Chile Vamos... ¿Para Dónde? Hermógenes Pérez de Arce

Chile Vamos... ¿Para Dónde?

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          Leí el documento “Convocatoria”, de Chile Vamos, en “La Segunda”, con una foto de Sebastián Piñera en primer plano, sacándose una selfie. Entonces por lo menos supe quién había pagado la inserción.
 
          Es, sin duda, un documento de consenso, es decir, “algo en lo que nadie cree pero que nadie objeta” (M. Thatcher). Tiene, es verdad, un ligero perfume de derecha, pues aparecen mencionadas las palabras “subsidiariedad” una vez y “libertad” dos veces, en un contexto neutro de “colaboración armónica de las fuerzas sociales y los individuos, tarea que exige una persistente consideración de los contextos y circunstancias en los que esa colaboración ha de tener lugar”.
 
          Pero para mí, que soy de derecha, “subsidiariedad” significa algo más concreto: que el Estado no debe desarrollar ninguna actividad que pueda ser cumplida por los particulares. Claro, el documento no quiere decir eso.
 
          Leyendo el texto uno no puede saber, por ejemplo, si Chile Vamos apoya la innovación tecnológica introducida por Uber y Cabify en el mercado del transporte de pasajeros o es partidario de prohibirla y mantener congelado el número de taxis, como hace el gobierno socialista actual, cooptado por el grupo de interés de los taxistas autorizados. Es que la indefinición preside el documento. En ese sentido huele indefectiblemente a injerencia DC.
 
          Además, los que la “Convocatoria” llama sus dos “principios” no son tales. El primero es “el reconocimiento de la relevancia de las dimensiones privada y pública”, lo cual no es un principio, sino una mera constatación. Sí serían principios la defensa de la libertad personal o el reconocimiento de que el individuo puede hacer todo lo que no le está prohibido y el Estado sólo lo que le está expresamente permitido.
 
          La “Convocatoria” tampoco siquiera alude al principio de autoridad ni al imperio del orden, dos pilares del pensamiento de derecha. En un país con toda una región estremecida porque han quemado a personas dentro de sus casas, se ha incendiado por doquier y arden los templos, el documento no destina una palabra para explicar qué sucede allí ni por qué hasta 1990 la misma región vivía feliz, sin “conflicto ancestral” y extendiéndole un pergamino de agradecimiento de los principales caciques mapuches al gobernante saliente por haberles dado beneficios sociales y títulos de propiedad. Ese clima de orden también explicaba por qué en la misma región ganó el “Sí” a la permanencia del Gobierno, en 1988.
 
          Las palabras “talante” y “pulsiones” se repiten en la “Convocatoria”. Pero ¿por qué cambió el “talante” en la Araucanía y qué “pulsiones” la hicieron transitar de la paz y la conformidad a la violencia subversiva?
 
          ¿Y qué cambio de “talante” histórico explicó que el Chile de comienzos de los ’70, azotado por la hiperinflación y la escasez, a la zaga de las naciones subdesarrolladas en materia de crecimiento, donde se hablaba del peligro de una revolución con un millón de muertos (Comandante Pepe a periodista Nena Ossa), se transformara en los ’90 en la “joya más preciada de la corona latinoamericana” (Clinton) y pudiera vivir después un cuarto de siglo de estabilidad política y social, con  un desarrollo sin precedentes? Tienen que haber sido buenas “pulsiones”, pero el documento ni siquiera las menciona.
 
          Ni tampoco dedica ni una sola palabra para el escándalo de una justicia que no aplica las leyes a los ex uniformados ni para un régimen que mantiene a más de un centenar de ellos como presos políticos, en contra de toda noción de estado de derecho y debido proceso. ¿O es que los redactores de la “Convocatoria” no quieren molestar al financista de la inserción en “La Segunda”, erigido en principal perseguidor de esos presos políticos y “cómplice activo” de la prevaricación que sufren?
 
 
          Entonces uno se pregunta, ¿adónde va Chile Vamos? Algunos lo intuimos, pero tememos que tal destino nada tenga que ver con algo realmente bueno para el país y sí mucho con las ambiciones personales de quien apareció al centro de la selfie.

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