Año 5  Nº 49

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RAÚL HERMOSILLA HANNE

Una actitud ejemplar

Por Raúl Hermosilla Hanne (Ralph)

 

Este mes era una de esas ocasiones en que no había pensado ni me preocupaba mayormente el tema sobre el cual escribiría mi columna mensual. Sin duda en el subconsciente tenía claro que tratándose de la edición de septiembre me referiría a la necesidad que hubo en su época del pronunciamiento militar del once, de los enormes e incuestionables beneficios que trajo al país el gobierno que de él surgió, y de la conveniencia, después de 30 años, de cerrar los casos de violaciones de los derechos humanos, costo desgraciadamente necesario que deben pagar todas las sociedades democráticas cuyas instituciones o personeros no resultan capaces de solucionar políticamente sus problemas, especialmente aquellos relativos a la observancia de la constitución y la vigencia del estado de derecho, que las pone en riesgo de sucumbir a manos del terrorismo internacional.

Había encendido recién mi computador para comenzar a escribirla, pero antes y como siempre lo hago, revisé mi correo electrónico y en él encontré el despacho de un amigo, conteniendo el texto de una reciente intervención de un oficial militar argentino en un acto realizado en el Círculo Militar, en Buenos Aires.

Resolví que la mejor contribución que podría hoy hacer yo a la causa de la Patria, por la que perdieron sus vidas, sus carreras, sus familias, y tantas otras cosas tantos militares chilenos, era usar mi espacio para reproducir las expresiones del Capitán Carlos Augusto Franceschi, que copiaré textualmente. Este oficial habló de manera sorpresiva, luego de que lo hiciera el Coronel Carlos Alberto Anún para recordar al Teniente Mario Asúa y al hecho en el cual perdiera su vida. Se procedió a la colocación de una ofrenda floral y a la entrega de un recordatorio a la esposa del fallecido militar, Dra. Elsa Giardella.
 
Pero luego ocurrió el acontecimiento que está dando que hablar porque tomó el micrófono Franceschi, reconocido como un oficial de Infantería muy recto, muy militar, a quienes los cadetes de la Promocion 99 tomaban como ejemplo. El Capitán Franceschi, quién fue jefe de la compañía cuando el homenajeado cursara el Colegio Militar, dijo:


    Con la verdad, tan esquiva hoy, recordamos a nuestro amigo y compañero Tte. 1º Mario César Asúa y también a nuestro soldado Hugo Alberto Vacca, el conductor del vehículo en el que viajaba el Tte. 1º Asúa.
     
    Vacca fue salvajemente baleado, quedando hemipléjico y falleció 4 años más tarde. Es nuestro deber homenajear a nuestros héroes muertos en la guerra contra la subversión y el terrorismo. El Tte. 1º Asúa basó su vida en el amor a su prójimo, a su familia, a su Ejército, a su Patria y a Dios. En el amor al servicio.
     
    Los ejecutores del odio lo asesinaron por ser como era. Por vestir el uniforme de la Patria. Por ser militar. Fue sacrificado. Desde entonces lloramos ocultos este holocausto. A partir de hoy no lloraremos más en la oscuridad ni a escondidas. Desde hoy llamaremos a las cosas por su nombre y diremos al pueblo la verdad y sólo la verdad.
     
    La actualidad nos exige declarar con firmeza y en voz alta: "Basta". Basta de mentir, basta de engañar al pueblo, basta de atacar a las instituciones fundacionales de la República.
     
    Declaramos: no somos asesinos, no somos genocidas, no somos violadores, no robamos niños, no asesinamos a nadie por la espalda, no matamos a nadie que esperaba un colectivo y no nos ensañamos asesinando niños. No implantamos el terrorismo de estado, que se inició en un gobierno democrático en 1973. Combatimos y vencimos a un enemigo solapado que atacaba a la República.
     
    Esos son los ejecutores del odio y la venganza que asesinaron al Asúa, son los que juzgaron a los vencedores de la guerra contra la subversión y el terrorismo con leyes posteriores a los hechos que ellos mismos ordenaron ejecutar y cómo hacerlo.
     
    Son los que pagan a los traidores a la patria. Son los que pagan a los que atacaron a su pueblo. Son los que pretenden sacar a Dios de nuestras vidas y para ello intentan quitarnos a nuestros obispos. Son los que niegan a nuestras mujeres el derecho a la palabra. Porque hoy en la Argentina decir la verdad es delito y mentir tiene premio en dólares.
     
    El ataque a las instituciones fundacionales de la República es posible porque los que tienen el deber de defenderlas no lo hacen. Llamemos a las cosas por su nombre.
     
    El que niega o desconoce la trágica guerra, el que quema reglamentos o esconde pruebas que sirven para aclarar los hechos sufridos por nuestra Argentina, se llama "traidor".
     
    Al enemigo le reconocemos el derecho a luchar por sus ideas, a los traidores no les permitimos ni llamarse nuestros camaradas.
     
    En nuestro mártir recordamos a todos los asesinados por los delincuentes terroristas... a todos los que fueron vilmente asesinados por el odio. La Patria no se hace con palabras tibias... Se la hace trabajando decentemente, se la hace invirtiendo y no llevándose el dinero al exterior ni entregando instituciones, se la hace dando el ejemplo..., no revolviendo basura como "el perro", y menos aún como el impresentable que hace lo que le dicen desde la Fundación Ford a través de su maestro en terrorismo y su madre putativa. Señores como estos se arrogan el derecho de juzgarnos.
     
    No fueron, no son y no serán jamás "jóvenes idealistas" los ejecutores del odio que asesinaron al Tte 1º Asúa, fueron, son y serán "asesinos terroristas" que atacaron a la República y a su pueblo y ejecutaron los crímenes más horrendos. ¿O es que olvidamos a Larrabure y a tantos otros torturados en la tristemente célebre "cárcel del pueblo"?
     
    No olvidamos a nuestras familias, a nuestros hijos que no sabían si volveríamos cada vez que salíamos de casa, que preguntaban a sus mamás si el próximo será papá, a nuestros amigos que corrían la misma suerte que nosotros por ser nuestros amigos y a todos aquellos que supieron dar la vida en defensa de las instituciones de la República.
     
    No justificamos la delincuencia del proceso político-económico iniciado bajo la sombrilla del gobierno militar, todo lo contrario, pero eso no es causa para que mientan y ataquen a las FFAA.
     
    Si la República tiene un sistema de libertad es gracias a estas instituciones. Mienten al decir que con esta mal llamada democracia se come, se cura, se vive, se educa y no sé qué más. Hoy sabemos que eso es falso. Hoy sabemos de la mentira que condena sin juicio, de las detenciones por orden del "poder político". Hoy sabemos de 100 niños que por día mueren de hambre, hoy sabemos del bajo nivel de educación, hoy sabemos de los enfermos sin atención y sin cura. Hoy sabemos de la mitad del pueblo en la miseria y sabemos hoy de no tener derechos ni siquiera para ir al mercado porque nos matan como moscas o nos secuestran o nos roban.
     
    A aquellos "jueces dependientes" y parciales que anteponen sus intereses a la sagrada misión de decir justicia les decimos que en un mañana no lejano deberán rendir cuenta de sus actos como injustos magistrados y quizás también como traidores a la Patria. Su obligación es exigir el cumplimiento de las leyes y enjuiciar a quienes cometen delitos, no cumplir órdenes o directivas de otros poderes.
     
    Si en ello os va la vida, tendremos el orgullo de decir la Argentina ha dado un santo más a la defensa de la República. Hoy pareciera que la guerra revolucionaria ha recomenzado, por ahora subrepticiamente como en todo conflicto, con palabras, la mentira y el engaño que son las primeras escaramuzas.
     
    El enfrentamiento violento se produjo a partir de 1970 ¿Qué pasará? ¿Estamos preparados? Pretenden convencernos que el pueblo quiere una patria socialista. La mayoría no lo aceptó ayer y no lo acepta hoy. Lucharemos por nuestra Argentina libre, lucharemos por Dios Uno y Trino, lucharemos por nuestra libertad. Lucharemos por nuestro derecho a la vida desde la gestación, lucharemos por nuestra privacidad inviolable, lucharemos por nuestra familia intocable y por nuestra bandera celeste y blanca.
     
    El adversario sigue la lucha utilizando a las instituciones como escudo, la democracia como cobertura. Tenemos el deber de dar este "buen combate" por Dios, por la Argentina, por las FFAA, por nuestros héroes muertos o presos, por nuestras familias y por los hijos de nuestros hijos. Lo haremos con la constitución y las leyes y triunfaremos. Podemos y lo haremos. No hay excusa para ninguno. Todos debemos dar nuestro "¡presente!" Y nuestro testimonio.
     
    A los civiles que permanentemente alzan su voz en defensa de sus soldados les agradecemos de corazón. Son nuestros invitados de honor, sabemos que comparten nuestro dolor.
     
    Soldado Hugo Alberto Vacca, Teniente Primero Mario César Asúa, descansen en paz, sus camaradas no entregarán la bandera por la que dieron la vida enseñándonos el camino. Muertos pero no derrotados. Cristo vence y la Mariana Patria Argentina triunfará.
     
    Teniente Primero Mario César Asúa....... ¡Presente!
    Soldado Hugo Alberto Vacca........ ¡Presente!


No se puede determinar si fortuita o intencionalmente, le fue cortado el micrófono, no obstante lo cuál continuó con su exposición a viva voz.

Cuando finalizó, retornó el sonido y habló una autoridad del Círculo Militar quién criticó por "extemporáneo" y "de tinte político" el discurso en cuestión y que "no formaba parte del programa" elaborado para el homenaje de referencia. Las palabras del Capitán Franceschi fueron interrumpidas en reiteradas oportunidades por aplausos de los concurrentes. Franceschi, en otra parte de su elocución manifestó:
 
Los terroristas fueron juzgados y encarcelados durante los años '71 al '73... pero el 25 de mayo de 1973, el presidente electo Cámpora, a instancia de su ministro Righi, firmó el decreto de amnistía total para los terroristas y delincuentes comunes. Fue así que los guerrilleros, recuperada la libertad, redoblaron sus atentados, sus secuestros, asesinatos y se ensañaron principalmente contra aquellos que los habían juzgado, como el juez Jorge Vicente Quiroga. Lamentablemente, durante el gobierno de Perón y el de Estela Martinez de Perón, muchos jueces no quisieron arriesgar sus vidas juzgando a sus futuros mercenarios.

 

 

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