El Tiro en la Cabeza Hermógenes Pérez de Arce

El Tiro en la Cabeza

Blog de Hermógenes jueves 27 agosto de 2015

La importancia de este blog no radica tanto en el número de quienes lo leen (sólo una vez ha pasado las diez mil visitas) sino en la influencia que algunos de sus lectores tienen, pues éstos frecuentemente repiten en público lo que yo he escrito, como si fueran ideas propias suyas. A mí no me importa que lo hagan y no me citen ni me nombren. Lo importante es que terminen expresando cosas que han aparecido aquí. Es una siembra fructífera, aunque poco visible, de nociones, ideas y principios.

 
          Una de las nociones que así introduje en el debate público hace años fue la del “tiro en el pie” o “balazo en el pie”, a gusto del usuario, concepto que después se repitió infinidad de veces en discursos, artículos, declaraciones y opiniones de personajes “importantes”, es decir, de esos que son frecuentemente requeridos por los medios (muchas veces a insinuación o bajo presión de ellos mismos). Lo hice citando a un gerente norteamericano de larga residencia en Chile (creo que era Robert Haldeman), que una vez nos describió como “un país que cuando está a punto de ser desarrollado se pega un tiro en el pie”.
 
Esto es muy exacto y lo grafican las cifras según las cuales el ingreso por habitante nuestro era igual al de Suecia en 1900 y al de Japón en 1925, países que alcanzaron el desarrollo y ahora nos doblan o triplican, porque mientras ellos han seguido progresando nosotros nos hemos dedicado a darnos un balazo en el pie cada cierto número de años, eligiendo o permitiendo que lleguen al poder extremistas de izquierda como Marmaduke Grove (1932), Salvador Allende (1970) o Michelle Bachelet 2.0 (2014), que han provocado interludios de caos y retroceso como el que estamos viviendo precisamente ahora.
 
           Bueno, en esta oportunidad quiero comunicarles a mis múltiples estaciones repetidoras que he resuelto cambiar el concepto: de lo que se trata ahora es de que el gobierno de extrema izquierda está dándole al país un tiro en la cabeza, es decir, al conjunto de los que la demagogia de turno en el gobierno llama también “los poderosos de siempre” o “el uno por ciento más rico”. La persecución desatada contra los mismos se hace en nombre de la “igualdad”, la “inclusión”, la “no segregación” y del “no al lucro”.
 
          En una sociedad libre la desigualdad se genera espontáneamente y es un factor de progreso de todos, porque los que se distinguen por sobre los demás son los más productivos y siempre contribuyen con sus logros al mayor bienestar de todos. Un buen ejemplo lo dan los equipos de fútbol, en los cuales siempre hay jugadores que se destacan por ser los mejores. Se les paga más y son más populares. Sin embargo, su cometido es bienvenido por todos, porque los beneficia. Incluso favorece a los peores del equipo, en razón de que facilitan el éxito del mismo y con ello hasta los menos buenos ganan más, gracias al éxito que posibilitan los “cracks”. Hasta el peor jugador del Barcelona está feliz de que en el equipo juegue Messi, aunque gane varias veces más que él, sea el preferido de los medios y monopolice las ganancias por publicidad. Los mismos jugadores inferiores dicen que “hay que cuidar a Messi” y considerarían un loco al que propusiera marginarlo o quitarle parte de sus ganancias en nombre de la igualdad. Saben que lo único que conseguirían sería que se marchara a otro equipo y quedarían todos peor.
 
          Pero el gobierno revolucionario de Michelle Bachelet 2.0 quiere darles un balazo en la cabeza precisamente a los “cracks” de la sociedad, a los Messi, a los más productivos, que tiran del carro y van a la cabeza del “team Chile”.  En este blog he insistido en que tal política es disparatada y nos perjudicará a todos. Y he visto recientemente a un ideólogo de izquierda reconocer que ahora está de acuerdo con esa famosa frase de Pinochet que decía, “hay que cuidar a los ricos”. Obvio, ahí estuvo la clave de la receta para sacar a Chile de entre los países más rezagados entre los subdesarrollados hasta ponerlo a la cabeza de Latinoamérica.
 
          He observado atentamente a “los ricos” y comprobado sus características: primero, “hacen todas las tareas”. Siempre recuerdo la autobiografía de John Paul Getty, que por un tiempo fue el más rico del mundo. Revelaba que su mayor logro fue siempre “vencerse a sí mismo”. Eso quiere decir que, en vez de divertirse, trabajaba cuando debía hacerlo. Por supuesto, trabajaba bien, productivamente. Uno no saca nada con “deslomarse” haciendo estupideces. Entonces, el segundo requisito es hacer las cosas bien. No comprar cuando hay que vender ni viceversa. Eso requiere talento. Y el tercer requisito es tener suerte. He conocido personas que, a los méritos anteriores, añaden el “toque de Midas”. Estoy convencido de que eso existe y hay a quienes la fortuna persigue, así como hay otros a los cuales los elude. Y los países cometen un gravísimo error cuando ahuyentan a las primeras, como lo está haciendo Bachelet 2.0.
 
Pues su gobierno revolucionario le dispara a la cabeza, a la que guía al convoy, subiéndole al uno por ciento más rico los impuestos, poniéndoles una pistola al pecho (huelga sin reemplazo) para obligarlos a pagar mayores sueldos que los que indican el mercado laboral y la ley de la oferta y la demanda; y poniendo el destino de las empresas en manos de los sindicatos, es decir, dejémonos de cosas, del Partido Comunista, que los maneja. Nunca debe olvidarse de que “el capital ataca huyendo” (esta frase se la oí a otro, que la "sembró").
 
Ya se ha liquidado toda una industria, como lo era la de la educación particular subvencionada y la superior, prohibiéndoles a los particulares emprendedores ganarse la vida en eso, al perseguir el lucro. Ahora se amenaza a las instituciones privadas de salud, se busca colectivizar los derechos de agua y restar solidez al derecho de propiedad, que es el objetivo último de la anunciada reforma constitucional. En la Araucanía ya casi no se puede producir, porque el extremismo mata, quema y ataca. Por eso están los camiones en Santiago, clamando por mano dura con el extremismo. ¿La aplicará un gobierno del cual el extremismo es parte? Jamás. Por eso se hace común la frase “empresario chileno vende”. O “empresario chileno compra en el exterior”.
 
El futuro del país está en tela de juicio, porque se persigue al uno por ciento de los chilenos, que son los que "tiran el carro", los más capaces para hacerlo producir y que realizan el 80% de la inversión, sin la cual no hay crecimiento. Es como si las autoridades del Barcelona se hubieran propuesto liquidar a Messi, en nombre de la “igualdad”, de la “inclusión”  y de la “no segregación”. Barcelona sin Messi sería otra cosa. Una cosa peor. Perseguirlo, a él sería como darse un tiro o un balazo en la cabeza.
 

 

Eso es lo que le está haciendo a Chile el actual gobierno revolucionario de la izquierda, en el cual cualquiera se da cuenta de que el que manda es el Partido Comunista. 

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