericanas.

    [20]Cfr. Alfonso Márquez de la Plata, Una Persecución Vergonzosa (ed. Andújar), pág. 98. Allí se precisa que análogas solicitudes a Moscú fueron presentadas en aquellos años también por Carlos Altamirano, del Partido Socialista chileno.

    [21]Cfr. John O. Koehler, Stasi, The untold story of the East German secret police (1999) West view Press, p. 311-315.

    [22]Cfr. Luis Heinecke Scott, Chile, crónica de un asedio, vol. I, p. 98 (ed. Santa Catalina, Santiago, 1992), El Mercurio del 7 de septiembre de 1986, Hermógenes Pérez de Arce, Indebido Proceso, p. 58-60 (ed. El Roble, Santiago, 1999) y Julio Canessa Robert y Francisco Balart Páez, Pinochet y la restauración del consenso nacional, p. 347 (ed. Geniart, Santiago, 1998).

    [23]Manuel Contreras Sepúlveda, La verdad histórica (ed. Encina, Santiago, 2000), p. 36-40.

    [24]Cfr. Julio Canessa Robert y Francisco Balart Páez, Pinochet y la restauración del consenso nacional, p. 348 (ed. Geniart, Santiago, 1998).

    [25]Cfr. Il Giornale del 23 de octubre de 1986, p. 3, artículo de Lucio Lami.

    [26]Cfr. Augusto Pinochet, Camino recorrido, II, p. 80 (ed. Instituto Geográfico Militar de Chile, Santiago 1998) y Gonzalo Rojas Sánchez, Chile escoge la libertad, p. 107 (ed. Zig -Zag, Santiago, 1998). Cfr., asimismo, Recopilación de los discursos del Presidente de la República, fascículos fechados 11 de septiembre de 1973, 11 de octubre de 1973 y 11 de septiembre de 1974.

    [27]Cfr. Cristián Opaso, Frei, Allende y la mano de la CIA, p. 31, 53-58 y 48-52 (ed. Ornitorrinco, Santiago, sin fecha), Teresa Donoso Loero, Historia de los Cristianos por el Socialismo en Chile, p. 19 (ed. Vaitea, Santiago, 1975), James Whelan, Desde las cenizas, vida muerte y transfiguración de la democracia en Chile 1833-1988, p. 673-674 (ed. Zig-Zag, Santiago, 1993) y Julio Canessa Robert y Francisco Balart Páez, Pinochet y la restauración del consenso nacional, p. 140 y sig. (ed. Geniart, Santiago, 1998).

    [28]Cfr. Il Borghese del 2 de octubre de 1988 y del 1 de abril de 1990. Las revelaciones de Il Borghese no suscitaron ninguna reacción por parte del Ministerio de Relaciones Exteriores ni por parte de las organizaciones interesadas.

    [29]Cfr. Il Borghese del 2 de octubre de 1988, p. 284.

    [30]Otro diario chileno que recibió ayuda financiera italiana fue el famoso Fortín Mapocho, órgano de la extrema izquierda. Este crédito resultó, sin embargo, una equivocación cometida de buena fe: tanto que suscitó hilaridad en los círculos diplomáticos de Santiago.

    [31]La histeria anti-Pinochet unió fuertemente a los tres sindicatos italianos Cgil, Cisl y Uil hasta el extremo de inducirlos a proponer que a los llamados "prófugos" chilenos les fuese dada prioridad absoluta, por parte de nuestras oficinas de colocación, en las asignaciones de puestos de trabajo. En perjuicio, naturalmente, de los desocupados italianos.

    [32]Estas órdenes confirmaron que en el Chile de Pinochet la prensa de la oposición disfrutaba de plena libertad. La prensa marxista o católico, comunista, financiada también por el extranjero, era en efecto libremente vendida en los kioscos.

    [33]"Embajada", así dijo la comunicación oficial. Pero en realidad, desde el día en el cual el poder pasó a las manos de Pinochet, Italia no tuvo en Chile un embajador sino un agregado comercial: Italia consideró indigno de una verdadera representación diplomática una dictadura militar, mientras consideró muy dignas a las dictaduras comunistas.

    [34]Cfr. Il Borghese del 25 de marzo de 1990 y el programa Correva l'anno, emitido por la RAI 3 a las 23:25 horas del 2 de enero de 2003, en el curso del cual fue entrevistada la señora Anna Sofía de Vergottini: según su opinión (que sin embargo no aportó pruebas), esa muchacha fue torturada y asesinada fuera de la embajada y luego tirada más allá del muro de contención. El número de 800 personas huéspedes en la embajada italiana fue confirmado, en el 2000, por el embajador italiano Milo Barbarani. Cfr. Corriere della Sera del 12 de marzo de 2000, p. 10.

 

 

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