Cuarto enfermo terminal fallece Actualidad

Cuarto enfermo terminal fallece

 

 

"Esperamos el indulto de Bachelet y nunca llegó..." declaró Eduardo, hijo de Pedro Vivian Guaita quien falleció este sábado (25) víctima de múltiples enfermedades, entre ellas una perforación intestinal que le provocó desnutrición; además, presentaba un síndrome demencial , fallas renales e infecciones urinarias.

 

El deceso de Pedro Vivian Guaita (76) tuvo como causa basal una leucemia, es el cuarto que se produce desde 2016, entre los internos de Punta Peuco. Desde aquella fecha se cuenta el caso del subprefecto de la PDI Eugenio Fieldhouse, el que cumplía una condena de 5 años y un día; el del sargento de Carabineros Gustavo Muñóz Albornoz, que dejó de existir el 20 de febrero de 2017, con una condena de 10 años y un día y el de José Friz Esparza muerto el 20 de marzo del presente año, a los 85 años de edad.

 

Todos ellos esperaban un indulto presidencial -gracia que jamás llega-, o una rebaja de la pena o cumplir el resto de la condena bajo arresto domiciliario. No obstante el pronunciamiento de diversas autoridades, como el del Presidente de la Corte Suprema, Hugo Dolmescht, o aquel del propio ministro de Justicia Jaime Campos, quienes se han manifestado partidarios de aliviar, en general, esta situación, el gobierno no se ha hecho cargo del tema. La propia presidente de la UDI Jacqueline Van Rysselberghe en su visita a Punta Peuco, anunció que su colectividad acudirá a la Corte Interamericana de DD.HH para concluya este castigo a los presos afectados por enfermedades terminales, como era el caso de Pedro Vivian Guaita por el atropello a sus derechos y garantías individuales.

 

Al informar la muerte de su padre, Eduardo, declaró que "lo de mi papá ha sido muy traumático, nos cerraron todas las puertas (...) esperamos el indulto de Bachelet pero nunca llegó (...) llevaba tres días agonizando y nunca hubo una respuesta al indulto. Chocamos con un muro de indolencia".

 

O un muro de silencio e indiferencia. Porque, excepto la fuerte voz de algunas personalidades, tan valiosas como aisladas -como es el caso de Dollmescht, el del ministro Campos, el del sacerdote Fernando Montes o del propio abogado de DD.HH Héctor Salazar-, existe una cortina férrea que impide a la sociedad dar pasos en el ineludible camino de un reencuentro. Y, en esto hay una enorme responsabilidad del socialismo y de la propia mandataria la que no escucha. Las historias se revierten ¡y vaya que hay evidencias en ese sentido! Pero, claro, para Pedro Vivian, para Eugenio Fielhouse, Gustavo Muñóz y José Friz, el tiempo terminó en la peores circunstancias. No hay justicia; solo venganza. ¿Y la responsabilidad por la tormenta que se desató, por el quiebre institucional, por la intentona revolucionaria, y la apropiación total del poder de nuestro país, de quién es?   

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