FORCEPS SOCIALISTAS PARA LA CONSTITUCIÓN Actualidad

FORCEPS SOCIALISTAS PARA LA CONSTITUCIÓN

Por VOXPRESS.CL

 

 

Los últimos días han estado caracterizados por uno de los tantos escándalos que han marcado a este Gobierno y, con toda propiedad, podría decirse que es el de más nefastas consecuencias políticas.

 

La desvergüenza con que el SII presenta en gotas las querellas contra el entorno de peces gordos corruptos que permanecen intocables gracias a la red de protección oficial, ya no extraña a nadie, y la revelación del abogado de la nuera de la Presidenta sobre la directa ingerencia que tuvo La Moneda en el desarrollo del caso Caval, era una cosa tan antigua como sabida.

 

No obstante, de la noche a la mañana se ha tomado la agenda, como si fuese una cuestión de vida o muerte, el repentino deseo de Bachelet  de ser ella, finalmente, la que antes de expirar su catastrófico período presente una propuesta de texto para la nueva Constitución Política del Estado.

 

Hay que reconocer que una nueva Constitución, según sus propias expresiones, “hecha en democracia”, estuvo siempre en su atemorizante programa de Gobierno, y a partir de una Asamblea Constituyente (AC), exigencia intransable de los comunistas. Al perder su ritmo las otras reformas estructurales y desmoronarse su credibilidad ante el país, la Presidenta discurrió  —ella no, sus asesores— que como iba a ser imposible materializar este anhelo de la izquierda en su período reglamentario, anunció un lento y progresivo “proceso constituyente” que, por su demora y tiempos de debate,  culminaría en la próxima administración presidencial y, también, en el próximo Parlamento, elegido con otras reglas y con menos corruptos en su interior.

 

La Presidenta convocó a un Consejo de Observadores  –grupo neutral— representante de la ciudadanía para que echase a andar el proceso, pero a muy poco andar surgieron las primeras, y graves desavenencias, primero por el abrupto apuro presidencial y, segundo,  por la presión de La Moneda para elegir a los “facilitadores” y redactar las conclusiones, al punto que dos de sus miembros renunciaron.

 

Así, espontáneamente el proceso dejó de tener atisbos de la  objetividad y neutralidad prometidas y ya se conocieron las primeras señales de intervencionismo en la selección de los facilitadores de los cabildos, al rechazarse a gente preparadísima pero ideológicamente adversa al régimen y se reclutó a otros afines con antecedentes penales. Además de las renuncias en el Consejo de Observadores, inconstitucionalmente el Gobierno se apropió de franjas televisivas no para estimular la participación ciudadana sino para difundir una orientación sin contrapeso y se prepara un docurreality ($80 millones) para hacer proselitismo sobre el tema.

 

Consciente de que sus reformas estructurales quedaron en su obra gruesa, o sea, inconclusas y que la Educacional continúa en la sala de espera en cuanto a la ley de universidades, en La Moneda se levantó urgentemente la idea de sacar sí o sí adelante al menos el texto de una nueva Constitución concebida “a su pinta”.

 

Así como partió el proceso y como se está desarrollado, que le quede claro al país que dicha Carta Magna no será un fiel reflejo del sentir nacional, sino un burdo manipuleo ideológico para que su contenido refleje una tendencia política, la de la izquierda más dura.

 

Esta trampa, tendida a vista y paciencia de todos, fue fríamente pensada para salvarle el segundo tiempo a Bachelet, que sigue abajo en la encuestas y no remonta en respaldo ciudadano. Se está imponiendo a la población un proyecto a la fuerza, con forceps, respecto a una materia que realmente a la mayoría de los chilenos no les urge, con la cual han convivido tranquilamente por años y sobre la cual, un gran porcentaje de compatriotas no conoce o es totalmente ignorante.

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