El abrazo del oso Hermógenes Pérez de Arce

El  abrazo del oso

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Cuando Gonzalo Rojas, hace años, se aprestaba a lanzar su notable libro de investigación histórica, “La Agresión del Oso”, sobre la intervención soviética para instalar un gobierno totalitario en Chile, yo le sugerí como nombre “El Abrazo del Oso”, que para los de mi generación (ya no, parece, para los de la suya) era más decidor e implicaba la fatalidad del señalado abrazo para quien lo recibiera. Gonzalo no me hizo caso, pero ello en nada obstó a la calidad de su libro y de su trabajo de investigación, que la corriente dominante, siempre deseosa de complacer a la extrema izquierda (devenida, Rettig mediante, “víctima” tras haber sido la victimaria; “agredida” tras haber sido la agresora y “demócrata” tras su intentona totalitaria) nunca propagó como habría correspondido hacerlo, dados el mérito de la obra d Rojas y la verdad contenida en ella.

 
          Salvador Allende era cómplice activo en la agresión del oso. En agosto de 1973 le confesaba a Regis Debray, en el “Nouvel Observateur”: “Sabíamos que teníamos necesidad de tiempo para organizarnos, armarnos y preparar debidamente las estructuras militares de los partidos de la Unidad Popular. Fue una carrera contra el tiempo”. Hoy esos esfuerzos son premiados por el pueblo chileno con una estatua en la esquina oriente de La Moneda y otra esculpida en granito que Michelle Bachelet acaba de inaugurar. Y ahora Hollywood premia los esfuerzos del oso de Moscú con un Oscar.
 
          Aprovechando el predominio de la izquierda (y de la derecha servil a ella) en los medios mundiales, basta para conseguir galardones el fácil expediente de denostar a la Junta Militar que salvó a Chile. La izquierda sabe que, como dicen los futbolistas, es cosa de “tirar y abrazarse”. “Hacemos una película, escribimos un libro, componemos una canción o presentamos una obra de teatro cualquiera contra Pinochet y tenemos la propaganda asegurada. Los elogios caerán en torrente, junto con los consiguientes premios” (algunos con suculentos pagos y pensiones vitalicias).
 
Lo peor es que entre las primeras voces cantantes de los elogios siempre van a estar algunas de la propia derecha que gobernó con los militares y ahora se cambió de bando y los denuesta apenas se le presenta la ocasión, para conseguir un fácil aplauso marxista.
 
          Me llaman de un semanario para preguntarme qué me parece que Hernán Larraín y Andrés Chadwick, de la UDI, también prodiguen elogios a “Historia de un Oso”, y les contesto que me parece normal, pues no he olvidado que el primero pidió público perdón a Carmen Gloria Quintana, culpando al Gobierno Militar por haber resultado quemada por los explosivos que ella misma portaba; ni tampoco he olvidado la parrafada condenatoria del régimen que salvó a Chile que profirió Chadwick cuando se cumplieron 40 años del 11 y él era Ministro del Interior de su primo Sebastián, tras éste fulminar a los “cómplices pasivos” del delito de haber impedido que los totalitarios se tomaran el poder por las armas en 1973.
 
          En el Oscar, un año antes, la película del “No” había estado cerca del galardón, pues también era denigratoria del régimen militar. ¿A alguien se le habría podido ocurrir que una película del “Sí”, aun hubiera sido de la máxima calidad cinematográfica, hubiera podido siquiera acercarse a las instancias preliminares de un Oscar? ¿En qué mundo vive ese preguntador? ¿Qué no sabe lo que les sucedió a Borges y Friedman sólo por haber expresado admiración al gobierno que salvó a Chile?
 
          El abuelo del director de “Historia de un Oso” inspiró la película, pues fue apresado en 1973 y luego exiliado. No se nos ha ilustrado sobre sus actividades de entonces. ¿Era acaso un tranquilo boticario a quien la Junta apresó arbitrariamente por tener ideas disidentes? ¿O era parte de la labor de Allende de “organizarnos, armarnos y preparar las estructuras militares”? ¿Sería un agente del problema al cual se refería Frei Montalva en 1973, al decir, “esto se arregla sólo con fusiles”, porque sabía que el oso usaba fusiles? Y por eso Frei enviaba a los directivos empresariales perseguidos por la UP a hablar con los Comandantes en Jefe, en junio de 1973.

 

          Ya sé, otra vez voy contra la corriente, pero mientras Michelle Bachelet se acredita “el Oscar, la Copa América y la gratuidad en la educación”, y aspira con eso a despegar del 20% de aprobación a que ha caído, yo me limito a aprovechar la oportunidad para dar gracias otra vez a la Junta por habernos salvado del abrazo del oso, aunque ahora a un personero de éste le den un Oscar.

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