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Derrota en Juicio por los Diarios Hermógenes Pérez de Arce

Derrota en Juicio por los Diarios

Blog de Hermógenes

La revolución marxista en curso cuenta para su éxito con el indispensable ingrediente

de la “condena por los diarios”, es decir, declarar culpables mediante consignas a quienes se le opongan, pasando por sobre las leyes, la justicia y la sana razón. Por “diarios” entendemos todos los medios de comunicación y “tribunales populares” de la revolución, como los programas de farándula y "jjueces populares" como Yerko Puchento y la Doctora Cordero.

Los revolucionarios han considerado el fallo de la nueva justicia penal que absolvió de toda pena a las cadenas de farmacias como una derrota inesperada. Y lo fue, sin duda, porque en medio del clima de ilegalidad, inconstitucionalidad y derogación del sentido común en que vivimos, lo esperable era que los empresarios farmacéuticos fueran condenados, deseablemente a presidio, porque nada contribuye tanto a la felicidad de los pueblos como enterarse de un gran empresario preso.

Pero, sorprendentemente, y por una vez, han primado la ley y la razón y los dueños y gerentes de las cadenas han resultado absueltos.

Pues la verdad es que no se ha atentado contra la libre competencia. En Chile cualquiera es libre de vender remedios. Usted puede abrir una farmacia y hacerlo, si supera los trámites burocráticos habituales, que son un gran obstáculo, por cierto, culpa del Estado y del socialismo, pero iguales para todos (salvo para quienes hacen, a los funcionarios que otorgan los permisos, “una oferta que éstos no pueden rechazar”, lo que es de ordinaria ocurrencia, pues el país está muy, pero muy corrupto. Por algo la Presidenta dijo en París “Chile no es un país corrupto” sin que nadie se lo hubiera preguntado ni dicho que lo era.)

Pero no perdamos el hilo: hay libre competencia en ese mercado de los remedios.

Entonces ¿por qué hay casi exclusivamente farmacias de las cadenas y no más farmacias de barrio? Porque, precisamente, como hay libre competencia, las cadenas venden más barato, en razón de que tienen economías de escala y compran más barato. Entonces, de hecho, son un oligopolio (pocos vendedores). Y tienen dos opciones: enfrascarse en una guerra de precios hasta que quede una sola, que se convertiría en monopolio, o llegar a un acuerdo civilizado de no destruirse mutuamente, que es la buena solución alcanzada en Chile.

De hecho, hubo un tiempo en que tuvieron guerra de precios y se dieron cuenta de que era ruinosa. Y tácitamente se pusieron de acuerdo en no destruirse.

Entonces intervienen el Estado y sus funcionarios y, como de costumbre, no entienden nada, se guían por consignas y echan a perder las cosas: dictaminan que si no hay guerra de precios las cadenas incurren en un delito contra la libre competencia.

¿Cómo va a haber delito, si nadie impide que cualquiera pueda vender remedios o importarlos, y las cadenas no le prohíben ni impiden eso a nadie? Lo que pasa es que se han terminado casi todas las farmacias pequeñas, pero no porque alguien las suprima, sino porque las cadenas venden más barato.

Pero la revolución marxista se basa en destruir a las empresas privadas y, por tanto, voceó consignas para convencer a la gente de que las cadenas estaban abusando de ella. Algo idéntico sucedió en el mercado de los pollos, habiendo evidente libertad para criar y vender pollos o importarlos. Lo que la revolución quería y quiere era y es que las empresas productoras de pollos se destruyan mutuamente y el Estado se apodere de la industria. Porque el Estado lo manejan los revolucionarios y, obviamente, quieren ser el único productor de pollos y vendedor de remedios. Es lo que se llama “socialismo”, un sistema tan malo que se destruyó solo, apenas la gente tuvo alguna libertad para opinar y elegir.

Pero los chilenos estamos manejados por el socialismo, es decir, por consignas y, como la mayoría está convencida de la consigna de que las cadenas de farmacias “abusan”, la opinión pública ahora está escandalizada porque no han metido presos a los dueños de las  cadenas, aunque ya los hayan gravado con onerosas multas.

Pero para que prosperen  los “juicios por los diarios” es menester la complicidad de jueces prevaricadores y politizados. En el caso de los casi 80 presos políticos militares que están condenados en “juicios por los diarios”, la izquierda ha conseguido controlar a los magistrados, perseguir a los uniformados que derrotaron la asonada guerrillera y terrorista del marxismo y metido presos a estos últimos, y sigue haciéndolo.

En este caso la revolución ha contado con la complicidad de los medios de comunicación y hasta de amplios sectores de derecha, que repiten mecánicamente la consigna de “las violaciones a los derechos humanos”, ideada en los ’70 por el KGB. Entonces los jueces prevaricadores de izquierda no han tenido problema en desconocer la legalidad y decirlo con absoluto cinismo, como en el apartado 5 del Acuerdo del Pleno de la Corte Suprema de 27 de marzo de 2015.

Pero la nueva justicia penal ha dado ahora la gran sorpresa: en el caso farmacias se ha ceñido a la ley y al sentido común y ha absuelto a las cadenas. La parte derrotada ha anunciado un recurso de nulidad ante la Corte Suprema, cuya Sala Penal es el epítome de la politización y la consigna revolucionarias y es la que se ha encargado de derogar el Estado de Derecho respecto de los uniformados. Entonces, desde ya anuncio que revocará el fallo en dicho caso farmacias.

Pero, por lo menos, transcurrirán unos días en que, a raíz del fallo absolutorio pronunciado por la nueva justicia penal, un “juicio en papel de diarios” llevado adelante por la revolución ha terminado en un transitorio fracaso para ésta. Y ése es un respiro favorable y que se agradece en medio del clima deplorable que estamos viviendo bajo el proceso revolucionario.

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