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Acaba de entrar en vigencia un nuevo mensaje obligatorio para la etiqueta de cigarrillos. Ante la imponente imagen de un abdomen abultado por el embarazo y flanqueado por el humo grisáceo de un fumador, quien compre o abra la cajetilla lo hará desafiando una ADVERTENCIA escrita con mayúsculas sobre inequívoco fondo rojo: “SI FUMAS, INTOXICAS A TU HIJO/A”. Traduzcamos: “además de envenenarte tú misma, estás matando a la personita que vive en tus entrañas”. El Estado de Chile entiende cumplir así su rol de garante constitucional del derecho a la vida de quien, ya concebido, espera el momento de nacer. La nueva advertencia ha sido impulsada y presentada por la División de Políticas Públicas del Ministerio de Salud, en cumplimiento de la norma constitucional que le ordena proteger la salud de toda persona y garantizar que se ejecuten las acciones para promoverla, recuperarla y rehabilitarla.  Imposible reconocer con mayor claridad y manifestar con mayor coherencia que, para  el   Estado de Chile, esa personita que vive al interior de tan abultado abdomen, cualquiera sea su tamaño, su entorno social y económico, su calidad o pronóstico de vida o la razón por la que se encuentra en dicho habitáculo, es tan acreedora como su madre y cualquier otra persona adulta a que se ejecuten o prohíban las acciones capaces  respectivamente  de asegurar o violar su intangible derecho a la vida.

En la misma fecha,  una inserción pagada del instituto Nacional de Derechos Humanos  estima necesario declarar, ante la agresión sufrida por Nabila Riffo en Coyhaique, su “más enérgica condena al brutal ataque del que fue víctima”. Agrega que “la violencia basada en el género constituye una grave violación a los derechos humanos, y que frente a ella el Estado tiene la  obligación de garantizar y proteger la vida, integridad y salud de las mujeres”. Tan justa condena a la agresión, y tan urgente apelación a garantizar la vida e integridad de las mujeres ¿se han de extender con idéntico celo a individuos humanos pertenecientes al género masculino? Y, si se arguye que el género femenino necesita prioritaria atención en razón de su mayor vulnerabilidad ¿un embrión humano de género femenino no es mucho más vulnerable e incapaz de autodefensa que una mujer de 28 años? La condena de toda forma de violencia de género ¿no exige coherentemente proscribir la autorización estatal de matar indefensos,  sin debido proceso y bajo cargo  de escaso tamaño, invisibilidad, mínima edad, enfermedad, discapacidad, origen espurio, inoportunidad o indeseabilidad de la víctima?

Reclamar igualdad de derechos y prioridad del más débil, mientras se silencia y aun aplaude, urgiéndola como derecho femenino, la brutal eliminación de inocentes vidas mínimas,  acreedores a la especial protección estatal de su  derecho a nacer, representa un contraste insoluble con la rojiza advertencia: SI FUMAS, INTOXICAS A TU HIJO.

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