Fallece otro Preso Político Militar Despierta Chile

Fallece otro Preso Político Militar

 

por Fernando Martínez Collins

 

El suboficial mayor de Ejército ® Basclay Zapata Reyes, uno de los más de 200 presos políticos militares encarcelados en Santiago y en regiones, falleció cerca del mediodía de ayer, en el Hospital Militar, donde se encontraba internado desde hace unos meses, aquejado de un agresivo cáncer que lo consumió en un período muy breve.

Basclay Zapata, de 71 años, es el octavo deceso de un cautivo militar condenado en el último año. De ellos, siete son de muerte natural, más el coronel de la Fuerza Aérea, Carlos Rey Cortés, quien se suicidó el pasado 17 de octubre cuando personal de la PDI lo fue a detener a su casa.

En el segundo semestre de este año y estando sano, comenzó a tener molestias y dolores, en un período muy breve se complicó, fue llevado al hospital de su Institución desde donde ya no salió.
Estaba casado con una funcionaria de la Armada en retiro. El matrimonio tiene dos hijos, hombre y mujer, y también nietos.
Era uno de los presos más antiguos. Llevaba más de 25 años privado de libertad, sin ningún beneficio.

Sin embargo, fue uno de los que mejor se amoldó al encierro. Dotado de habilidades manuales extraordinarias, se transformó casi enseguida en el “maestro’’ del penal, actividad que cumplió por más de 20 años.

Fue él precisamente quien construyó una biblioteca para los presos.

Con sus propias manos hizo mesas, sillas, estanterías, todo lo necesario, y transformó un container abandonado en la Biblioteca, un excelente lugar de entretención y cultura.

Sin embargo, después que la obra estuvo totalmente terminada y financiada por privados, con un costo que superó los 10 millones de pesos, proveniente de donaciones de lectores de Chile Informa, quienes además obsequiaron aparatos de TV, de Radio, grabadoras, máquinas de escribir, entre otros bienes, el mando de Punta Peuco se apropió del container e hizo desarmar y desalojar la biblioteca.

Frente a esa canallada, fue Basclay quien consiguió que en un pequeño sitio eriazo se le permitiera construir una pieza de madera e instalar en su interior la biblioteca, (la segunda) la cual renació por su talento desde las cenizas.

Basclay era la persona que arreglaba puertas, ventanas, construía camas de madera, o las achicaba cuando dentro de la celda había que poner dos personas.

Se construyó además, dentro de la cárcel, un taller laboral donde mantenía materiales y herramientas de su propiedad y donde acostumbraba trabajar de lunes a sábado, mañana y tarde.

El sabía que no saldría vivo y jamás se refirió a ese tema.

Diría que logró entender que ese era su final y lo aceptó con resignación. Todos los presos sueñan con la salida. A él jamás le escuchamos hablar del tema.

Era uno de los muy escasos presos que ocupaba una celda individual. Quizás la más pequeña, incluso sin siquiera taza de baño o lavamanos, pero él prefería esas limitaciones para disponer en sus momentos de descanso de la fiel compañía de la radio. Conocía a la perfección las emisoras y espacios que difundían boleros, tangos o música chilena.

En el pasado, en más de una ocasión contamos de sus aficiones manuales y su trabajo como mueblista y carpintero. Uno de nuestros lectores, en un viaje a Estados Unidos y sin siquiera conocerlo, salvo por nuestras referencias, le compró y trajo un excelente set de herramientas.

Pocas veces le vimos tan contento y agradecido como cuando se las entregamos en el penal. “Son norteamericanas’’, nos decía.

En lo personal le conocí en los comienzos del Gobierno Militar, mucho antes que él cayera preso. El tenía la especialidad de Comando y el Ejército lo solía mandar -junto con otros camaradas- cuando el Presidente Pinochet viajaba a provincias. Especialmente en el norte, los comandos hacían guardia, día y noche, en el exterior de los hoteles.

En esos frecuentes viajes en avión nos conocimos, aun cuando solamente nos saludábamos. Grande fue nuestra sorpresa cuando años después un día, al visitar a los presos junto con Bernardita Huerta, lo encontramos entre los residentes.

Nos saludamos de abrazo y comenzamos a conversar como nunca antes lo hicimos y se transformó él en un amigo.

En casa visitarlos a todos era imposible y en algunas ocasiones no alcanzábamos a llegar a su módulo y su celda. Siempre se enteraba y nos reprochaba, en la ida siguiente, por qué no pasamos a saludarlo.

No hace mucho, Basclay apareció en los medios de prensa.
Fue con motivo de una misa realizaba en Punta Peuco.

Ahí sin que nadie se lo pidiera y sabiendo que no tendría beneficio penitenciario alguno, seguramente pensado con anticipación caminó hacia el altar y delante de todos leyó una carta suya donde, desde el fondo de su corazón, pedía perdón a todos quienes había perjudicado en el pasado.

 

 

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