¿A quién benefician las tomas? ¿A los estudiantes o al PC? Actualidad

¿A quién benefician las tomas? ¿A los estudiantes o al PC?

VivaChile.org

Entre los años 1999 y 2000 el gobierno de Hugo Chávez Frías intervino 4 universidades públicas en Venezuela. Entre ellas, la Francisco de Miranda y la Unellez. Yo me di cuenta de que la siguiente sería la mía, la Universidad Simón Bolívar. Por eso comencé una campaña de concienciación: había que recordar a los estudiantes y profesores venezolanos cuál es la razón por la que existe la autonomía universitaria. Como base de mi campaña redacté una conferencia titulada “La universidad en peligro”, que he publicado en mi blog chileno. En resumen, la institución que pone en tela de juicio los principios y razonamientos en que se basan las decisiones políticas y económicas, no pueden estar sometidas al gobierno que, precisamente, toma esas decisiones. Ni siquiera si el gobierno las financia: de manera análoga a como los jueces deben ser independientes aunque los financie el gobierno, y con mayor razón, las universidades deben ser autónomas. Sin autonomía no hay libertad política, y todos los movimientos totalitarios, tanto nazi como comunista, han suprimido la autonomía universitaria.

Mi campaña tuvo gran éxito, también porque se me unieron de inmediato muchos profesores y estudiantes que comprendieron la naturaleza del problema. En abril del 2001 el gobierno citó a una audiencia al Rector de la Universidad Simón Bolívar, en la que yo trabajaba, y todos sabíamos que el resultado de esa audiencia iba a ser su remoción y el nombramiento de otro Rector, “interino”. Los líderes estudiantiles y profesorales nos preparamos para resistir el ataque y, gracias a nuestra determinación, y a la autoridad de la universidad en la comunidad política, el gobierno no se atrevió a dar ese paso, prefirió cancelar la audiencia.

Poco a poco los intelectuales venezolanos le iban retirando su apoyo a la tiranía, y el chavismo percibió que, si no actuaba rápido, iba a perder para siempre el apoyo de las universidades. Pero Chávez no se sentía seguro en el poder y no quería comenzar un conflicto abierto de esta naturaleza. Una de sus amantes había estado organizando el movimiento estudiantil chavista, cuyo nombre era por entonces “Utopía”. Ella decidió quizá darle una sorpresa a su amante, o quizá los jóvenes actuaron con precipitación y al margen de sus líderes. Lo cierto es que en el mes de febrero o marzo de 2001, si me memoria no me falla, “Utopía” irrumpió en el rectorado de la Universidad Central de Venezuela (equivalente a la Universidad de Chile) y lo tomó. De esta manera se puso en jaque a todo el sistema universitario venezolano.

Los estudiantes de la Central, que eran más o menos 70.000, se dieron cuenta del peligro que corrían: la completa destrucción del mundo académico, pues no pueden florecer ni la ciencia ni la filosofía ni la cultura donde un tirano pretende controlarlas. (Gracias a mi actividad muchos se habían familiarizado con el caso Lysenko de la URSS). Se movilizaron para expulsar a los “tomistas”. Éstos respondieron con armas de fuego. Pero los estudiantes universitarios venezolanos no estaban dispuestos a entregar el espíritu al comunismo, así que respondieron con armas de fuego. Hubo una verdadera batalla que resultó en la total derrota de “Utopía” y la expulsión del chavismo del mundo universitario venezolano.

La situación chilena actual me recuerda mucho a la venezolana de entonces. La presidente Bachelet es una revolucionaria con postgrado en agitación política en nada menos que la Alemania “Democrática”. Ella no perdió su tiempo allí: así como en tres años obtuvo un título de médico que le permite comprender muy bien el valor de tener la academia sometida al gobierno, estudió más seriamente cómo poner patas arribas un país ordenado, y endeudar al único país iberoamericano que no estaba esclavizado por la banca internacional. Si el sistema de educación superior chileno goza de cierta autonomía y respeta el derecho de asociación, eso es malo, muy malo. No permite de ninguna manera que el tirano de turno imponga su voluntad a los académicos e impide que el presupuesto de educación tenga que sobrepasar todos los límites de lo que puede ser financiado con los impuestos de los chilenos: ¿cómo puede alguien destruir al Estado chileno y esclavizarlo a poderes extranjeros, como siempre pretenden los comunistas, si no se destruye este sistema? Si la “reforma” de la educación superior no contó “por las buenas” con el apoyo de “la Nueva Mayoría”, entonces, habrá que hacerla “por las malas”.

Con este fin, las Juventudes Comunistas han infiltrado todas las universidades privadas y han promovido tomas en todas ellas. La estrategia es sencilla: se investiga cuáles son las cuitas de los estudiantes en cada institución y luego se usa la táctica revolucionaria “estándar”: se identifica un vicio, se generaliza, se le echa la culpa a la institución (“universidad privada”) y se propone la abolición de la institución. Los estudiantes van a perder a la larga, por supuesto, pero eso a los comunistas los tiene sin cuidado. Así como Lenin fusiló al líder sindical que hizo posible que él entrara en Moscú desde Zurich y que había organizado la fuerza bolchevique, porque en 1920 reclamó por la traición que había sufrido el proletariado ruso, así las Juventudes Comunistas y sus patronos echarán al paredón o a donde haga falta a los actuales líderes estudiantiles que han servido a sus propósitos.

Por eso quiero decir muy claro a la FEUST que ha cometido errores gravísimos y que no sabe a quién está sirviendo ni para qué fines, realmente. La carta que ha entregado al Ministerio de Educación, pidiéndole que intervenga en el asunto de la sede de Grajales refleja una ingenuidad abismal, y una enorme falta de realismo.

En primer lugar, ¿están realmente hacinados los estudiantes UST en la sede Ejército, como dice la FEUST? 89 salas de clases, ¿no son suficientes para 7400 estudiantes de dos turnos, uno diurno y otro nocturno? Veamos: 40 estudiantes por sala implican que más de 3500 estudiantes pueden recibir clase simultáneamente. Si un estudiante toma 5 cursos, supongamos que son 10 módulos por semana. Si en el día hay 5 módulos y en la noche 3, multiplicados por cinco días, tenemos un total de 40 módulos. Es decir, con 40 estudiantes por sala se puede atender a 14000 estudiantes. ¿Están hacinados?

Yo no estoy de acuerdo con todas y cada una de las decisiones que toman las autoridades de la UST. Pero, entiendo que debo respetar el Derecho, y que no puedo tomármelo por mi propia mano, en primer lugar. Y, en segundo lugar, no puedo negar que son administrativamente serias las autoridades de la UST. No habrían tomado la decisión de dejar de alquilar la sede de Grajales si realmente la sede Ejército no pudiera darse abasto para la docencia.

Por eso concluyo que la FEUST, al presentar la Ministerio de Educación una carta pidiéndole que intervenga al margen del Derecho vigente; y, más todavía, tomando por la fuerza las instalaciones de la Universidad, no está sino sirviendo tontamente a los intereses del ala más radical del equipo de Bachelet y a las Juventudes Comunistas. Pero cuando éstas alcancen su objetivo, si lo alcanzan (que Dios no lo quiera), la FEUST pagará caro su ingenuidad. He tratado de advertirles de esto, pero sin resultado. Así que ahora me dirijo directamente a la comunidad estudiantil: no permitan que el gobierno destruya su universidad y los prive del camino que ha servido a tantos para el ascenso social. Más importante: no permitan que se prive a Chile del respeto al derecho de asociación para educar.

El peligro de destrucción de la autonomía universitaria y del derecho de asociación es muy real en Chile. Lo más triste es que el gobierno se está valiendo de la propia comunidad universitaria para concretarlo. Por eso hago un llamado a los estudiantes a que rechacen la toma y les propongo la creación de una cátedra libre en la que se reflexione sobre la institución universitaria, y se propongan estrategias universitarias para mejorar las cosas, sin entrar en el juego del Partido Comunista. Es preciso actuar ahora. Hay que dar una lección a los agitadores porque, de otro modo, estaremos en sus manos. Sigamos el ejemplo de los estudiantes de la Universidad Andrés Bello.

 

 

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por el autor en su blog El abejorro, http://carlosacasanovag.blogspot.cl.

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