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El NO de Colombia a las FARC Despierta Chile

El NO de Colombia a las FARC

 

 

Inesperado, impensado, imprevisto. La derrota del pseudo Acuerdo de Paz de Santos con la narcoguerrilla de las FARC, tal cual afirmaban los plumarios de turno, enviados a "analizar", "informar" y "poner en contexto" el Plebiscito del 2 de octubre, marca "un antes y un después"; pero no en el sentido que ellos y la prensa interesada (comprometida con lo políticamente correcto) le asignaban.

 

Efectivamente, la derrota de la opción SI fue inesperada. Todas las firmas dedicadas a elaborar encuestas, estudios de opinión y detectar tendencias, cometieron un error de proporciones. Al igual que en el llamado "Brexit" (la salida del Reino Unido de la Unión Europea), pocos, exceptuando a los partidarios del NO, podían esperar un resultado tan ajustado como el que se registró. 

 

Impensado, porque, con Bachelet incluida ("reconciliación no es sinónimo de olvido", aseguró), gran cantidad de gobernantes en ejercicio, asistieron a Cartagena de Indias para la foto de rigor. Claramente, todos ellos, se hicieron presentes para recibir algunas gotas de aquel bálsamo beatífico que manaría de ese Acuerdo con las FARC, y así recomponer ya fuese su ascendiente político o bien recuperar algo de la perdida popularidad, al cobrar estatura de estadistas. Error. 

 

Imprevisto porque, tras reconocer la derrota en las urnas, Juan Manuel Santos no contaba con un Plan B, es decir uno destinado a establecer cuál camino se adoptaría en esa eventualidad. Todo estaba previsto para un triunfo. Como dijo Zalaquett había mucha gente en el balcón de la victoria, tanta que éste se agrietó, amenazando hacer caer a los protagonistas. Aunque Santos, en una entrevista con medios ingleses, declaró que él renunciaría a la Presidencia en caso de perder, dicha posibilidad que en otros países sería ineludible, en estas tierras de fácil olvido y cero responsabilidad política, quedará solo en el archivo y no surtirá efecto alguno.

 

El Acuerdo, una verdadera traición a la patria colombiana y a sus libertades, recibió el rechazo. Fue una victoria del pueblo contra su gobernante empeñado en brindarle impunidad a los criminales de la narcoguerrilla, los que a cambio de una confesión de sus crímenes, quedarían en situación de recibir un generoso subsidio del Estado (unos 7.000 dólares), empleos, representación parlamentaria asegurada sin mediar elección popular, tierras y zonas protegidas. Nada de reconocer deudas morales, nada de entregar las armas, y nada en lo  relativo a la continuidad de sus "negocios" con los productores, distribuidores y agentes de la coca. 

 

Álvaro Uribe, durante su período, redujo las FARC a un grupo de menos de 6.000 efectivos recluidos en zonas selváticas. La guerrilla estaba militarmente derrotada: eso hasta que apareció la traición de Santos cuyo objetivo era el de pasar a la historia como el pacificador a expensas de la libertad y el futuro de su nación. Todo, presuntamente para recibir, junto a Raúl Castro (y quizá Timochenko, el comandante de la FARC) el Nobel de la Paz. Un traidor.

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