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CUT TODO VALE A CAMBIO DEL PODER Actualidad

CUT TODO VALE A CAMBIO DEL PODER

Por Justo Pastor Suárez, VOXPRESS.CL

 

Habrá que partir diciendo que los trabajadores de Chile, esforzados y sin omitir sacrificios para llevar el sustento diario a sus hogares, no se merecen los dirigentes que tienen. Quienes acceden a la cúpula de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) aducen que sus cargos  —con fueros, desde luego— no los ocupan en beneficio propio, sino de quienes dicen representar.

La historia y las estadísticas parecen no darles la razón: las convocatorias a sus marchas y protestas son cada vez más desatendidas por el mundo laboral y tienen que pedir al “movimiento estudial” que las refuerce.

Desde que desapareció la Central Única y ganó terreno la empresa privada, la Unitaria pasó a ser sólo un centro de poder político para influenciar en las decisiones del Ejecutivo y el Legislativo.

Es, en suma, un botín que no se puede perder ni menos dejar en manos de sensibilidades que no actúen como bisagra del Gobierno, y en este caso, desempoderando al Partido Comunista, el accionista controlador de la Nueva Mayoría.

La última “elección” de la CUT, por llamarla de alguna manera, fue una vergûenza: concluyó con un burdo acuerdo de las segunda y tercera mayorías, el PC y la DC, para cogobernar en desmedro del vencedor, el socialista Arturo Martínez.

Martínez es un luchador de antiguo cuño, algo mediocre,  pero perseverante sindicalista no alineado con este Gobierno, por lo cual recibió el apoyo de los desencantados de la gestión de la comunista Bárbara Figueroa.

Obtuvo la primera mayoría (19 consejeros) , pero Bárbara Figueroa terminó reteniendo la presidencia tras un acuerdo con el DC Nolberto Díaz, el mismo que días antes la criticó ácidamente por “manejar” al colegio electoral de la entidad que se demoró 16 días en oficializar los resultados.

El PC está en riesgo de perder el dominio de Jaime Gajardo en el Colegio de Profesores y su deslenguada militante Figueroa fue derrotada en la CUT y peor ella que es una emergente integrantes del Comité Central. No puede la colectividad  admitir más señales claras de que la gente se aburrió de su negativo poder al interior del Gobierno.

Para mantener el control de la CUT era indispensable pactar, y el PC no titubeó en que Figueroa lo hiciese con la democracia cristiana, partido cuyos dirigentes se empeñan en la búsqueda de un camino propio para huir de la Nueva Mayoría (Nueva Mediocridad, la llamó Ignacio Walker), precisamente por la nociva presencia de los comunistas.

Sin embargo, PC y DC, el aceite y el vinagre, pactaron y levantaron sus brazos victoriosos como nuevos controladores de la CUT: Bárbara Figueroa, presidenta, y Nolberto Díaz  —que eligió escuálidos 6 consejeros–, secretario general.

El dúo se autodefine “de transición”, pero estará en el poder de la sindical  entre seis meses y un año –todo el período eleccionario–  para luego convocar, se espera, a elecciones limpias donde asuman el control los que democráticamente obtienen la mayoría.

En esta etapa de transición, quienes gobiernen la CUT  —Figueroa y Díaz—no podrán considerarse elegidos democráticamente, sino consecuencia de un Golpe Blanco que le dieron al legítimo vencedor con la sola finalidad de mantener el poder y, con ello, su fidelidad y afinidad con el más malo de los Gobiernos desde 1990 a la fecha.

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