Es Que No Saben Historia Hermógenes Pérez de Arce

Es Que No Saben Historia

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          Cuando en años recientes salían a las calles las masas de estudiantes (y también adultos), por centenares de miles y todo el mundo se impresionaba (“todo el mundo” siempre ha sido bastante simplón, como que uno de sus representantes decía que el movimiento callejero era “noble, grande, hermoso” –tres sinónimos— sin darse cuenta de que era para derrocarlo a él), yo recordaba que en el centro de Santiago no se veía a multitudes tan entusiastas desde la República Socialista, en 1932, que ofreció tantos “derechos sociales” como el gobierno actual y, naturalmente, duró muy poco (doce días, desde el 5 de hasta el 17 de junio de ese año). Su conductor, el coronel Marmaduke Grove, había prometido todavía más que la Michelle 2.0, tanto que hasta decretó la devolución gratuita a los deudores de los objetos empeñados en “la Tía Rica” (Caja de Crédito Prendario y del Martillo). La gente estaba también tan contenta con los regalos que desfilaba masivamente vivando a Grove y voceando la consigna: “¿Quién manda el buque? Marmaduke”.
 
          Pero en el paroxismo de la locura popular y en plenos desfiles, un coronel adusto, Pedro Lagos, pescó a Marmaduke y sus ad láteres y los mandó a Isla de Pascua, donde fueron desembarcados sin ceremonias en la caleta Hanga Piko, y hasta ahí duró la alegría popular.
 
          Otro Lagos ha dicho ahora que mucha gente le pregunta por qué no pone orden aquí, en medio de la nueva hemorragia de “derechos sociales”, que es el nombre que los izquierdistas dan a la entrega de cosas gratis a la gente. La “última chupada del mate” es la propuesta del jefe comunista, Teillier, que mandó matar a seis personas en 1986 pero, como no es militar, ha sido acogido a la prescripción por los jueces (en rigor, sólo pudo hacer matar a cinco, porque el sexto, Augusto Pinochet, se salvó). Impune y cada vez más arrogante, ahora está exigiendo al gobierno terminar con el sistema de las AFPs.
 
          Como en el Chile contemporáneo siempre se terminan haciendo las cosas que dicen los comunistas, la petición de Teillier no hay que echarla a la broma. En otros medios yo he opinado que esta propuesta suya es “el paso que falta” para completar el “Vals del Adiós” al “milagro chileno” que nos llevó desde la retaguardia de los subdesarrollados en 1973 a la vanguardia del hemisferio en 1990 (“Misión Cumplida”, “la joya más preciada de la corona latinoamericana”, Clinton dixit, y todo eso). Porque he enumerado nueve pilares en los cuales se sustenta el modelo, uno de los cuales son las AFPs, que pasaron los fondos de previsionales de manos de los políticos que abusaban de ellos bajo el sistema de reparto, que es el que quiere Teillier, al de administración individual en inversiones productivas. Ya Michelle 2.0 tiene liquidados, a medio liquidar o en barbecho los otros ocho pilares del “milagro”, el FUT, las privatizaciones (ni siquiera soporta las concesiones hospitalarias), la garantía a la propiedad (el verdadero objeto del “Constitucionario” es confiscar por mayoría simple), el DL 600 de la inversión extranjera, la reforma laboral de “Piñera el bueno”, que terminó con las olas de huelgas, que serán sucedidas por una ola más grande, la de las huelgas sin reemplazo; las ISAPRES, en la mira; el derecho real de concesión minera (amenazado por sucesivos royalties, entre ellos el de "Piñera el malo") y la libre creación de universidades, CFTs e IPs, suprimida junto con la persecución contra el lucro, iniciada bajo este último Piñera.
 
          En realidad, el “milagro chileno” no fue milagro, porque si usted cambia una enorme cantidad de dinero de manos de funcionarios que lo hacen desaparecer dentro de sus bolsillos a las de empresarios que los hacen rendir, el crecimiento del país pega un salto. Como ahora se está haciendo todo lo contrario, el crecimiento ha dado un salto atrás. Cuando la Concertación y sus cinco gobiernos (siempre incluyo al de "Piñera el malo" entre ellos, como promotor de más impuestos, más ministerios y más presos políticos militares, y cuyos crecimiento y empleo iniciales los debió al insostenible 16,5% de aumento del gasto fiscal que le heredó Velasco en 2010), “le rayaban la pintura” al modelo, se crecía menos. Ahora que se demuelen sus pilares, ya casi no crecemos, y cuando los “derechos sociales” se lo coman todo, vamos a ser otro Brasil de Dilma, Argentina de los Kirchner o Venezuela de Chávez-Maduro.
 
          La idea de Teillier ya viene siendo como un golpe de gracia al “milagro”. Recuerdo, cuando era joven, los espléndidos departamentos pertenecientes a las Cajas de Previsión del sistema de reparto que él propicia, departamentos que ocupaban prohombres del respectivo régimen. Estuve en algunos. Eran “a todo trapo” y “la gracia” consistía en que sus rentas de arrendamiento eran irrisorias. Como todas las inversiones eran así, tipo “derechos sociales” (a vivir en un departamento con arriendo barato, a recibir un préstamo con interés inferior a la inflación, a comprar una vivienda con crédito hipotecario cuyo dividendo era fijo en pesos con inflación de 50%, a estudiar gratis en la universidad), el país vivía en crisis permanente. Nos disputábamos con Argentina y Bolivia el cetro de la más alta inflación del mundo. Éramos como la Grecia de hoy, un paraíso de los “derechos sociales”. A todo eso puso freno la Misión Klein-Saks, de 1956, “los Klein-Saks”, como los llamaban los comunistas, furiosos porque esa Misión les terminó el caldo de cultivo de la revolución y porque todavía no sabían que después los Kerenskys les iban a poner la alfombra roja hacia el poder. Pero ésa es otra historia.
 
          Por ahora, para allá vamos, con Teillier la cabeza. Lo puede lograr. “¡Y qué fue, y qué fue, aquí estamos otra vez!”, como voceaban cuando se derogó la Ley de Defensa de la Democracia, que los había puesto donde deberían estar, es decir, fuera de la ley. ¿Habrá un Lagos, como en 1932, que “venga a poner las cosas en orden aquí”? La calle se lo pide, dice él. Y yo también, como mal menor, por supuesto.

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