EL CEBO CONSTITUYENTE Actualidad

EL CEBO CONSTITUYENTE

Por Justo Pastor Suárez, VOXPRESS.CL

No fueron muchos los peces atraídos por el cebo que les puso la Presidenta de la República a los chilenos para que concurriesen en masa a pronunciarse sobre su prometida y soñada nueva Constitución, una refundacional y de corte socialista.

Apenas 245 encuentros locales pudieron realizarse en el territorio, una cifra ínfima en proporción a los habitantes y, específicamente, respecto a los mayores de 18 años con supuesta capacidad de decisión.

En el páramo político en que se halla, cualquiera “cosita” que parece resultarle a la Presidenta, la suma a su “obra”. Criticó a los agoreros que pronosticaron el fracaso de su proceso constituyente y prometió que el proyecto de nueva Carta Magna lo enviará al Congreso en el segundo semestre.

Los chilenos fueron absolutamente indiferente a la millonaria campaña publicitaria que convocó a participar en cabildos y encuentros locales, y su reticencia fue explicable: privilegiar sus reales urgencias. Los sufrientes ciudadanos no estaban el año pasado, ni lo están en éste, preocupados de contribuir a una nueva Constitución –que ignoran y desconocen–, porque sus prioridades son la subsistencia diaria, mantener el empleo en lo posible e intentar pagar sus deudas.

Esta gran abstención es la que hace más sospechoso el resultado de la “voz de la calle” o “el sentimiento popular”, como lo definió la Mandataria para resaltar éste, su “éxito” y que puede ser su único y último del año.

Que fue un éxito es efectivo, pero exclusivamente para quienes alentaron el proceso constituyente como sustituto de la abortada Asamblea Constituyente (AC), esto es, la afiebrada apuesta y exigencia de la izquierda ultra y el PC.

La AC no prosperó por el lógico fantasma de la pesadilla que viven países que optaron por ella. Entonces, el extremismo, en una conducta envidiable se refugió en el proceso constituyente para imponer sus propuestas pensadas para la AC., Se coordinó y organizó para “tomarse” los cabildos y encuentros locales.

El resultado se conoce: los propios Observadores criticaron el contenido de “las propuestas ciudadanas” –o sea, de la izquierda— por ser anticonstitucionales, ideológicas y totalitarias. Incluyen, además, leyes “elaboradas por el pueblo” y referendos que revoquen normas del Ejecutivo y el Legislativo, ello al margen de una  “perlita”: la nacionalización de la propiedad de inversionistas extranjeros, al más puro estilo de la Unidad Popular.

Orgullosa por haber quedado medianamente bien con la promesa que le hizo a la izquierda de que la AC iba sí o sí, la Presidenta anunció que ahora viene la fase de conocer el pensamiento de los partidos antes de la redacción del proyecto.

Los chilenos tienen que hacer conciencia de que esta base  popular de la nueva Constitución no es más ni menos que el sentir de la izquierda dura: todo sin pago, la educación, salud y transporte, de cuyo financiamiento tiene que hacerse cargo el Estado, un Estado en ruinas, con deudas, sin fondos en sus arcas y que por obra y gracias de la Nueva Mayoría dejará con saldo negativo a los dos próximos Gobiernos.

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