Chilenos, sin excepción Despierta Chile

Chilenos, sin excepción

 

 
En el Centenario del nacimiento del general Augusto Pinochet Ugarte, reeditamos la Carta Póstuma, que dejara escrita dos años antes de su fallecimiento (10 de diciembre de 2006), para conocimiento de todos nuestros compatriotas. 
 
 
"Chilenos, sin excepción:
 
Muchas veces hice llegar mi pensamiento a ustedes durante mi vida pública. Especial recuerdo hago de mis comunicaciones desde mi cautiverio en Londres.
 
Ahora, con esfuerzo, he hilvanado los siguientes pensamientos que surgen desde los más profundo de mis sentimientos y convicciones.
 
Quiero despedirme de ustedes con mucho cariño. Entiendo que esto parecerá incomprensible para muchísimos, pero es así.
 
En mi corazón no he dejado lugar para el odio. He recorrido muchos años y entiendo del amor y del dolor.
 
Yo elegí la carrera militar por amor a la Patria. El que he mantenido sin alteración desde el primer día que entré a la Escuela Militar y, ahora, al irme de este mundo, aquel sentimiento llena mi espíritu enteramente.
 
Amo a la Patria; amo a todos ustedes. Por amor se pueden hacer muchas cosas buenas y muchas malas. Acertadas y erróneas. Yo nunca imagine entrar a la Gran Historia de mi país, pero así ocurrió.
 
En transcurrir público de este se fue transformando desde decir "en Chile nunca pasa nada" a un precipitado de dramáticos acontecimientos.
 
No quiero entrar en análisis mayores, propio de historiadores pero sí hacerlo respecto a afirmaciones profesionales y humanas que son las que me interesa comunicarles a ustedes.
 
Década conflictiva
 
Yo, como militar, percibí la gravísima y compleja situación que se avecinaba mientras avanzaba la década de los setenta.
 
Nadie podrá discutir que el mundo entraba en un enfrentamiento global, ideológico y militar al que se llamó la "guerra fría". Cada día los conflictos se agrandaban más, se calentaba más esa "guerra" y eran más complejos, en especial, para una mirada observadora militar.
 
Los ángulos comprometidos en esa guerra crecían día a día y abarcaban la casi totalidad de los planos de la vida, pública y privada de la gente.
 
Crecía presionaba al hombre común ese sino tan trágico de una guerra, o tú o yo, con el agravante que el dilema se extendía a la comunidad toda internacional, algo así como una guerra total y sin cuartel.
 
Un militar no podría restarse a ese panorama, porque era muy sombrío, debía prepararse para lo mejor y para lo peor, ecuación clave en una estrategia profesional.
 
Chile empezó a arder y se encajonaba, sin escape objetivamente, en mi concepto, a tres posibilidades (esto que lo entiendan las personas jóvenes nacidas con posterioridad a la crisis).
 
- A una guerra civil sin cuartel "de ventana a ventana", con miles y miles de personas muertas.
 
- A una imposición de una dictadura llamada del proletariado, ideológica marxista leninista, con la pérdida total de la libertad política y del Estado de Derecho.
 
- Y, a una reacción conjunta de civiles y militares para eliminar tajantemente las anteriores. Nadie discute que la inmensa mayoría de la población se inclinaba por esta última alternativa.
 
Chilenos, amigos sin exclusión. Una guerra internacional o una civil, es algo atroz. Lo peor que le puede ocurrir a una sociedad. La guerra, por esto, hay que evitarla hasta donde sea posible.
 
Los adultos que vivieron el tiempo del pronunciamiento militar se dieron cuenta cabal que la única opción realista era esto último.
 
Máximo rigor
 
Hubo que actuar para cubrir eficazmente todos los ángulos de un enfrentamiento amplio, porque explícitamente los partidos de gobierno sostenían que la vía armada era la única forma de alcanzar el poder, a la corta o a la larga.
 
Creo que nunca de manera tan contundente se había amenazado una guerra civil en nuestro país o en otra parte del mundo. Si a lo anterior se agregan el sinnúmero de ratificaciones de hecho y retóricas que confirmaban tales propósitos, hicieron más explicable la intervención militar.
 
Había, pues, que actuar con el máximo rigor y sostenidamente hasta conjurar cualquier extensión del conflicto que se anunciaba.
 
Si no se procedía, así, la acción militar habría terminado en un fiasco, y eso hubiera provocado en nuestro pueblo por muchos años consecuencias negativas en extremo dolorosas.
 
El 73, por las citadas características del contrincante, fue preciso emplear diversos procedimientos de control militar, como reclusión transitoria, exilios autorizados, fusilamientos con juicio militar.
 
En muchas muertes y desapariciones de cuerpos es muy posible que no se logre jamás un conocimiento acabado del cómo o por qué ocurrieron. No se puede descargar con simpleza la responsabilidad de un sinnúmero de extralimitaciones porque no hubo un plan institucional para ello. Los conflictos graves son así y siempre serán así: fuente de abusos y exageraciones.
 
¿Pero cómo tantos no han querido o podido entender la extrema gravedad de la amenaza si todo el contexto nacional e internacional avalaba su existencia?
 
En los enfrentamientos habidos en la Historia el resultado en cuanto a pérdida de vidas y las deshumanizaciones son parte de su definición.
 
Lo anterior no va en búsqueda de atenuantes a los excesos, sino a recordar su presencia insoslayable.
 
Yo, como Presidente de la República y comandante en jefe del Ejército actué como les dije, con rigor, pero con mucha más flexibilidad de la que se me reconoce, por lo que yo siempre me refería a una "dictablanda".
 
Mientras el fanatismo ideológico y armado constituyera un peligro para la estabilidad, no era posible bajar las manos.
 
Chilenos todos:
 
¿Cómo quisiera que no hubiese sido necesaria la acción del 11 de septiembre de 1973!
 
¿Cómo hubiera querido que la ideología marxista leninista no se hubiera impuesto en la nuestra vida patria!
 
¡Cómo hubiese deseado que el Presidente Salvador Allende no hubiera incubado en su ideario el propósito de transformar a nuestra Patria en una pieza más del tablero dictatorial maxista!
 
Las guerras traen dolores muy difíciles de sanar.
 
Los parientes y amigos de compatriotas nuestros caídos en el enfrentamiento fratricida tendrán para siempre un recuerdo negro de lo ocurrido.
 
Yo voy a misa y comulgo. Nunca dejo de pensar en las heridas abiertas.
 
Cómo me gustaría andar en las calles, saludando, consolando, ayudando...
 
Mi destino es un tipo de destierro y soledad que jamás hubiera pensado, y menos deseado.
 
Para terminar, con toda sinceridad declaro estar orgulloso de la enorme acción que hubo que realizar para impedir que el marxismo alcanzara el poder total, y también, para que mi entrañable Patria fuera una "gran nación", como fue el lema que desde el principio que inspiró a la Junta de Gobierno. De eso, nunca dudaré, sin una pizca de vacilación.
 
De repetirse la experiencia hubiere deseado, sin embargo, mayor sabiduría.
 
 
Augusto Pinochet Ugarte
 
Capitán General, Ex Presidente de la República, ex senador de la República, ex Comandante en Jefe del Ejército."  

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