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Hermógenes Pérez de Arce
Su columna semanal en el diario EL MERCURIO
El problema es la Concertación
Miércoles 31 de mayo del 2006
La Concertación es el problema. Durante más de 16 años ha extraído a los contribuyentes más y más recursos para educación, hasta casi cuadruplicarlos, en términos reales.
Casi dos tercios de los padres de alumnos de la educación particular pagada están contentos con ella. Y si no lo están todos, es porque el Estado interfiere
en los programas e impide que los particulares desarrollen los propios, que con certeza serían mejores. A la vez, más de la mitad de los padres de alumnos de la
educación particular subvencionada están satisfechos con ella. El porcentaje de satisfacción es menor, porque el Estado interviene en las escuelas subvencionadas más que en las pagadas, y empeora las cosas. En fin, más de
dos tercios de los padres de alumnos de la educación pública, que está en manos del Estado, están descontentos con ella.
Entonces, ¿cuál es la solución que propone la corriente dominante ante las
huelgas estudiantiles? Como estamos en Chile, donde no impera la lógica, propone minimizar o suprimir la educación particular, que satisface a la mayoría, para dar
recursos y atribuciones adicionales al Estado, con cuya labor educacional más de dos tercios están descontentos.
Luego, este problema no lo puede arreglar la Concertación, porque la
Concertación es el problema. Durante más de 16 años ha extraído a los contribuyentes más y más recursos para educación, hasta casi cuadruplicarlos, en términos reales. ¿Y cuál ha sido el resultado? Los alumnos siguen fracasando
en las pruebas de rendimiento y están a la zaga en las comparaciones internacionales. ¿Por qué? Porque los recursos terminan beneficiando a la burocracia vinculada a la educación, y no a la calidad de la misma.
¿Cuál es la solución? Casi no me atrevo a mencionarla. Es políticamente innombrable. Pero es obvia. Si los padres que tienen recursos para educar a sus hijos pueden conseguir buenos colegios para ellos y están satisfechos de los
resultados, la solución es darles a las familias que no tengan suficientes recursos los fondos que les permitan elegir los colegios para sus hijos. Las familias elegirían
los mejores colegios, los colegios competirían por ser mejores y los resultados serían muy superiores. Como que, en este momento, los alumnos de la educación particular pagada chilena están en el nivel de los de Europa y Norteamérica. El
desastre está en aquella parte de la enseñanza que controla el Estado.
Hace unos años la publicación "Temas públicos", de Libertad y Desarrollo, divulgó un estudio muy notable, según el cual, si teóricamente pudiera repartirse entre
los pobres todo el gasto social destinado a ellos por el Estado, ¡no habría pobres! No lo cito con mayor precisión porque en este momento estoy lejos de mis archivos. Pues bien, ese cálculo, referido a educación, estoy seguro de que
arrojaría como resultado que todas las familias chilenas pobres podrían recibir un bono o "voucher" representativo de lo suficiente para educar bien a sus hijos. Y,
a lo menos, todos éstos, cuando adultos, entenderían lo que leyeran, y no como ahora, en que el 80 por ciento no entiende lo que lee.
También esa solución convertiría a Chile en un país más libre y democrático. Pues
la democracia es el gobierno del pueblo, y para que éste gobierne de verdad, cada uno de sus integrantes debe comenzar por ser capaz de gobernarse libremente a sí mismo. Un paso en esa dirección sería darle a cada jefe(a) de
hogar la libertad de elegir la educación para sus hijos y, si fuere pobre, los recursos para financiarla. Pero aquí ya han gobernado durante 16 años los enemigos de dar más libertades a los chilenos. Mucho me temo que aprovechen
este conflicto para arrebatarles las pocas que, en materia educacional, se han salvado de la voracidad burocrática estatal.
¡Viva la irresponsabilidad!
Por Álvaro Bardón
El Mercurio, 13 de abril del 2006
Usted, joven, tiene que ser empleado público, así que inscríbase en el partido político de turno; además, tiene que aprender la verdad oficial revelada, y así no correrá riesgos.
Los valores e incentivos que se transmiten a los niños y jóvenes por el Estado, la ley y los políticos, promueven el ocio, la irresponsabilidad, la pobreza y hasta la delincuencia. Así vamos a ser desarrollados el día del níspero.
Veamos esta nueva exageración (mi especialidad).
"Ganarás el pan con el sudor de tu frente", nos dijeron al salir del Paraíso. Pues bien, aquí nos prohíben trabajar más de unas horitas, incluidas las
extraordinarias; el fin de semana, algo, medio a la mala, al igual que los pololitos en el comercio. Si está en edad escolar, jamás, aunque en su casa falte pan. Si
usted es joven, lleno de vida, o pobre y quiere progresar, haga cualquier cosa, menos trabajar. ¿No ve que laborar corrompe, lo indisciplina y le enseña sólo inutilidades?
Otra exageración: todo lo que huela a plata es perverso capitalismo. Si ahorra, es un amarrete; si presta plata, un usurero; si forma una empresita, un explotador.
Usted, joven, tiene que ser empleado público, así que inscríbase en el partido político de turno; además, siga el dogma de los rígidos programas de estudio, las
pruebas oficiales y las carreras que ya estamos uniformando con la acreditación; tiene que aprender la verdad oficial revelada, y así no correrá riesgos. Éstos ya los tenemos bajo control, y vamos a una red de protección social que los
eliminará; no se preocupe, porque el Estado le dará todo: pega, salud, educación, vivienda, pensión e, incluso, aquello. No se le ocurra leer algo de economía y de
la escasez. Ya las tenemos prohibidas en los textos oficiales, al igual que las patrañas del libre emprendimiento.
Las notas del colegio se suben y emparejan, y todos pasan de curso. El competir
es malo, así como el destacar. Ahora, puro cuoteo. Si usted roba un poco en los supermercados o en derechos de autor, no le sale ni por curado; más aún, se lo protege con el nombre N.N. y se le tapa la cara, para que no lo vean en la TV.
Los delincuentes tienen más derechos que usted y están escritos a la vista del público en las comisarías. Los carabineros ya no detienen a los sospechosos y
casi no portan armas, al igual que los ciudadanos honrados. Ahora se defienden con hondas o arrancan de las situaciones peligrosas, para que no les metan sumarios y los saquen del servicio.
—Ya sabís pos'cabro, tendríai que ser gil pa'trabajar, estudiar o emprender. El "agarra-aguirre" es la orden, y el Estado te protegerá de todo riesgo, palabra que vamos a sacar del diccionario de la Real Academia, pa'lo que ya estamos
hablando con los socialistas españoles.
¿Y en qué nos vamos a entretener a los jóvenes?
En el sexo, que ahora se promueve desde niños en los colegios y con variados
aparatos que se reparten gratis, es decir, pagados por nosotros. ¡Viva la libertad sin responsabilidad ni respeto por el prójimo! Es lo que nos distingue de los tontos
liberales, que ven la superioridad de la pareja aprendida por evolución, luego del viejo circo pornográfico a la vista en los museos. La pareja parece ser la forma
mejor de reproducción, y hasta hay estudios que sostienen que la probabilidad de ser pobres es cinco veces más alta cuando sólo está presente un padre (o madre). Pero, ¿qué importa la pobreza, si el Estado se hace cargo de ella?
¿Para qué predicar la responsabilidad en el uso de drogas y educar a los jóvenes, cuando, como se ve, todo está resuelto con la ley represiva que prohíbe su tráfico y consumo o pone restricciones a la venta? Es como con la pobreza y el
desempleo, o el riesgo en general: hacemos una ley, y cero problema. ¿Para qué servirá la libertad?
Pasado, presente, breve mirada
Reacción Chilena (www.reaccionchilena.cl)
De acuerdo con lo establecido en la Constitución Política de la República de Chile las Fuerzas Armadas y de orden deben ser prescindentes de la actividad política
partidista, además de obedientes al poder civil.
Y estamos de acuerdo con estas sabias y sanas restricciones que ha puesto el legislador para aquellos a quienes el Estado entrega el inmenso poder que implica
el "monopolio" de las armas para que defiendan nuestras fronteras y cautelen la seguridad de la ciudadanía. Tiene además como motivación esta prescindencia, proteger los valores espirituales de la Nación y la "reserva moral" de la Patria.
Creemos que en lo anterior no existen muchas voces que opinen de distinta manera, pero en lo que no estamos de acuerdo es que por parte del Poder Ejecutivo se "politice" estas instituciones, ya sea por la vía de los ascensos a
grados superiores, o, sea por la vía del "chantaje" para la autorización de adquisición de elementos vitales para el cumplimiento de sus funciones o por la vía de los "halagos" para obtener de ellos obsecuencia.
Estas instituciones crean tal sentimiento de pertenencia, que es común que los funcionarios, de cualesquier grado se sientan de por vida integrantes de ellas y que aunque estas los hayan abandonado, dejado botados después de haberles
"ordenado" cumplir con el deber sagrado de defender a la Patria.
Lo anterior, recordemos, cuando Chile se encontraba en peligro externo, por las garras del Imperialismo Soviético, e interno por una "quinta columna" que
funcionaba como "zombis" en el acatamiento de las ordenes del Imperio Rojo. Esta "pertenencia" posiblemente explique la pasividad con que se han dejado "acorralar" los "responsables" de haber tenido que enfrentar bélica y
policialmente a aquellos que querían convertir al país en una segunda Cuba ó en el hermano menor de la, en ese entonces poderosa, URSS.
Lo que nos llama la atención es que hasta justifiquen el accionar, no
necesariamente movido por el desarrollo de las instituciones, de las Jefaturas "en servicio", que actúan como pieza "importante" de los afanes de poder de ciertos
grupos de la "clase Gobernante", sin "defender" las motivaciones que provocaron el "golpe de Estado" ni tampoco exponer a la ciudadanía la inmensa labor que tuvieron que hacer, en la que por cierto hubo víctimas, para garantizar la
tranquilidad de las grandes mayorías de la ciudadanía y poner en marcha un país que estaba destruido, recomponer un sistema público que estaba demolido, reconstruir un sistema institucional que había sido arrasado.
Con toda sinceridad, creemos que los "retirados" no solo tienen el derecho a defender esta obra magnifica, tienen el deber de reivindicar una historia que está
siendo falsificada falazmente y por cierto tienen la obligación de defender a sus "compañeros" que son perseguidos de manera inmisericorde por el solo delito de
cumplir con sus obligaciones y de haber salvado a la Patria de lo que habría sido una feroz dictadura del proletariado, que nos querían imponer aquellos que nos han demostrado solamente afanes de poder y riqueza.
Todos fuimos
Por Gonzalo Vial Correa
La Segunda, 18 de abril del 2006
La trágica muerte de Hans Pozo, el descuartizado de San Ramón, ha puesto también a la luz su no menos trágica vida. Verdaderamente, no hemos sabido de ésta sino por aquélla. Los pormenores de existencia tan mínima y cruel, han ido
apareciendo en la prensa. Una completa investigación de Gazi Jalil en El Sábado, el 15 de abril, los sintetiza.
Deben movernos no a compasión (¿para qué le sirve ésta, hoy, a Hans Pozo?),
sino a reflexión. Porque el descuartizado tenía veinte años, habiendo nacido, pues, alrededor de 1985. Terminaba entonces la gran crisis económica de 1982, se reponía triunfalmente el sistema de libre mercado, y agonizaba el régimen
militar. Cuando Hans cumpliera dos años, empezaría la década más próspera de la Historia de Chile, doblando el país durante ella su tamaño material, crecimiento que después —en menor escala— no ha cesado. Cuando Hans cumpliera cuatro
años, volvería la democracia en alas de la Concertación.
¿Podremos llamar a Hans Pozo un joven de la Concertación? Sería justo, y a la vez injusto. Justo, porque bajo el concertacionismo —y en parte importante por su culpa— se
han dado los factores sociales que llevaron a esta muerte prematura y atroz.
Injusto, porque esos factores integran un conjunto, un modelo de sociedad, que aceptan transversalmente muchos que no son concertacionistas... o que creen
no serlo. Forman el establishment del Siglo XXI chileno, tan ajeno a la realidad del país actual como nuestra vieja y satisfecha oligarquía de hace cien años exactos,
bajo cuyos pies se desmoronaba a pedazos la sociedad de la época sin que se diera cuenta.
En la oligarquía o establishment de hoy militan todos los que —creyéndose o
diciéndose de izquierda, centro o derecha— veneran y usufructúan del Chile jaguar, cuya ley moral es el mercado. Y del Chile que crece con equidad y que ha dado saltos enormes combatiendo la pobreza. Y del Chile progresista, diverso,
libre de los antiguos prejuicios, y que acepta las opciones, cualesquiera sean, y las libertades sin límites.
Ahí están, sonrientes y revueltos en las fotos de prensa, los políticos sin ideas
sociales, salvo los lugares comunes del progresismo; los empresarios que hacen tan buenas migas con los ex revolucionarios; los ex revolucionarios que hacen tan buenas migas con los directorios de grandes sociedades; los sacerdotes
avanzados y sus feligresías de criterio amplio; los columnistas, opinólogos, intelectuales, cineastas, artistas y faranduleros que miran la sociedad con ojos modernos... Se les ve alegres, se encuentran a gusto, les va bien.
Pero hay más. Todos nosotros, los privilegiados —los que tenemos ingreso razonable, buen colegio caro para nuestros hijos o nietos, casa y auto, ISAPRE y AFP—... todos en cierto modo le hacemos la ronda al establishment (aunque no
pertenezcamos a él) y aplaudimos su jolgorio, porque económicamente dependemos de esa gente satisfecha.
Los Hans Pozo, no. No están contentos, no les va bien, no se hallan a gusto. Les faltan cosas esenciales:
1. La familia. Pozo era hijo ilegítimo, de padre perdido y que nunca conoció. Su madre, con nuevo cónyuge o conviviente, y nuevos hijos, le tomó invencible distancia, quizás por su físico distinto (Me gustaría ser moreno. Por rubio me botó
mi mamá, dijo a una profesora), lo castigaba —afirman— excesivamente, y concluyó entregándolo a unos tíos. A los cuatro años.
Los tíos lo acogieron con afecto... hasta que, preadolescente, comenzó a
robarles, y lo echaron. Lo aceptó entonces caritativa y cariñosamente una familia extraña, evangélica... hasta que también empezó a robarle, y lo echaron. Desde entonces careció absolutamente de hogar, pasando por una caleta de acogida de
jóvenes marginados, piezas que le prestaban (y de las cuales asimismo debía salir por sustracciones cometidas), y finalmente un camión de feria...
(Por lo demás, una vivienda social no mejora excesivamente a un camión de feria:
Los edificios chatos y feos del sector, fueron entregados en 2002 por el Serviu —dice El Sábado—. Allí viven feriantes, empleadas domésticas y obreros de la construcción, apretujados en pequeños departamentos por donde se filtran los
ruidos de las piezas vecinas, los olores del almuerzo y la humedad del invierno. De cualquier modo, un lujo —el departamento— que Hans Pozo nunca alcanzaría).
El año 2005 intentó restablecer contacto con su madre. Sus medio hermanos lo impidieron. Lo echaron a gritos e insultos, cuenta un vecino (El Sábado).
Esto es lo primero que le falló a Hans Pozo, entonces. Careció de familia (y aún
de techo). Quienes, con buena voluntad y sacrificio, quisieron darle hogar de remplazo, fracasaron. ¿Por qué? Porque no eran autoridad para él, y además tenían distintos intereses que cuidar... sus propias familias, su propio bienestar.
Hans Pozo podía ser legítimamente sacrificado a esos intereses, y lo fue. La única parte donde no hubiera habido interés MAYOR QUE EL SUYO, hubiese sido SU familia. Y no la tuvo.
La Concertación tiró desde el primer momento la esponja respecto a la familia... padre y madre legalmente casados, y su prole. La dio, la da, por destruida y muerta. No la ha protegido en nada; tenerla y mantenerla con enorme sacrificio,
no significa para los chilenos pobres del 2006, ninguna ventaja, NI UNA SOLA. Incluso el concertacionismo ha cometido la torpeza de asimilarla a cualquier grupo
que viva junto (grupos respetables en sus problemas... pero que no son familias). Abandonar hoy la mujer o un hijo, es gratis y queda totalmente impune. Peor aún,
en el primer caso, se premia haciendo de esa maldad causa legítima de divorcio. Esta ley, la de divorcio, y la que iguala (falsamente por lo demás) los hijos nacidos dentro o fuera del matrimonio —legislaciones de las cuales la
Concertación y la derecha progresista se enorgullecen—, son verdaderos y gigantes avisos publicitarios, que dicen a los sectores desposeidos: El matrimonio no es nada; los hijos nacidos dentro de él tampoco son nada.
2. A los dieciséis años Hans Pozo vivía con una muchacha, a los diecinueve era padre... y a la misma edad había abandonado a madre e hija. La Concertación puede apuntar ésta, también, entre sus culpas. Durante dieciséis años no ha
hecho sino promover, con sus campañas, el sexo adolescente, siempre que fuera seguro. Vale decir, la promiscuidad. La última publicidad, gigantografías en los microbuses, muestra una escolar DE UNIFORME haciendo el signo del condón,
sobre un fondo que describe diversas posturas posibles de coito. Objeto perseguido: prevenir el SIDA y el embarazo juvenil, que no han hecho sino aumentar, el segundo en términos ya incontrolables.
Así van entrando al mundo los Hans Pozo del futuro. Y del presente: En la villa (donde vivía el descuartizado) hay decenas de jóvenes como él... decenas de historias similares (El Sábado).
3. La infeliz víctima mostró inclinación a educarse. Llegó a completar primer año medio... ¿pero dónde? En un colegio que recibe a niños... echados de otros establecimientos, con problemas delictivos o víctimas de violencia intrafamiliar y
abusos, declara un profesor. Y agrega: Un 70 por ciento ha probado alguna vez la pasta base... Por eso, más que darles conocimientos, les entregamos formación valórica (El Sábado).
Abnegados, afectuosos maestros a quienes se confiere una misión imposible. Pero si Hans Pozo hubiera sido aceptado en un colegio municipal de los comunes, tampoco le hubiera sido de ninguna utilidad. Pues en dieciséis años, y con un
gasto de miles de millones de dólares, Chile y sus expertos pedagógicos no han podido generar educación gratuita QUE SIRVA PARA ALGO.
4. ¿Trabajos? Hans Pozo sólo los consiguió de ínfima categoría, de aquellos sin
estabilidad y que no exigen ninguna destreza. ¿Y cómo había de ser distinto, sin familia, sin formación, sin preparación... sin siquiera techo? En democracia, el
desempleo de ese tramo de edad, ha tenido una tasa DOBLE de la general. Y peor en los sectores de pobreza.
5. Finalmente, Hans Pozo fue capturado por la droga. Otro gran fracaso del país,
que ha visto crecer aterradoramente un consumo que, hace tres décadas, se puede decir que no existía. Hoy es la última estación del vía crucis de los jóvenes desposeidos.
Exige dinero, y de allí la vida de pequeños latrocinios y fugaces pasos por la cárcel del muchacho, y su inexorable decadencia física. Había sido extremadamente limpio y ordenado. Se bañaba... le gustaba andar aseado,
recuerda la segunda familia que lo acogió. Ahora —anota una ex maestra— lo encontré tan flaco y desaseado... tenía una mirada caída y me decía: no mami, si no estoy flaco, estoy bien.
Le quedaba una cosa por vender: su cuerpo. Lo entregaba por dinero a homosexuales, sin serlo él. Oh, feliz conjunción del mercado y la progresista diversidad de las opciones. ¡Un hombre adulto que compra el sexo de otro, por
qué no, en el reino de las libertades!
Así marchó Hans Pozo a la muerte. Pero ¿quién fue, quién lo mató? Todos los miembros o satélites del establishment... todos fuimos, todos lo matamos. Todos
lo descuartizamos. Todos le habíamos quitado su identidad —aún antes de arrancarle las yemas de los dedos—, habíamos hecho del niño rubio, quizás ilusionado, del chileno, del ciudadano, un ente confundido, carne de presidio y de
droga. Tuvimos tanta piedad de él como sus asesinos directos. Sólo el Señor Dios lo ha hecho entrar sin duda a su Gloria (¿qué pecado hubiera necesitado perdonarle?), pero ni siquiera en eso ayudamos.
La Concertación tiró desde el primer momento la esponja respecto a la familia... padre y madre legalmente casados, y su prole. La dio, la da, por destruida y muerta.
Debate sobre un "punto final
El Mercurio, 5 de abril del 2006
Puede no haber "punto final" explícito a favor del extremismo de izquierda, pero la no disposición a perseguirlo equivale a lo mismo.
Al conmemorarse un nuevo aniversario del asesinato del senador Jaime Guzmán
por miembros del FPMR, brazo armado del Partido Comunista, el presidente de la UDI, senador Jovino Novoa, demandó de la Presidenta de la República "su
compromiso de que no habrá "punto final" y de que el Gobierno hará todo lo necesario para evitar la impunidad" en el referido asesinato. De hecho, ninguno
de los responsables del crimen cumple condena. Los que habían sido alcanzados por el brazo de la justicia se fugaron del penal en circunstancias vergonzosas
para las autoridades, por la facilidad con que lo hicieron. El autor intelectual del asesinato, Galvarino Apablaza, máximo jefe del FPMR, goza en estos momentos
de libertad en la República Argentina. Los esfuerzos por conseguir su extradición parecen hasta ahora inefectivos, y el Gobierno chileno no ha dado señales demasiado propicias para convencer a Argentina de proceder a la entrega del
referido sujeto, pues la Presidenta Bachelet designó como subsecretario de Aviación, precisamente, a un uniformado en retiro que había suscrito una carta pública oponiéndose a la extradición y demandando al país vecino conceder asilo
al prófugo.
Sin embargo, el vocero del Gobierno, Ricardo Lagos Weber, ha replicado a Novoa señalando que nadie en el oficialismo ha hablado de punto final. "Los puntos
finales que hemos escuchado en Chile son de aquellos que no quieren que se haga justicia respecto de los detenidos desaparecidos", ha agregado.
En realidad, es difícil encontrar en nuestro país a alguien opuesto a que se haga
justicia en cualquier caso que sea llevado ante los tribunales, pero los criterios para definir lo que es "hacer justicia" son muy dispares. En un Estado de Derecho
se entiende que la justicia se basa en establecer la verdad de los hechos y en aplicar las leyes. En el caso del asesinato del senador Guzmán se han establecido los hechos, pero, al intentarse aplicar las leyes, los encargados de ello han
fallado, resultado de lo cual ha sido la impunidad de los responsables. Cuando uno de ellos, prófugo, apareció haciendo llamados a su familia desde Cuba, la dictadura de esa isla respondió con evasivas, y los gobernantes de la
Concertación nunca ejercieron presión para determinar su paradero.
Otro cayó a raíz de un secuestro cometido por él en Brasil, pero eso sólo puso de manifiesto la falta de determinación para perseguirlo por parte de la autoridad
chilena, pues viajaba libremente por el continente.
En el caso de Apablaza, asimismo, la impunidad persiste hasta ahora. Otro tanto cabe decir de quienes asesinaron al comerciante y dirigente poblacional de la UDI
, Simón Yévenes, de lo cual se cumplieron 20 años el domingo. Los autores fueron subversivos del mismo brazo armado comunista, y hasta hoy permanecen, igualmente, prófugos e impunes. Otros de los sindicados por su participación en el
asesinato del senador Guzmán, que en determinado momento estaban siendo cercados por efectivos de Investigaciones, hace algunos años, fueron puestos sobre aviso por la intervención de otros miembros del mismo servicio, y se
fugaron. El cuestionable procedimiento policial terminó, paradójicamente, en la separación de su cargo del funcionario que había ubicado y cercado a los subversivos. Nunca más se supo de ellos, aunque en el caso de al menos uno,
Juan Gutiérrez Fischmann, la justicia sospecha que también se halla refugiado en Cuba.
Puede no haber "punto final" explícito a favor del extremismo de izquierda, pero la
falta de diligencia y disposición para perseguirlo equivale a lo mismo.
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