Año 6  Nº 57
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LA ÚNICA SALIDA


Los acontecimientos recientes en materias de DD.HH., incluidos por cierto los dolorosos e injustificables yerros cometidos en la identificación de restos de DD.DD. del patio 29, por parte de medios y autoridades oficialistas y el ocultamiento y manipulación de información al respecto, por prolongados periodos, han propendido – no obstante la aparente confusión de los sucesos - a aportar con una cuota importante de claridad y sinceramiento a tan conflictivas materias.

La constatación de la sistemática utilización del enorme dolor de muchas de las víctimas del estado de atroz fragmentación intestina que vivió la república, a partir del asalto al poder por la vía armada, por las izquierdas latinoamericanas en el último tercio del siglo veinte, es un hecho irrefutable.

En torno a dicha tragedia social, existe una verdadera industria del usufructo de dichas tribulaciones, en la cual desgraciadamente participan miles de actores que se aprovechan del irreparable dolor individual de los legítimos deudos, por intermedio de ámbitos complementarios, como son: los partidos políticos leninistas, el periodismo "progresista", la ayuda social, la abogacía de ultra izquierda, las ONG's zurdas, los "asesores de imagen", los editores literarios, los consejeros financieros, los cineastas "comprometidos", los sacerdotes teólogos de la liberación y hasta los fabricantes de insignias y pancartas.

El tema de los DD.HH. vende y los que es más importante, en muchas oportunidades permite ganar en estrechas elecciones y hasta facilita la entronización definitiva en el poder de aquellos que sólo se presentan como víctimas prístinas, sin haber sido nunca (para las apariencias de sus propósitos comunicacionales) promotores principales y operadores de una doctrina inflamada de odio, resentimiento y violencia extrema.

Es así como entonces, por arbitrario contraste, para los ex agentes del Estado no existen las más mínimas garantías jurídicas, para ellos no hay prescripción, cosa juzgada, principio pro reo, amnistía o cualquier atenuante como su irreprochable buena conducta anterior o la obediencia debida, que conllevó en su momento que dichos protagonistas de la lucha anti subversiva, pertenecían a institutos armados de características profesionales, disciplinados, jerarquizados y no deliberantes, donde sólo se debía hacer lo que emanaba de las directrices de la cúpula de la pirámide de mando.

De ese modo, la reconciliación se transforma en una falacia, porque dicha reconciliación es parcial, sesgada, prejuiciada, tuerta, manca y coja; porque sólo exime, justifica y redime, a aquellos partidarios de la dictadura del proletariado, quienes al asesinar a mansalva a un carabinero "estaban luchando por la recuperación de la democracia".

Por consiguiente, el sinceramiento de esta mascarada de reencuentro entre los chilenos, de superar los rencores del ayer y todas esas frases cliché de buena crianza que sus asesores ponen en boca de la Jefa del Estado, caen por el peso descomunal de la porfiada realidad que muestran los hechos cotidianos.

Aquí el tema está meridianamente claro,mientras los DD.HH. vendan y posibiliten la perpetuación en el poder, seguirán utilizándose a destajo, así queden al descubierto irresponsabilidades gubernamentales mayúsculas, como las develadas por el caso de identificación errónea masiva de restos de DD.DD. del patio 29 o bien que se invoquen tratados internacionales nunca suscritos por Chile o se modifiquen las legislaciones con efectos retroactivos a dichas reformas, como la ultra izquierda parlamentaria lo pretende con la ley de amnistía de 1978. Porque si en el mañana es necesario hacer leyes especiales que eximan de cualquier garantía procesal o constitucional a los ex uniformados "violadores de DD.HH.", esos cuerpos legales se promulgarán por la izquierda extrema, sin que nadie se sonroje siquiera.

Por su parte, los miles de miembros de las FF.AA., De Orden y Policiales, sus familiares y amigos, en este clima de sinceridad que traen los vientos de otoño, deben tener claro que sus tribulaciones políticas, jamás se terminarán por la vía jurídica. Ni esperando que terceros en el parlamento, los partidos políticos o donde sea, hagan algo por ellos.

Solo la lucha, su propia lucha –no la de otros– los hará libres.

Seguir creyendo los ex uniformados, que sus escenarios cambiarán un ápice, con la presentación de tales o cuales escritos judiciales, con cadenitas de correos electrónicos denunciando sus atropellos y pesares, es tan iluso como aquellos militares procesados que juraban que todo se solucionaría antes de que Pinochet traspasara la comandancia en jefe del Ejército, después con que Izurieta no se iría dejando a los caídos en la indefensión y que por eso había aceptado la Mesa de Dialogo y finalmente, con que todos los "gestos" de Cheyre los respondería Lagos, con un borrón y cuenta nueva, "porque un estadista cerraría las heridas del pasado". Pamplinas. Espejismos. Porque un problema histórico, político – militar como las consecuencias del cuadro de fragmentación continental que hubo entre los sesenta y ochenta, en el desenlace de la guerra fría, no lo pueden enmendar los jueces, porque las soluciones políticas requieren de acontecimientos políticos, que desencadenen soluciones políticas. Lo demás, seguir creyendo en rectificaciones de la Corte Suprema y en febles lucecitas irradiando de contradictorios fallos inconclusos, es la peor de las mentiras, aquellas que las personas se hacen así mismas.

Cuando la ultra izquierda quiso el punto final que tan generosamente consiguió para todos sus agentes, no esperó nada de los tribunales ni de cartas al director ni de cadenas de correos persuadiendo a los ya convencidos, el PCCH y su brazo armado el FPMR provocaron hechos políticos de alta conmoción nacional y terminaron amnistiados, indemnizados, libres de culpa, santificados por muchos clérigos y hasta encumbrados en altas responsabilidades de la administración del Estado.

Y más encima, cuando a esa izquierda del "ni olvido ni perdón" le falta plata, no van al banco a mendigar un crédito, lisa y llanamente se llevan más de 920 millones de pesos en tres minutos, como lo hicieron recientemente desde un camión transportador de valores en Pudahuel y si por alguna casualidad del azar los pillan, sus autores serán "compañeros descolgados de la orgánica partidista", rueda de carreta roja con la que comulgará su prensa afecta… y la mal llamada de prensa de derecha también.

Por eso, la puerta de salida a las mortificaciones de DD.HH. y las secuelas inacabables del quiebre interno de la sociedad chilena, no pasa ni por los tribunales ni por los púlpitos, solo se logra mediante la irreductible voluntad de los afectados, sus familiares y amigos, de querer ponerse de pie, para vivir el nuevo siglo con mínima dignidad. Después de haber entregado los mejores años de su vida, con muchos aciertos y graves errores, para que Chile fuera la tierra de oportunidades que hoy es.

 

 

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