Exit Kast, Enter Kast Hermógenes Pérez de Arce

Exit Kast, Enter Kast

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          Desaparece de la escena Felipe Kast y entra en escena José Antonio Kast, el único candidato de derecha, defensor del legado del gobierno que primero salvó y luego cambió a Chile; el único que defiende a los presos políticos militares y el único capaz de solucionar el problema de la Araucanía, que por cierto no existía bajo el Gobierno Militar, cuando los caciques agradecidos designaban a Pinochet “Gran Conductor y Jefe” y le daban el triunfo al “Sí” en la región, en 1988.
 
          El problema de José Antonio será en lo sucesivo enfrentar las zancadillas, trampas y ninguneo promovidos en su contra, todo lo cual conocí bien por experiencia propia hace muchos años y he vivido como comentarista desde que un personaje poderoso y sin escrúpulos se lanzó como candidato. Anoche, en un foro televisivo, el periodista Fernando Paulsen mencionó a José Antonio Kast como una figura que competirá en la elección y confesó que, cuando en anterior oportunidad hizo lo mismo, lo habían llamado para criticarlo, preguntándole “¿para qué lo nombras?”. De eso se trata. Pero de nuevo lo nombró. Bien por él. Y de nuevo va a recibir presiones para que no lo vuelva a mencionar. Ésa es la atmósfera bajo la cual vivimos.
 
Bajo ella vive la derecha, que mayoritariamente ha abrazado la candidatura de un sujeto que carece de los mínimos atributos valóricos y políticos para representarla. Ha sido un encarnizado promotor de la prevaricación contra los militares retirados y un detractor impenitente del Gobierno Militar. El canal del que fue propietario, Chilevisión, ofició de portaestandarte de la desfiguración de la verdad histórica y lo sigue haciendo. El mismo Piñera insultó a la derecha política que lo llevó a la Presidencia, calificándola como una horda de “cómplices pasivos” de delitos inventados. Pero esa derecha, aun insultada por él, ahora hace caso omiso de ello y de todas sus trasgresiones éticas, de su abuso de los paraísos fiscales y de las sociedades “zombies” para poner su patrimonio a salvo de los impuestos que él mismo alzó al resto de los chilenos menos “vivos” que él; hace caso omiso de su servilismo con la izquierda marxista para perseguir ilegalmente a los Presos Políticos Militares, de su proclamación del comunista Teitelboim como “un grande de la historia de Chile” y de su presencia en la guardia de honor ante el féretro de Hugo Chávez.
 
          José Antonio Kast había llamado a sus partidarios a no votar en las recientes primarias, pero, pese a ser seguidor suyo, no le obedecí porque creía que, si en esas elecciones competía un político de derecha como Ossandón, con manos limpias, contra un individuo que carece de ambos atributos, había que apoyar al primero. Curiosamente, este llamado tuvo mucho más efecto entre la gente de una comuna pobre y que no era de la derecha tradicional más partidaria del Gobierno Militar, que en los considerados como bastiones de esta última: Ossandón, por ejemplo, salió primero, con el 49 % de los votos, contra 41 % de Piñera y 10 % de Felipe Kast, en la comuna de Lo Espejo. Gente modesta que entendió el mensaje moral. Y, en cambio, Ossandón fue realmente castigado en la comuna de Vitacura, donde obtuvo apenas 2,76 % de los votos, perdiendo ante Felipe Kast (20,56 %) y donde Piñera sacó una extraordinaria votación de 76,68 %.
 
          ¿Qué fue de esa Vitacura que en 1989 me hizo el honor de ser la única comuna de Santiago donde yo, candidato a senador defensor del Gobierno Militar y de la línea del “Sí”, vencí tanto a Eduardo Frei Ruiz Tagle como a Sebastián Piñera? ¿Cómo puede ese electorado haber cambiado tanto? Es que ha cambiado y mucho. Todavía en 2005 recuerdo cuando, espontáneamente, me hicieron un homenaje en plena Vitacura, en Casapiedra, llena a reventar con más de mil quinientas personas que pagaron su cena, por mi inclaudicable defensa del Gobierno Militar y Pinochet. Hoy eso sería imposible: de eso ya no queda nada. Hoy le dan casi el 77 % al denostador de ellos mismos como “cómplices pasivos”, al perseguidor, con mil querellas sin base legal, de los militares retirados que combatieron el terrorismo marxista, hoy ancianos; le dan esa gran mayoría al sujeto controlador de sociedades enredadas con facturas falsas y que logra silenciar a sus críticos utilizando los medios que cualquiera puede imaginar.
 
          Lo he dicho varias veces: eso sucede porque la derecha vive una crisis moral. “Sí, dicen, reconocemos que Piñera es o ha hecho esto o lo otro, pero va a ganar a la Nueva Mayoría y eso es lo único que importa”. Hoy el diario digital “El Mostrador” se hace cargo de esta derecha que pasa por sobre la verdad, los valores y los principios con tal de ganar una elección y combatir la amenaza a su bienestar material. Aquella para la cual el fin justifica los medios.
 
          Pero ahora se inicia una nueva etapa. Tenemos otro Kast, José Antonio, un candidato de derecha con las manos limpias, consecuente con sus ideas de siempre y honesto. Defensor de la verdad histórica y crítico de la prevaricación de los jueces contra los militares. Fiel representante del principio de autoridad dentro de la ley para enfrentar el terrorismo, el desorden y la delincuencia.
 
Ha reunido las firmas necesarias para inscribirse en la contienda y tendrá el derecho legal a una franja electoral y a participar en los foros televisivos y radiales presidenciales. Representa las ideas y las acciones que en algún momento sustentó una mayoría sustancial del país, como la que, a través de sus representantes elegidos para la Cámara de Diputados, llamó a los militares en 1973 a poner término a la situación a la cual la revolución marxista lo había llevado. Incluso todavía en 1988, frente a un cerco y un financiamiento internacionales que apoyaban a los marxistas y a los demócratas que, pasado el peligro totalitario, habían sentido renacer sus apetitos de poder, el “Sí” representativo de la lealtad a los principios y al ideal de derecha obtuvo un significativo 44 % de los votos.
 
          Según los resultados de ayer, hoy de ese patrimonio electoral no queda casi nada. Pero la verdad y los principios siempre existen, aunque no tengan votos. Lo entendieron mejor los votantes modestos de Lo Espejo que los elegantes de Vitacura. Eso tiene un valor moral. Es capaz de convocar a la gente realmente honesta, la que paga el pasaje en lugar de evadirlo, y que es mayoría.
 
          Enter José Antonio Kast, cuyo  mensaje de honradez, libertad y verdad, de aquí al 19 de noviembre, no podrá seguir siendo silenciado como lo ha sido hasta ahora. Y eso representa un gran cambio en la política nacional.

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