¿Avance o retroceso institucional? Relevantes

¿Avance o retroceso institucional?

Por Tribuna El Mercurio

Pablo Rodríguez Grez: "La indiferencia y apatía es más un síntoma de madurez que de infantilismo, lo cual revela que nuestro país ha cambiado y seguirá haciéndolo en la medida en que prevalezcan el respeto y el imperio del Derecho...".  

A pocos días de una elección presidencial y parlamentaria, el país parece estar sumido en una ola de indiferencia y apatía. Para quienes vivimos algunas elecciones inmediatamente anteriores al año 1970, este clima parece artificial. ¿Qué nos ocurre? ¿Constituye esta realidad un síntoma positivo o negativo?

Pueden manejarse muchas hipótesis, pero lo cierto e indesmentible es el hecho de que el desinterés sobrepasa la agitación y que han terminado las estrepitosas campañas de antaño que amenazaban con arrasar a los adversarios. ¿Cómo olvidar la "escoba" (Ibáñez) para barrer a todo un sector político, o la "revolución en libertad" (Frei Montalva) para enfrentar al castro-comunismo entonces en pleno apogeo, o el "socialismo con sabor a empanadas y vino tinto" (Allende) para caracterizar la revolución chilena? Entonces, cada seis años (período presidencial), el país se jugaba su destino, sometiéndonos a presiones brutales que impedían toda posibilidad de desarrollo y estabilidad.

Agréguese a lo anterior un enfoque errado de nuestro modelo económico, al abrazar la política "cepaliana" de sustitución de importaciones que nos relegó al retraso y el estancamiento.

Chile vivió un abrupto colapso de aquel amargo período. La historia deberá reconocer, en el día de mañana -cuando se apaguen las pasiones que obnubilan a los agitadores-, que influyeron en ello, principalmente, tres factores, sin perjuicio de hallarnos inmersos en el complejo mundo de la Guerra Fría: la elección de un gobernante de minoría (36% del electorado) con un programa fundado en la construcción de una sociedad socialista; la adhesión de uno de los partidos de mayor influencia ciudadana a la vía armada para conquistar la plenitud del poder y el establecer la dictadura del proletariado, y la influencia perniciosa de Fidel Castro y su misión de exportar el comunismo a las naciones entonces despectivamente consideradas "subdesarrolladas" o de la periferia.

Sumando estos factores al afán de construir entre nosotros el socialismo a corto plazo, aun a costa de pagar un alto precio en todos los aspectos de la vida social ("avanzar sin transar"), no es difícil descubrir que todo confluía para provocar un quiebre profundo en una deficiente institucionalidad, incapaz de frenar un proceso revolucionario de esta envergadura y con amplio apoyo internacional. Lo ocurrido el 11 de septiembre de 1973 no es más que un paso inevitable que fueron impulsando inconscientemente los sectores marxistas más radicalizados de entonces, con toda la trágica secuela de dolor y angustia que vivimos hasta hoy.

Se pueden elaborar muchas teorías y explicaciones, pero la verdad termina imponiéndose. No pasarán muchos años antes de que las nuevas generaciones, con la serenidad que da ser "observador" y no "protagonista", descubran en toda su magnitud el sacrificio realizado por nuestros institutos armados. Toda su acción tuvo un norte, salvar a Chile de la desintegración y restablecer las instituciones democráticas, lo cual cumplieron de acuerdo a los compromisos asumidos. La abierta persecución de que han sido objeto al dispensarles un tratamiento cruel y discriminatorio, a pretexto de delitos y excesos dolorosos, pero excepcionales, constituye una afrenta que perdurará por largos años y tendrá consecuencias imprevisibles.

En pocos días más, nuestro electorado, voluntaria y libremente, renovará sus autoridades políticas. Nadie se jugará con ello la vida ni quedará expuesto a sufrir males irremediables. Se respetará lo que resuelvan las mayorías, al igual que en el plebiscito de 1988, cuando se abrió paso a los gobiernos civiles.

La indiferencia y apatía, por lo tanto, es más un síntoma de madurez que de infantilismo, lo cual revela que nuestro país ha cambiado y seguirá haciéndolo en la medida en que prevalezcan el respeto y el imperio del Derecho, siempre que la ley se aplique rectamente, sin favoritismos ni prejuicios ideológicos.

Pablo Rodríguez Grez

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