EL HERMANO FRANCISCO ¿DEBE VENIR A CHILE? Despierta Chile

EL HERMANO FRANCISCO ¿DEBE VENIR A CHILE?

August 04, 2015   Editor Por VOXPRESS.CL

No es usual que un Mandatario rehúse asistir a una Cumbre Internacional sólo para evitar enfrentarse a un colega. Pero como Michelle Bachelet nos tiene habituados a las contradicciones e imprevistos, la gente dejó pasar, como si nada, su falta de coraje de hacerse presente en la cita de Presidentes del MERCOSUR  —nada de importancia, en todo caso— para verse las caras con Evo Morales. Por el mismo motivo, tampoco lo hizo el canciller Heraldo Muñoz.

El enviado, en esta oportunidad, fue el ministro del Interior, Jorge Burgos.

La decisión del Gobierno no tiene dos lecturas, porque Bachelet fue informada del programa de intervenciones en el que participaría Morales con un encendido discurso pro mar para Bolivia, poniendo acento en la solidaridad de Cristina Fernández  con su demanda y, obviamente, en la condición de argentino del “hermano”  Francisco o el “hermano” Papa, como suele llamarlo casi familiarmente.

Queda la duda de que no por el MERCOSUR, que hoy vale cero, sino para responder con energía una nueva provocación de Morales, habría sido oportuno asistir y hablarles en la cara a los Presidentes de países afiliados sobre el respeto a los Tratados internacionales. Pudo Chile preguntar ¿cuál sería le reacción de Brasil y Argentina si Paraguay decide reclamar la recuperación de los territorios perdidos en la Guerra del Chaco?

El Gobierno yerra el foco al dedicarse a reaccionar malhumorado y responder cada estupidez de Evo con argumentos jurídicos. Hay que hacerse a la idea de que Bolivia terminó por despertar simpatías internacionales y, entre ellas, las del argentino Jorge Bergoglio, o sea, el hermano Francisco o el hermano Papa.

La diplomacia chilena ya ha incurrido en errores más que suficientes en sus relaciones con Bolivia como para continuar pegado a respuestas obvias. En La Paz no existe un solo experto en derecho internacional que tenga confusiones respecto a quién le asiste la razón jurídica, y de ahí que el recurso elegido para dar lástima al mundo es el de pasar por víctima de una injusticia que no es tal  tras el absoluto convencimiento de que jamás nuestro país le dará una salida al mar por territorio soberano.

Tanto es así que nadie del equipo jurídico boliviano en los alegatos ante la CIJ en La Haya pudo responder una pregunta clave de los jueces: ¿cuál fue la fecha clave en la que Chile ofreció formalmente una salida soberana al mar? Igualmente, no se le respondió a uno de los magistrados que pidió que aclarase por escrito qué entendía por mar soberano.

Ante estas irrefutables inconsistencias jurídicas bolivianas, la Cancillería y autoridades chilenas continuaron respondiéndole a Morales y, peor aún, ofreciéndole diálogo cuando, en definitiva, ésta es la única y mínima esperanza de dicho país en el litigio. Eso fue un grueso error, porque el foco diplomático hay que centrarlo en el peligro real que significa la falta de neutralidad vaticana” en este diferendo, oficializada y proclamada al mundo tras la visita de Bergoglio a Bolivia.

Evo Morales, si bien ha generado simpatías para su causa por imposible que sea, carece del poder y la caja de resonancia de Bergoglio, jefe de la Iglesia Católica y por su condición de argentino hereditariamente portador de un trauma por la “injusticia territorial” de Las Malvinas. Francisco, tras recibir sin chistar un crucifijo sobre una hoz y un martillo, declaró públicamente que “veo con simpatía la demanda boliviana”, lo que revela una inédita pérdida de neutralidad del Vaticano y dejó a la diplomacia de la Santa Sede tan por los suelos como la chilena.

Más que nunca, a partir de ahora el foco no puede seguir siendo Evo Morales, sino el mismísimo Papa, quien pecó de  imprudente y arbitrario al subordinar el derecho internacional a sus simpatías. Su parcialidad lo transformó de inmediato  en non grato para nuestra población, al punto que la encuesta Plaza Pública/Cadem, posterior a sus destempladas declaraciones, tuvo eco: un 70% de chilenos rechazó lo que dijo.

Está vigente el aviso de visita de Bergoglio a Chile en el invierno de 2016 y con mayor razón la diplomacia local debe hacer ver a la cancillería vaticana sus aprensiones por dicha presencia, una presencia que, al revés de la de Juan Pablo II, no aglutina sino divide y originará odiosidades transversales que pueden poner en serio riesgo la normalidad de un viaje teóricamente pastoral, tan teórico como el que hizo a Bolivia.

Bergoglio le debe una explicación a Chile y más le vale que se la dé a ojos del mundo antes de abordar el avión hacia Santiago el próximo año, si es que, en definitiva, llega a concretarse. Un pastor congrega y no disgrega a sus ovejas, como lo hizo Bergoglio entre Chile y Bolivia al entrometerse en un juicio internacional aún sin sentencia, marcando sus preferencias por una de las partes en pugna.

El liberalismo de Bergoglio es un asunto interno que inquieta o alegra a su feligresía y es ésta la que tiene que evaluar su criterio de acoger a Cristo sobre el símbolo ateo del comunismo, “obsequio oficial” de Evo Morales que no fue informado previamente al Vaticano. Se trata de un tema exclusivamente entre católicos, pero otro muy distinto es que el pastor segregue a su rebaño por cuestiones totalmente ajenas al credo y a la Iglesia Católica.

La Cancillería, fracasada en sus intentos porque Bergoglio no tocase el tema en su visita a Bolivia, tiene que recuperarse de este revés y obtener algún gesto, ya sea del Estado vaticano o personal de Bergoglio, en cuanto a que si no nos tiene simpatías  –lo más probable— que, al menos, reconozca el respeto por los Tratados internacionales. De no hacerlo, su visita el 2016 no será la más feliz de sus decisiones.

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