Fuerzas Armadas, fin de una época Relevantes

Fuerzas Armadas, fin de una época

Blogs El Mercurio

Debatir el contexto constitucional de las FF.AA. en este espacio es imposible. Solo pretendo adelantar algunas ideas referidas a los planteamientos que, en dos oportunidades durante el mes de enero, han formulado los señores Agüero, Fuentes y Varas.

Nadie cuestiona la subordinación de las FF.AA. a la autoridad política ejecutiva, legítimamente constituida, así como su control -en lo que corresponde- por parte del Congreso, Poder Judicial y Contraloría, entre otros. Dicho lo anterior, veamos los importantes espacios de autonomía a que se refieren los autores.

Respecto de la Ley del Cobre, más allá del debate sobre el origen de los recursos, las instituciones no pueden gastar ni un solo dólar sin que medie un proyecto o ficha de fundamento de gasto (para sostenimiento), debidamente evaluado y aprobado por el Ministerio de Defensa, definido como necesario y prioritario, resuelto por el Presidente de la República y encuadrado dentro del marco autorizado por el Ministerio de Hacienda.

En relación con la educación y discriminación, los programas de las escuelas matrices son públicos y se encuentran debidamente acreditados. No tienen otro propósito que formar a los mejores profesionales para el ejercicio de la profesión militar. Las escuelas matrices para suboficiales han sido siempre gratuitas y las para oficiales tienen una colegiatura, por los altos costos de cuatro años de formación y porque dichos fondos no los considera la Ley de Presupuestos. Sin embargo, ello nunca ha sido obstáculo para quienes tienen méritos y no disponen de recursos. Actualmente, la cantidad de becas y créditos es muy alta.

La conscripción, la carrera militar y la previsión. Desde un punto de vista operacional, idealmente, las FF.AA. deberían tener solo profesionales. No sé si el país es capaz de financiarlos y de soportar el impacto en el sistema de salud y previsional. La carrera militar puede ser alargada, así como cambiada la escala de años para jubilar. Lo anterior debe llevar a un perfeccionamiento del sistema previsional, sin modificarlo en su esencia. Los integrantes de las FF.AA. no tienen sindicatos; no negocian colectivamente; no reciben bono por término de conflicto; no obtienen Programas de Mejoramiento de Gestión, ni incentivos por cumplimiento de metas y, lo más importante, no ganan horas extraordinarias. Su única compensación por años de sacrificio físico e intelectual, por largas separaciones familiares y por estar siempre disponibles y dispuestos a darlo todo, es contar con una pensión digna. Ello ocurre en la gran mayoría de las FF.AA. del mundo.

La promulgación de la Ley 20.424 le entregó la estructura y facultades al Ministerio de Defensa para llevar adelante la conducción política de las FF.AA. Por primera vez se cuenta con la planificación necesaria para materializarla. Se incrementó, aún más, el control civil sobre las instituciones. Las autonomías prácticamente ya no existen. Cabe preguntarse si Chile realmente necesita el "fin de una época".

El cómo y qué se norme constitucionalmente sobre el quehacer de las FF.AA. es materia de un profundo debate. Lo importante es definir lo que no puede dejar de estar. Más allá de lo referente a sus misiones, estructura general y dependencia, estimo -con el propósito de obviar que mayorías transitorias puedan modificarlas por ley- que deben consagrarse constitucionalmente ciertas normas que aseguren una independencia profesional, como el ingreso, la calificación y promoción del personal, la capacitación y educación de sus integrantes y la disposición de sus destinos, conforme a necesidades, a fin de evitar una posible politización de las instituciones. De lo contrario, pudiéramos llegar a tener FF.AA. como las de Cuba, Venezuela o Bolivia, comprometidas integralmente en el proyecto político del gobierno. Las FF.AA., sin perjuicio de estar subordinadas a la autoridad política legítimamente investida, en último término, pertenecen y se deben a la República.

Finalmente, pese a la baja generalizada de la valoración ciudadana sobre las instituciones a nivel nacional, en la última encuesta CEP, de enero de 2017, las FF.AA. y de Orden siguen ocupando los primeros lugares. Los devastadores incendios que azotan a nuestro país demuestran, una vez más, cómo los chilenos claman por sus FF.AA.

Óscar Izurieta Ferrer

Compartir