Frente a la segunda vuelta Despierta Chile

Frente a la segunda vuelta

Por vivaChile.org Benjamín Lagos

La segunda vuelta electoral consiste en decidir entre dos, y solo dos, alternativas posibles. Tan exiguo es ese número como alta la importancia de la decisión de bien común involucrada; tan elevada, que no puede sustraerse de ella quien cumple los requisitos que la Constitución le reconoce para intervenir. El mismo bien común que funda el deber del sufragio exige que el dilema entre las opciones en disputa no quede sin resolver: forzosamente en una de ellas recaerá, en el caso chileno, la primera magistratura de la Nación.

La oferta -más bien, subasta- de prestaciones de la más variada índole, que ha caracterizado a nuestro debate político estas semanas, puede ser muy desagradable de contemplar. Del pensamiento materialista dominante arranca una contienda política entre los que prometen un derroche de beneficios pecuniarios y los que abogan -con cierto disimulo, eso sí- por su contención, con arreglo al presupuesto fiscal y el crecimiento de la economía. No es una instancia cómoda para muchos electores, que anhelan con razón una política basada en códigos de trascendencia. Pero, aun en este contexto, persisten dos claras alternativas: o se modera y controla el actual proceso de deconstrucción cultural e intervención del Estado en las distintos ámbitos de actuación de los particulares, o se lo profundiza.

Por cierto, nadie puede sostener que la opción de la moderación, al menos a corto plazo, revierta ese curso: eso es ilusorio o falso. Pero sí evitaría, aun parcialmente, los males que promovería un Ejecutivo de signo ideológico y “progresista”. Y al mismo tiempo, dada la declarada vocación centrista de esa moderación, crearía un clima apto para la organización de una fuerza política a su derecha.

Cada voto es apenas una respuesta muy tardía a un proceso cultural en desarrollo. Por lo mismo, no está llamado a resolver todos los problemas políticos de una sociedad en un momento dado. Nunca lo hizo ni lo hará. Es paradójico que quienes son más conscientes de las limitaciones de la democracia como forma de gobierno suelen atribuirle al voto -el mecanismo decisorio en ese sistema- virtudes que exceden con mucho las imperfecciones de aquella. No puede ser dogmático del voto quien no es un dogmático de la democracia. El ejercicio del sufragio por una de sus opciones difícilmente puede dar lugar a las condiciones ideales que se buscan. Pero puede frenar algunos aspectos de los procesos en curso y -por influencia o por contraste- favorecer el ambiente para la difusión de buenas ideas.

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