Confieso Haberme Equivocado Hermógenes Pérez de Arce

Confieso Haberme Equivocado

Blog de Hermógenes

 

 
          Desde hace muchos años he venido reiterando un pronóstico sobre un tema del acontecer nacional que hoy debo reconocer no se cumplió: el de que nunca se iba a dictar sentencia definitiva en el caso indebidamente conocido como “Caravana de la Muerte”, abierto en ilegalmente 1998 por el ministro sumariante, de triste recuerdo, Juan Guzmán Tapia, transitoriamente famoso en todo el mundo por haber procesado a Pinochet, según el anuncio “urbi et orbi” que le encargó hacer ante las cámaras a Hugo Gutiérrez, abogado comunista defensor de terroristas y perseguidor de militares, hoy diputado gracias a la DC.
 
Porque si llegaba a cerrarse tal proceso, discurría yo, inevitablemente la propia justicia de izquierda, que prevalece en Chile, iba a tener que reconocer la inocencia del Presidente Pinochet y su general delegado, Sergio Arellano. En efecto, los hechos del proceso eran tan claros que dicha inocencia quedaba de manifiesto (porque en Chile, como no hay estado de derecho para los militares, no rige para ellos la presunción de inocencia, sino que éstos deben probarla; y estaba probada). Y entonces, aunque les fueran ilegalmente desconocidas sus eximentes de responsabilidad (amnistía, prescripción, cosa juzgada), la verdad de lo sucedido, la verdad de los hechos, confirmatoria de la inocencia de Pinochet y Arellano, nunca iba a poder ser desconocida. Por tanto, profetizaba yo, el caso “Caravana” no podía terminar jamás, por una razón política.
 
          Bueno, me equivoqué. La justicia de izquierda se las arregló para terminarlo, dictar sentencia y, al mismo tiempo, burlarse de la verdad de los hechos, mediante un expediente muy sencillo: primero sobreseyó al ex Presidente por considerar que su estado mental le impedía ser procesado y luego hizo lo mismo con su general delegado, Sergio Arellano Stark. Es decir, los culpó implícitamente. Y en la sentencia sobre los casos que generaron mayor número de muertes, condenó a los militares sobrevivientes, que, en el hecho, sí fueron los únicos responsables de las muertes, PERO A QUIENES LA JUSTICIA DE IZQUIERDA NUNCA HABÍA PRIVADO DE LIBERTAD HASTA AHORA, DURANTE 18 AÑOS, EN PREMIO POR DECLARAR LO QUE ELLA DESEABA OÍR: QUE HABÍAN ACTUADO POR ÓRDENES SUPERIORES, ES DECIR, DE ARELLANO Y PINOCHET. Es que los jueces querían declarar como responsable a Pinochet, por razones políticas.
 
          Yo escribí un  libro en 2000 sobre el caso, “La Verdad del Juicio a Pinochet”, donde se prueba no sólo la inocencia de este último y su general delegado, sino, además, que el primero no tuvo el menor conocimiento de ninguna de las muertes, cuando ocurrieron. Eso está claro en las páginas del expediente, en las cuales se basó mi libro, que puede ser bajado a los computadores por una módica suma, según se detalla al margen de este blog. Cuando se publicó, figuró por muchas semanas entre los más vendidos, pero fue sólo una gota de agua en el mar de la propaganda de izquierda. No obstante, el ex director de “El Mercurio”, Arturo Fontaine Aldunate, escribió un artículo en “La Segunda” haciendo notar que, muchos meses después de publicado, nadie, pero absolutamente nadie había refutado su contenido. Y así sigue siendo hasta hoy.
 
          En estos días los verdaderos responsables de las muertes, ya en camino a los noventa años, han debido entrar a presidio, pues se les han desconocido la amnistía, la prescripción y la cosa juzgada, esta última porque el Juzgado de Letras de Antofagasta ya había conocido y fallado acerca de los mismos hechos en 1986, eso sí que, al revés de ahora, aplicando las leyes y absolviendo en virtud de las causales antes mencionadas.
 
          No se crea que estas atrocidades jurídicas son exclusivas de la justicia chilena. Los familiares de un fusilado en Copiapó cuando la comitiva del general Arellano ni siquiera había dejado Santiago, en la noche del 15 al 16 de octubre de 1973, se querelló en los EE. UU. contra el entonces teniente Armando Fernández Larios, asilado en ese país, que iba en la comitiva, demandándole una indemnización por la muerte de su pariente. Un hermano de Fernández Larios hizo acompañar al juicio de allá no sólo mi libro sino la prueba fehaciente de que aquél se encontraba en Santiago al ser fusilado el familiar de los demandantes, pero eso no sirvió de nada, porque la “corriente política dominante” en el juicio, tal como acá, era incontrarrestable. El ex teniente fue condenado a pagar. “En todas partes se cuecen habas”. A propósito de eso, he estado viendo la serie sobre el asesinato de la señora de O. J. Simpson y su pareja, en que el futbolista norteamericano fue absuelto habiendo numerosas pruebas de su culpabilidad, tantas, que en un juicio civil posterior O. J. Simpson fue condenado a pagar como culpable de las muertes. Pero quedó libre de cárcel, porque era lo “políticamente correcto”, tratándose de una culpable de raza negra.
 
          Acá lo “políticamente correcto” era culpar a Pinochet por las muertes de la “Caravana”, cuya misión, irónicamente, era velar por que los juicios en tiempo de guerra fueran justos y se aceleraran, pues la cantidad de extremistas preventivamente presos en los regimientos, en las primeras semanas después del “11”, constituían un problema nacional, dado que miles de familiares se aglomeraban a diario frente a los recintos y eso no debía continuar. Pero como “izquierda” y “verdad histórica” son conceptos antinómicos, lo que predominó fue la versión del libro de izquierda “Los Zarpazos del Puma” y eso es lo que ha quedado. Contiene, por cierto, mentiras espectaculares, como un  supuesto oficio de fecha 17 de octubre de 1973 falsificado, en el mismo caso que afectó en EE. UU. a Fernández Larios, pues la verdadera fecha fue 16 de octubre, pero en ésta la comitiva del general Arellano estaba en Santiago, así es que no podía culpársela de las muertes. Para los bibliófilos que tengan “Los Zarpazos del Puma”, que no deben ser pocos, pues fue el libro más vendido en muchos años, les recomiendo ver sus páginas 150 y 151, donde está el oficio con fecha 17 de octubre de 1973 dando cuenta de trece fusilamientos en Copiapó; y luego la página 139, que reproduce el bando del Jefe de Zona, y que habla de las muertes “en la noche del 15 al 16”; y luego la 150, donde reproduce la orden de sepultación del día 16 ¡para los que, afirma después, fueron muertos el 17! “Para mentir y comer pescado…”
 
          En fin, mi pronóstico de que el proceso nunca iba a terminar no se cumplió, pues terminó de la única manera en que podía terminar en el Chile de hoy: faltando a la verdad, atropellando las leyes y aumentando el número de militares octogenarios tras las rejas, mientras gozan de libertad y de cuantiosas indemnizaciones todos los terroristas, guerrilleros y subversivos que prepararon la toma del poder por las armas y no la pudieron concretar gracias a la acción decidida de aquéllos, que cometieron el error de acudir al llamado de auxilio de la civilidad democrática y creer que ésta les iba a agradecer el haberla librado de ser subyugada por la guerrilla de extrema izquierda.

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