Ballet en la tele y tanques en la calle: 25 años del golpe que liquidó la URSS Material Historico

Ballet en la tele y tanques en la calle: 25 años del golpe que liquidó la URSS

Sucedió tal día como hoy, hace 25 años. En 1991, un grupo de comunistas ortodoxos descontentos con la política del presidente Mijail Gorbachov se alzó contra él en nombre del Comité Estatal para el Estado de Emergencia. Su objetivo era reconducir el rumbo de la URSS y acabar con la Perestroika.

Desde 1985, año de su nominación al puesto de secretario general del PCUS, Gorbachov había iniciado un programa ambicioso de reformas, contenido en las dos palabras Perestroika y Glásnost: "reestructuración económica" y"transparencia política" respectivamente.

Al iniciar el golpe este dudoso comité alegó que Gorbachov tenía problemas de salud, así que el poder pasaba al vicepresidente de la URSS Guennadi Yanáyev, uno de los líderes del Comité Estatal para el Estado de Emergencia, un engendro institucional creado para dar cobertura al golpe. A bordo del mismo estaban también pesos pesados como el jefe del KGB, Vladimir Kriuchkov; el ministro de Defensa, Dimitri Yazov; el de Interior, Boris Pugo, y el primer ministro, Valentin Pavlov.

Hacía tiempo que Gorbachov quería reemplazarlos por gente más moderada. Pero el KGB tenía pinchadas las conversaciones del líder soviético, denominado 'sujeto 111' por los agentes que seguían sus movimientos, y pronto Kriuchkov se enteró de la limpieza que se preparaba.

El 4 de agosto de 1991, Gorbachov se fue de vacaciones a su dacha. Los golpistas leyeron el nuevo Tratado de la Unión y les pareció una concesión inaceptable a las fuerzas centrífugas que amenazaban con fragmentar la URSS. El día de antes del golpe, una delegación fue a ver a Gorbachov. Las líneas de comunicación con su dacha fueron cortadas y guardas no leales al líder la rodearon. El plan era que dimitiese o declarase el estado de emergencia. Cuentan que en Moscú la Prisión de Lefortovo fue desalojada para recibir a los detenidos en las purgas que se preparaban. Se prohibieron todos los periódicos en la capital, excepto unos pocos controlados por los comunistas

En Moscú firmaron la llamada 'Declaración del Liderazgo Soviético' en la que se declaraba el estado de emergencia en algunos territorios de la URSS. Yanayev firmó el decreto autonombrándose "presidente en funciones de la URSS”.

 

Opositores al golpe de estado derriban la estatua de Dzerzhinsky, fundador del KGB, el 22 de agosto de 1991 en Moscú. AFP

Imperaba el estado de emergencia y se sacaron los tanques a la calle. Mientras, en los televisores rusos ponían 'El lago de los cisnes'. Esa música de Chaikovski sólo amansó a alguna gente. Miles de moscovitas se congregaron ante la sede del Gobierno de Rusia, la Casa Blanca. Unos querían defender la Perestroika. Otros directamente clamaban por la democracia. Al día siguiente quedó claro que la mayoría de las tropas enviadas a Moscú estaban abiertamente del lado de los manifestantes. Fue un triunfo ciudadano ejemplificado en escenas improbables como la de una columna de blindados frenada por una barricada de trolebuses y camiones de limpieza pública.

La victoria de la gente sobre el partido que había dominado las vidas de padres y abuelos pareció nítida por un momento. La noche del 23 al 24 de agosto, el monumento situado frente a la sede de los servicios secretos dedicado a Felix Dzerzhinski, precursor del KGB, fue arrojado al suelo por la gente dejando escenas que recuerdan a los recientes derribos de estatuas de Lenin en Ucrania tras las revueltas de Maidan.

Este año los comunistas rusos han intentado celebrar un referéndum en la capital rusa para devolver la estatua del 'torturador en jefe' de Lenin a su pedestal. "Han pasado 25 años, y por alguna razón parece que quienes estaban allí eran otras personas distintas", reflexiona Natalia Pelevina, miembro el partido opositor Parnas.

Desde la Casa Blanca se siguió el proceso con inquietud, pero los servicios de inteligencia de EEUU tenían pinchados los teléfonos del ministro de Defensa y el jefe de la KGB, compinchados en el golpe, y pronto concluyeron que el apoyo militar a la asonada era modesto.

Boris Yeltsin, presidente de la República Socialista Soviética de Rusia, se subió a los tanques y se declaró contra el "golpe de Estado”

 

Boris Yeltsin, presidente de la URSS, subido a un tanque y pronunciando un discurso en contra del golpe de estado el 19 de agosto de 1991. AFP

Según una encuesta del centro de análisis demoscópico Levada, la mitad de los rusos mayores de 18 años no se acuerda o no sabe qué ocurrió entre los días 19 y 21 de agosto de 1991. El 8% de los encuestados afirma que apoyó a los golpistas. Un 13% admite que estuvo en contra de la asonada. Los demás aseguran no haberse enterado de lo que pasaba o que eran demasiado jóvenes.

Ese golpe dio la 'puntilla' a la vieja guardia comunista, pero también dejó a cero el capital político de Gorbachov y consagró a Boris Yeltsin como líder del pueblo. La URSS quedó dividida en 15 repúblicas independientes, y en Rusia quedó latente un impulso autoritario que cristalizó en 1993 con otro 'putsch' que sí triunfó: el presidente Yeltsin lanzó a sus tropas contra los diputados cuando se volvieron contra él. El saldo: 100 muertos, una constitución presidencialista con menos contrapesos que años después consagraría a Vladimir Putin como el líder sin recambio que es hoy en día.

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