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El Gambito de Bachelet Hermógenes Pérez de Arce

El Gambito de Bachelet

Cuando los prestidigitadores realizan sus trucos, su principal preocupación reside en que la audiencia “mire para otro lado”, para que no se dé cuenta de

que no sacaron el conejo del sombrero sino de otra parte. El equivalente en ajedrez se llama “gambito”, mediante el cual un jugador ofrece a su adversario tomar una pieza tentadora que, si éste la come, le va a costar el partido.

Hay un pobre país  llamado Chile en que la gente, conocedora de su prójimo, declara en un 87% desconfiar de él, y con toda razón, porque las mayores probabilidades son de que a uno ese prójimo lo esté timando o tratando de sustraerle ilícitamente algo. Somos el país que somos. No por nada nuestros carteristas, ladrones y “lanzas” son una de las “exportaciones no tradicionales” chilenas más “exitosas” a Europa. Recientemente la policía londinense los ha acreditado como los más eficaces en su “oficio”.

En este medio tan poco edificante, la opinión pública nacional, en la encuesta considerada unánimemente como la más confiable, del CEP, ha revelado que, dentro de la desconfianza general (justificada) las instituciones peor conceptuadas de todas, en el país, son los partidos políticos. En ellos dice confiar apenas el 3% de las personas y, como el margen de error de la encuesta es precisamente 3%, bien podría resultar, en una de ésas, que confíe en ellos el 0%.

Entonces, Chile tiene un problema muy serio, pues quienes tienen en sus manos la totalidad del poder ejecutivo, legislativo y judicial son los partidos políticos. ¡Los peores de todos tienen todo el poder! En el caso del último de dichos poderes, lo concentran los partidos de izquierda, que a su turno son los peores entre sus pares, pues añaden la violencia a su proceder (donde hay desmanes hay banderas rojas o rojinegras).

Es público y notorio que, en el Chile actual, políticos de todos los sectores han sido sorprendidos cometiendo impresentables ilegalidades, mediante falsificaciones flagrantes, para eludir la normativa sobre financiamiento electoral. La propia presidenta del Senado, Isabel Allende, que ha copado las páginas de la prensa en estos días, ha reconocido con ejemplar candor que TODOS las han cometido. “A confesión  de parte…”.

Claro, en su particular caso hay algo más, que podría quedar en evidencia si el Ministerio Público investigara (cosa que no ha hecho) el tema de los “falsos exonerados”, que suman decenas de miles de ciudadanos bien dotados de “picardía criolla” que cobran ilícitamente pensiones gracias al testimonio falso de parlamentarios que, con su firma, certificaron su inexistente condición de “exonerados políticos”. Espero que algún día el largo, pero tímido, brazo de la justicia llegue a investigar los que fueron certificados por la senadora Allende, que en alguna ocasión tuvo la audacia de acusarme, en la hora “prime” de la televisión, de cobrar pensión como exonerado político, acusación falsa, pues no la cobro (habiendo sido, efectivamente, exonerado de mi condición de diputado en ejercicio en septiembre de 1973. Debo ser el único).

Sea como fuere, los políticos chilenos están desesperados, y en particular lo está la Presidenta. Según la misma encuesta CEP, una mayoría del 56% de los ciudadanos reprueba su gestión, mientras tan solo un 29% la aprueba. Todavía no ha caído tan bajo como Sebastián Piñera durante su mandato, que descendió a 23%, a raíz de lo cual distrajo al país con diversos gambitos y “piñericosas” y logró recuperarse hasta el 34%, en la última CEP de 2013 (aunque él dice que terminó con 50% de aprobación, seguramente para no perder la costumbre de faltar a la verdad).

Entonces doña Michelle Bachelet resolvió conseguir que los chilenos “miráramos para otro lado”, para hacernos creer que el conejo lo sacó del sombrero, y discurrió un absurdo “proceso constituyente” que el país ya ha archirrepetido.

Tal vez por eso el tema de las reformas constitucionales no le interesa a casi nadie. Véase la misma encuesta CEP y, para el caso, cualquier otra: entre los problemas prioritarios de los chilenos ése no aparece: ellos son “delincuencia”, con 46% de menciones; salud, con 45%; y educación, con 40%. Algo más abajo aparece “corrupción”, 28%. Sólo en el lugar 14°, un magro 3% de la gente (igual al margen de error, de nuevo), menciona las “reformas constitucionales”. Es decir, cabe dentro de las posibilidades que esas reformas NO LE INTERESEN A NADIE. ¿Por qué? Porque Chile ya tiene una buena Constitución, archirratificada por la ciudadanía, que la aprobó con 67% de los votos en 1980, la ratificó con 93% de los votos, tras algunas reformas, en 1989 y la volvió a respaldar, tras otras reformas, a través de la cuasi unanimidad del Congreso, donde están “los representantes del pueblo”, en 2005. Ocasión en que Ricardo Lagos la declaró plenamente democrática, a la altura de los mayores anhelos de los chilenos y la estimó de tal nivel de excelencia que era digna de que ÉL, RICARDO I, plantara su firma al pie de la misma, cosa que hizo, suplantando la de Augusto Pinochet.

Pero ahora también Lagos aparece hablando hasta de “Asamblea Constituyente” (idea que, por otra parte, cuando los chilenos fueron llamados a manifestarla en los últimos comicios, no obtuvo más de ocho por ciento de apoyo, hoy, como hemos visto, disminuido a 3%... o nada (margen de error).

Lo cierto es que, mediante su gambito, la Presidenta quiere que miremos para otro lado. Quiere que a partir de septiembre dejemos de hablar de Caval, de Asesorías y Negocios s.p.a., su dueño Martelli, de SQM y Aguas Andinas. Y cuenta con que su principal oponente, Sebastián Piñera, quiera lo mismo, porque ha sido sorprendido usando sus empresas Bancard y Bancorp para consumar las maniobras más impresentables de todas, consistentes en obtener alrededor de 340 millones de pesos de SQM, SQM Salar, Aguas Andinas y Andes Task para pagar honorarios a ejecutivos (Jaime de Aguirre y Mario Conca) de otra empresa que era suya, Chilevisión. ¿Cómo no va a preferir Sebastián Piñera que el país ponga toda su atención en las reformas constitucionales, en lugar de estar preocupado de facturas “ideológicamente falsas” para extraer ayuda electoral a empresas privadas, financiamiento que, en lugar de destinarlo a esos fines, usó para su propio (¡oh, horror!) lucro?

No caigamos en el gambito. Ningún chileno de hoy, literalmente, se levanta en las mañanas diciendo “¡qué terrible la Constitución que tenemos!” Entre otras razones, porque es la que mejor garantiza en la historia del país sus garantías individuales y derechos ciudadanos y porque una mayoría de chilenos es probable que se hayan sentido interpretados por la unanimidad de 2005 y hayan participado en el 93% de 1989 y hasta en el 67% de 1980.

Lo que están haciendo contigo, compatriota, es engañándote una vez más. Haciéndote “mirar para otro lado”. Es otro gambito de los más desprestigiados de todos. No te comas el peón que te ofrecen. Espera, sí, a las próximas elecciones, y entonces vota por lo que más se asimile a aquellos en quienes, según la misma encuesta CEP, tienes más confianza, pues ya te han salvado antes y siempre estarán ahí para velar por tu verdadero interés

 

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