Diez preguntas Actualidad

Diez preguntas
 

Señor director: 

 
 

Cuándo uno lee sobre el "Comandante Emilio", uno de los asesinos del Senador Jaime Guzmán, asesinado en democracia, y recién detenido en México; cuando uno escucha al "honorable" diputado Teillier, presidente del partido Comunista, justificar el asesinato del Senador como un "daño colateral", uno no puede dejar de preguntarse:

¿Cómo aún se niega que hubo terrorismo armado en Chile con apoyo desde el exterior?

¿Cómo el Estado niega y persigue a quienes cumplieron el mandato, que por ley y la Constitución imperante, les daba por misión defenderlo?

¿Por qué el Estado chileno persigue a ex militares por hechos ocurridos entre 1973 y 1990 calificándolos como "crímenes de lesa humanidad", basado en el estatuto de Roma, al cual recién nuestro país adhirió en 2009, alegando que dichos? crímenes son inamnistiables, omitiendo que la ley no "opera para atrás"?

¿Y los crímenes cometidos por terroristas a mansalva, por sorpresa y con ventaja no son de "lesa humanidad"?

¿Como la justicia es ciega y sorda a que hubo subversión, castigando a los que defendían al Estado, y hoy Estado y Justicia absuelven a quienes proclamaban la subversión mediante la violencia?

¿Porque? la amnistía operó sólo en favor de condenados por delitos terroristas y no para los ex uniformados?

¿Cuando ha habido militares condenados que hayan delinquido antes de ser condenados, o que hayan delinquido después de haber cumplido sus condenas, como sí han cometido numerosos frentistas?

¿Son los ex militares procesados o condenados un "peligro para la sociedad", como una de las causales para detenerlos, o mantenerlos en prisión, como si lo han demostrado ser los terroristas prófugos o amnistiados?

¿Por que a los presos políticos militares se les niegan los beneficios carcelarios, aún cuando cumplan los requisitos que exige Gendarmería y que sí se otorgan a delincuentes comunes?

¿Porque la persecución a los ex uniformados se ha institucionalizado?

Hoy, la sociedad chilena, víctima de un permanente lavado cerebral abandonó a los militares y perdonó a los terroristas.

 

Compartir