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Hoy, 5 de Octubre, la izquierda política y la Democracia Cristiana celebran un nuevo aniversario del triunfo del NO en el plebiscito, convocado por el Gobierno Militar, del 5 Octubre 1988.

Los dirigentes políticos de esos sectores, casi todos, se erigen a sí mismos como los héroes de la “lucha” contra la “dictadura” y celebran la “victoria” como si hubiesen librado una batalla campal. Se auto asignan los créditos y méritos de la vuelta a la democracia.

Lo que NO dicen es que ese plebiscito fue programado por el Gobierno Militar ocho años antes siendo normado entre los artículos transitorios de la Constitución Política de la República de 1980.

Lo que NO dicen es no hubo batalla alguna, Que hubo tan sólo una contienda electoral pacífica, limpia y clara en que ciudadanía decidió y que el Gobierno Militar acató plenamente tal decisión.

Lo que NO dicen es que el Gobierno Militar asumió en 1973 un país devastado, la Constitución avasallada, la institucionalidad destruida, sin estado de derecho. Sin respeto alguno de los derechos humanos, sin justicia eficaz y con una economía en ruinas.

Lo que NO dicen es que el Gobierno Militar promulgó una nueva Constitución, vigente hasta hoy, acordada en consenso con sus opositores y que entregó el mando de un país reconstruido, con una nueva institucionalidad, con plena vigencia del estado de derecho y con una de las economías más emergentes del mundo, si no la más,

Lo que NO dicen es que la democracia actual es obra del Gobierno Militar al que motejan de “dictadura”. ¿Alguien conoce de otra dictadura que haya puesto en agenda su propio fin? La respuesta es NO.

Lo que NO dicen es que una vez que el Gobierno Militar entregó el mando retornó la voracidad estatal con una feroz reforma tributaria, otra más, se desató la corrupción, la delincuencia y el sucio juego de los políticos profesionales.

Hoy, esos “héroes” celebran alborozados un nuevo aniversario el triunfo del NO porque fue muy bueno para ellos, para sus bastardos intereses.

Pero lo que NO dicen es que, de haber ganado el SÍ, con toda seguridad Chile ya sería una potencia industrial de primera magnitud.

Édison Aranda – Magister en Geopolítica

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