Avatares de una Conmemoración Histórica Hermógenes Pérez de Arce

Avatares de una Conmemoración Histórica

Blogs de Hermógenes.

 

 
          Al acercarse la conmemoración de la segunda efeméride más importante de la historia de Chile, el 11 de septiembre de 1973, los que profesamos un recto conocimiento de los hechos del pasado reciente quisimos hacer una publicación similar a las que realizamos en 11/9 anteriores, cuando reprodujimos la Carta de Frei Montalva a Mariano Rumor y el Acuerdo de la Cámara de Diputados llamando a las fuerzas armadas a poner término a la situación existente en 1973. 
 
         Esta vez elegimos dos páginas aparecidas en los principales diarios del país el 26 de mayo de 1986, con los retratos de 47 mártires de las fuerzas armadas y de orden asesinados por el terrorismo marxista entre el 19 de abril de 1978 y aquella fecha. Como la “historia oficial” divulgada en Chile a partir de 1990 “hizo desaparecer” al ejército extremista que la izquierda formó, y consagró la idea de que el Gobierno Militar reprimía sólo a “disidentes políticos” inocentes y desarmados, esas dos páginas de casi medio centenar de caídos bajo el fuego extremista prueban que a comienzos de los ’80 el contingente de la izquierda terrorista no sólo seguía activo, sino que se había reactivado con guerrilleros formados en Cuba por decisión históricamente documentada de Gladys Marín, Orlando Millas y Volodia Teitelboim. Tanto así que, meses después de esa publicación, el atentado contra el ex Presidente Pinochet, perpetrado por el brazo armado comunista, añadió otras cinco víctimas a la nómina publicada en mayo. En otro gesto de coraje político el diputado Ignacio Urrutia ha rendido ayer homenaje en la Cámara a los uniformados caídos en ese atentado.
 
          Es sintomático del Chile de hoy que los autores intelectuales confesos de estos últimos cinco asesinatos estén impunes y ostenten dignidades públicas (Guillermo Teillier es diputado y César Bunster concejal), mientras Punta Peuco se hace estrecho para contener a los uniformados acusados de haber dado muerte a terroristas, protegiéndonos a los civiles de sus atentados, aunque estos presos sean octogenarios, estén enfermos (uno acaba de morir en estos días) o sufran de alzheimer. Es que, según la doctrina sentada por nuestra Corte Suprema de Izquierda, la prescripción exime de responsabilidad a Teillier y Bunster por patrocinar atentados pero no a los uniformados por impedirlos.
 
          De hecho, éstos han pasado a ser el sector más débil de la nacionalidad, y sólo les acompañarán en su debilidad los que estén por nacer, si se aprueba la ley de aborto que autorizará matarlos impunemente en las primeras semanas de la gestación.
 
          Entonces, pensábamos reproducir el próximo domingo 11 en “El Mercurio”, bajo un titular expresando nuestro agradecimiento patriótico, las referidas dos páginas con los 47 mártires y las circunstancias de sus muertes, los responsables de las mismas y abogados defensores, pero la superioridad del diario dispuso que no podía aceptar la publicación. Acudimos entonces a otro matutino, "La Tercera", donde encontramos acogida y un precio un millón de pesos menor ($13 millones), cifra que justamente hemos completado en estos días y ya hemos pagado. Casi 400 personas contribuyeron a la patriótica causa. Ha quedado un saldo de dinero para publicar las firmas de los donantes que quisieron aparecer (algunos prefirieron el anonimato) y eso se contratará en el diario digital “El Mostrador”. También aparecerá en el diario digital “Chile Informa”, dirjgido por Fernando Martínez Collins, uno de los patrocinadores de la idea, junto a Yerko Torrejón Koscina y el autor de este blog.
 
          Este esfuerzo es poco significativo frente a la marejada de la “Historia Oficial”. El viernes tuve oportunidad de ver cómo opera ésta: en Teletrece, en un cuidado montaje y a propósito de nada, como no sea publicitar imágenes desfavorables al Gobierno Militar, aparecieron el ministro Mario Carroza (que va a la cabeza del funeral del estado de derecho en Chile) y Carmen Hertz, viuda de un fusilado en Calama en octubre de 1973, ilustrando la escena con la exhumación de una vistosa calavera. Era un montaje, porque de los restos del marido de Carmen Hertz sólo se hallaron pequeños trozos, y no una calavera, dado que durante el Gobierno Militar se retiraron todos los restos enterrados en el desierto. Ella aprovechó de culpar al general Arellano de la muerte de su marido, en circunstancias de que está archicomprobado que no tuvo nada que ver en ella. Las pruebas están en mi libro “La verdad del Juicio a Pinochet”, que puede adquirirse en el mismo sitio de este blog. Aprovecharé de sintetizar esa verdad a continuación, para acreditar la falsedad del montaje de Teletrece-Carroza-Hertz.
 
          El general Arellano se hallaba visitando la fábrica de explosivos Dupont, cerca de Calama, cuando un oficial bajo su mando, por sí y ante sí, ordenó sacar a numerosos detenidos y llevarlos a un lugar desértico cercano, donde procedió a ametrallarlos. Cuando Arellano volvió al regimiento se horrorizó tanto de lo sucedido que despegó en su helicóptero hacia Antofagasta, donde llegó de madrugada. A primera hora de la mañana siguiente presentó al responsable de los fusilamientos al Jefe de Zona y comandante del regimiento local, general Lagos Osorio, que tenía amplias atribuciones judiciales para investigar y sancionar los hechos, pero se negó a hacerlo. 
        
         Todo esto se comprobó e investigó judicialmente en los ’80 y se aplicó la amnistía. Posteriormente, en 1999, en el juicio contra el Presidente Pinochet incoado por el ministro Juan Guzmán, se reabrió ilegalmente la investigación de hechos prescritos, amnistiados y cubiertos por la cosa juzgada, donde quedó ratificada la ninguna injerencia de Arellano o Pinochet en esos fusilamientos. El verdadero responsable de ellos entró sólo el año pasado a Punta Peuco a cumplir condena, pues los jueces de izquierda siempre antes lo dejaron libre, porque les decía lo que ellos querían oír: que Arellano y su jefe Pinochet le habían ordenado fusilar, siendo que ninguno de ambos siquiera supo de las ejecuciones ilegales hasta después de cometidas.
 
          Nuestra publicación del próximo domingo, con motivo de la efeméride –si aparece—, será sólo una gota en el océano de la falsificación histórica que ha lavado los cerebros chilenos desde 1990; pero esperamos que esa gota mantenga viva la esperanza, porque, como dice nuestra Declaración de Independencia, “el período de nuestro sufrimiento no puede durar más que el de nuestra debilidad”, y mientras tengamos fuerza para sacar la voz, creeremos que ese período va a terminar.
 

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