Estamos Más Tontos Que Nunca Hermógenes Pérez de Arce

Estamos Más Tontos Que Nunca

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          Cuando se reveló que los socialistas sacaban pensiones de más de cinco millones de pesos haciendo unos pocos arreglines en Gendarmería, la masa de los chilenos, que nunca ha entendido nada, creyó que la solución estaba en tener la misma previsión que Gendarmería y salieron cien mil personas a la calle con letreros de "No + AFP". Como de costumbre, no habían "cachado la onda", pues si hay algo obvio es que el país no resiste un sistema de pensiones como el de Gendarmería, que está hecho para que las personas influyentes de los gobiernos consigan "pitutos" y, mediante artilugios legales y reglamentarios, se retiren después de veinte años de trabajo con pensiones de más de cinco millones de pesos.

 

          Esto era lo habitual en el Chile anterior a la reforma previsional de 1981. Se sabía que los que tenían influencia política conseguían pensiones millonarias y los que no, es decir, la gran masa de los chilenos trabajadores, conseguían unas miserables o ninguna. Los parlamentarios jubilaban "con perseguidora" (reajuste automático) sólo habiendo estado un período en el Congreso y acreditando quince años de imposiciones. Los obreros sólo después de haber trabajado y cotizado toda una vida y cumplido 65 años.

 

          Había un abogado bancario muy prestigiado y estudioso que, de tanto escudriñar la legislación previsional, se había quedado semiciego y usaba unos anteojos "poto de botella" para poder leer a través de los vericuetos legislativos y reglamentarios. Y así había conseguido fabricarse una jubilación multimillonaria. Fue generoso con un  amigo y colega suyo y le dio los derroteros para conseguir lo mismo. Este último una vez me confesó: "me da vergüenza el monto de la pensión que tengo", y cuando le pregunté de cuánto era me respondió que jamás me lo confesaría.

 

          El país llegó a tener la mayor inflación del mundo porque financiaba barbaridades como su sistema previsional sin tener con qué. Y ahora centenares de miles salen a las calles en Santiago y regiones pidiendo volver a lo mismo.

 

          Ésa es la crisis a que se refiere Lagos, la que, de no ser contenida, va a arrasar con toda la institucionalidad que nos rige, de la misma manera que ha desorientado por completo la situación tributaria (nadie la entiende), que ya está liquidando la educación superior, que demolerá la enseñanza particular subvencionada, hará trizas la institucionalidad laboral y pretende, a través del artificial "proceso constituyente", destruir las bases mismas del ejercicio de la autoridad, la estabilidad de los derechos y la convivencia social. Y por eso Lagos dice no saber si la situación resistirá un año y medio más.

 

          Como estamos más tontos que nunca, se levantan las voces de los expertos anunciando la necesidad de "un cambio ministerial". ¡Si el problema no está en los ministros, sino en la Presidencia y su programa! Es la conducción la que ha fallado. El nuevo ministro del Interior ha llegado, según ha dicho, a cumplir rigurosamente el programa de gobierno y la voluntad de la Presidenta y precisamente por eso la crisis se ha agravado desde que asumió el cargo.

 

          Pero Lagos debería tranquilizarse: yo he anticipado varias veces que no debemos preocuparnos demasiado, porque este gobierno, causante de la crisis, para todos los efectos prácticos ya está terminado. Se aproximan las fiestas patrias, luego las elecciones municipales, después la Pascua y las vacaciones de verano y, a la vuelta de las mismas, habrán entrado a tierra derecha las elecciones parlamentaria y presidencial, y nadie tendrá tiempo para nada. No creo que la reforma laboral ni la educacional se conviertan en leyes, porque el gobierno y los legisladores van a estar dedicados a las sucesivas campañas, festividades y vacaciones.

 

          Y los abogados con anteojos poto de botella ya han encontrado vericuetos para eludir los peores efectos de la reforma tributaria. Como ven luz al final del túnel, los agentes económicos han hecho subir la Bolsa y bajar el dólar, como si supieran que el gobierno revolucionario ya se terminó.

 

          Sí, estamos más tontos que nunca, pero somos tontos con suerte, pues ya sabemos una cosa de seguro: que después de este gobierno no puede venir otro peor.

 

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