Emocionada Despedida Actualidad

Emocionada Despedida

Por Máximo

Ustedes saben que mi actividad preferida es reírme. Yo me río y me burlo de todo, política, religión, mujeres, homosexuales y de lo

 

que venga. ¿Y saben la razón? No creo en la especie humana, sus dogmas y sus poses. No creo en las autoridades morales, los hombres buenos y cualquier tipo de pontificador masivo. Si le hacemos caso a la Biblia, ese libro que nos muestra nuestras miserias sin contemplaciones, los seres humanos somos ante todo una tropa de pecadores miserables. Entonces, ¿por qué tengo que tomar en serio a tremendos personajes?.

Entre toda la fauna nativa que del polvo nace y en polvo se convertirá, podemos distinguir a locos fanáticos como Berrios y Baranda; a criminales como Teillier; a sociópatas como Piñera; a farsantes como Bachelet y su hidalga familia extendida, y a rastreros como Andrés Chadwick, entre otras linduras humanas. Sin embargo, en mi humilde y humana opinión, no hay personajes más despreciables que los hipócritas, a quienes he definido como socialistas para hablar, burgueses para vivir y capitalistas para cobrar. A los que viven a cuerpo de rey engañando a la gente. Fernando Paulsen es el niño símbolo de esta mala clase humana sin parangón.

Está bien que Paulsen no siga en pantalla, porque es un veneno para la sociedad. Un tipo que defiende públicamente al gobierno venezolano mientras se jacta de sus juegos de rugby, sus veraneos en Cachagua y sus viajes de estudio al “imperio”, no es un ejemplo de “líder de opinión”.

Un tipo que, según su propia confesión hace unos años (se le “salió”, al parecer), cobraba su remuneración de Chilevisión a través de una sociedad constituida con su esposa para eludir impuestos, y luego hace gárgaras en contra de quienes emiten boletas y facturas “ideológicamente falsas” o defienden el FUT que él mismo utilizó maliciosamente, no merece el respeto de nadie y no debe estar en televisión pontificando como falso profeta.

Mira Paulsen, hipócrita y pequeño burgués, métete tus camisas de La Martina por la raja; hínchate de plata trabajando en el lobby que tanto criticaste hasta hoy; sigue viviendo en el barrio alto con vecinos empresarios de derecha; sigue pontificando sobre derechos humanos aunque te haces el huevón cuando se trata de Cuba y la UP; sigue adulando a terroristas mientras le faltas el respeto a un caballero como don Hermógenes, quien te dio una lección de lo que es la clase que tú no tienes; sigue mandando a tus hijos a colegios que cobran, segregan y reproducen las “élites” a las que supones que perteneces, aunque no sé si tus amigos te consideran como parte de ellos o solo te reconocen como un escalador social; sigue atendiéndote en clínicas particulares y sigue viajando en Volvo, pero hazle un favor al país, ¡ándate a la chucha y no vuelvas, pobre huevón!.

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