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Historiador italiano da a conocer cartas inéditas de Frei Montalva y Aylwin Material Historico

Historiador italiano da a conocer cartas inéditas de Frei Montalva y Aylwin

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Raffaele Nocera, experto en política chilena del último medio siglo, descubrió dos misivas en que los líderes democratacristianos critican el rechazo de la DC Italiana a la junta militar.

Por Pablo Marín

 

Profesor de historia de América Latina en la Universidad de Nápoles “L'Orientale”, Raffaele Nocera publicó recientemente Acuerdos y desacuerdos. La DC italiana y el PDC chileno: 1962-1973, donde da cuenta de un capítulo apenas abordado de la política local y de las relaciones internacionales del país. A lo que no se refiere el libro fue a un documento que el historiador descubrió poco después de escribirlo.

 

Se trata de una carta, hasta ahora desconocida, de Eduardo Frei Montalva a Mariano Rumor, por entonces primer ministro italiano y presidente de la Unión Mundial Demócrata Cristiana (UMDC).

 

Su importancia radica en que es un escrito anterior a la misiva, polémica y muy difundida, del 8 de noviembre de 1973 al mismo destinatario, en la que denunciaba ante los camaradas de Italia y del mundo, una campaña mediática en contra de quienes, como Frei, se opusieron a la Unidad Popular. señalando a la UP y a Salvador Allende como únicos responsables del golpe y del quiebre institucional.

 

-Antes que nada, quería preguntarte acerca de la carta de Frei a Mariano Rumor que descubriste recientemente. ¿Cómo llegaste a ella? ¿Qué hay en ella y cómo se complementa con la famosa carta de noviembre, tratándose de una misiva más personal que institucional? ¿Qué nos dice acerca de Frei y acerca del rol de la DC chilena en 1973?

 

-Está fechada el 8 de octubre de 1973. Se encuentra en el fondo Mariano Rumor, conservada en el archivo del Senado de la República, en Roma, que se encuentra abierto para la consulta de los investigadores solo desde fines de junio de este año. Llegué luego de una larga espera que duró casi diez años. En lo sustancial tratándose de un texto mucho más breve y sintético que el de la carta del 8 de noviembre, Frei Montalva anticipa en su contenido la posición del partido con ocasión del golpe y algunas de las tesis que serán expuestas un mes después, comenzando por aquellas que, en su opinión, y también de los altos dirigentes del PDC, fueron las “Causas de la caída del gobierno Allende”.

 

-¿En qué aspectos crees que es un documento revelador?

 

-Es el primer documento en el que el ex presidente chileno trata de exponer sus propias opiniones, a menos de un mes del 11 de septiembre y exactamente un mes antes de la carta del 8 de noviembre; a pocos días de distancia del debate que se había dado en el Parlamento italiano sobre los “acontecimientos chilenos”, debate en el cual la DC italiana había condenado oficialmente el golpe y no había defendido por motivos de política interna (por su relación con los socialistas italianos), a los demócrata cristianos chilenos. Recordemos, además, que el entonces secretario de la DC italiana, Amintore Fanfani, había hecho publicar en el diario del partido Il Popolo un documento muy duro con el PDC chileno. Hasta hoy era conocido solo el documento del mes de noviembre. Se debe tener presente, en fin, que la carta en cuestión se remonta a dos días antes de la entrevista a Eduardo Frei Montalva publicada en el diario español ABC el 10 de octubre de 1973, que planteaba el papel salvador de las FFAA; y que anunciaba la llegada de la misión “de la verdad” (la de Juan Hamilton, Juan de Dios Carmona, Enrique Krauss), enviada a Europa para hablar con los demócratas cristianos alemanes, holandeses, españoles y, por supuesto, italianos. En definitiva, se trata de la primera iniciativa, caliente, para orientar la conducta de los camaradas europeos.

 

-¿Es una carta, por así decirlo, más explícita?

 

-Si el documento del 8 de noviembre tenía como fin informar a toda la familia democratacristiana mundial, la carta del 8 de octubre se dirige exclusivamente a los democratacristianos italianos. La razón de esto reside en el hecho de que era con ellos que existía una mayor sintonía y una más profunda cercanía; por lo demás, en Europa había sido sobre todo la Democracia Cristiana italiana la que había sostenido políticamente, ideológicamente y financieramente a la DC chilena. También el tono, si queremos, es diferente, es decir “absolutamente personal”, para citar las palabras de Frei. En la práctica, en la comunicación del mes de octubre el ex presidente democratacristiano se dirige a un “amigo”. Se puede suponer incluso que exista una relación entre los dos documentos: es decir es posible que a la luz del silencio de los democratacristianos italianos y de su falta de apoyo (sabemos que Rumor se mostró muy molesto por la conducta de los DC chilenos), Frei haya decidido elaborar luego un documento más formal – aquel del 8 de noviembre - dirigido esta vez a todos los democratacristianos del mundo.

 

-¿Qué contenidos llaman la atención?

 

-En la carta del 8 de octubre hay continuas referencias a Italia y su vida política, siempre con el fin de hacer comprender la conducta de la DC durante el gobierno de la Unidad Popular y en ocasión del golpe. “¿Que pasaría en Italia si la Cámara de Diputados aprobara por gran mayoría un documento diciendo que el Gobierno ha trasgredido la Constitución y las leyes?”, se pregunta el ex presidente chileno. Por lo demás, la carta se abre recordando justamente a Mariano Rumor, “que desde el primer momento y en mi primer viaje a Italia a comienzos del año 1971, le manifesté que estaba convencido de que el país saldría de esta situación y que la Unidad Popular llevaba a nuestro país a un terrible desastre”, y se cierra ampliando este concepto: “siempre le afirmé que este país no caería en una dictadura totalitaria. Muchos – Ud. lo sabe – dudaron de mis palabras. Hoy, con la misma seguridad, lo afirmo. No sé a qué plazo ni cómo, volverá la plena vigencia de la democracia en Chile”.

 

En fin, Frei toma posición en merito a la decisión del gobierno italiano de no reconocer la Junta militar, no compartiéndola. Y sosteniendo haber sido abordado por muchos miembros de la “colonia italiana” en Chile los cuales, según sus palabras, creían que todo aquello habría podido “dañar las relaciones Italia-Chile, no la relación gobierno a gobierno”; algo, por tanto, a su juicio, “grave en el fondo”. En suma, se tiene casi la impresión de que Frei se haga portavoz de la protesta de parte de la junta militar de gobierno.

 

-El reciente fallecimiento de Patricio Aylwin activó la memoria sobre su papel en 1973. ¿Cómo lo evalúa?

 

-La posición de Aylwin con ocasión del golpe es conocida y, por otra parte, él mismo, 25 años después, hacía una autocrítica respecto de las opiniones expresadas y las posiciones tomadas entonces, reconociendo también lo infundado de una “insurrección de la extrema izquierda”. Volvió a subrayar la responsabilidad de UP y de Allende, pero admitiendo implícitamente el error político. De los meses inmediatamente siguientes al 11 de septiembre me parece de gran interés otra carta que he encontrado en estos días, fechada el 22 de marzo de 1974 y enviada por Aylwin al ya citado Rumor, en su calidad de presidente de la UMDC. A diferencia de Frei, Aylwin es mucho más explícito en las críticas a la conducta de los amigos italianos: lamenta que la DC italiana continúe manteniéndose en silencio– “ni Eduardo Frei ni yo hemos recibido respuesta a nuestras cartas”, afirma – subrayando que “aunque nuestro común amigo Angelo Bernassola [responsable del sector Exterior de la DC italiana] me aseveró en Hamburgo, en noviembre pasado, que de parte suya y de la DC italiana había clara comprensión acerca de nuestra actitud en lo ocurrido en Chile, las informaciones que llegan de Europa revelan […] un clima adverso hacia nuestro partido”.

 

Aylwin llega a sostener que la UMDC no puede “juzgar” a los partidos miembros y que el PDC había informado continuamente a los democratacristianos europeos de la evolución política chilena y de la conducta de su partido. Declara que, en definitiva, los democratacristianos chilenos merecían y habrían esperado “la solidaridad fraterna de los democratacristianos de otras latitudes”.

 

En la carta escribe también: “El fracaso a que el sectarismo totalitario y el extremismo de sus sectores dominantes condujo a la Unidad Popular y la forma como su Gobierno destruyó la economía y la democracia chilenas, son hechos que reconocen hasta los comunistas italianos”. Hay que subrayar que la postura del partido comunista italiano fue diferente de la que cuenta el ex presidente…

 

-¿Y sobre el Aylwin de la transición, cuál es su apreciación?

 

-En la fase sucesiva, de la lucha contra la dictadura y, luego, de la transición a la democracia, Aylwin mantuvo una posición en línea con la de Frei Montalva, y luego de la muerte de éste, tuvo la inteligencia política y la visión de entender que no se habría podido poner al régimen en dificultades por la fuerza. Que era necesario negociar con los militares para restablecer la democracia en el país. Si bien había al interior de la oposición y, en particular entre los miembros del mismo PDC, otras figuras de primer plano, Aylwin era considerado una figura “de garantía” para Chile (aun si algunos democratacristianos europeos preferían a Gabriel Valdés). La tarea, por tanto, le tocaba a él; y, sin duda, cumplió el trabajo.

 

Su Presidencia estuvo sustancialmente comprometida con evitar tensiones con las Fuerzas Armadas y apuntar a una política de compromiso con una derecha sobredimensionada en el Parlamento, no obstante la derrota sufrida. No era, por otra parte, posible superar los límites impuestos por la Constitución de 1980, incluida la imposibilidad para el Presidente de destituir a los jefes de las tres ramas de las FFAA antes del fin de su período. Otras normas impedían modificar con mayoría simple el texto constitucional, garantizaban la presencia en el Senado de miembros no elegidos y excluían de la representación a las minorías. Con todo, si bien es cierto que Aylwin se vio prácticamente obligado a aceptar un cierto grado de interferencia de los altos oficiales, menos obligada y madurada con convicción fue la continuación de las directrices económicas y laborales de la dictadura (una obra continuada, por otra parte, por su sucesor, Eduardo Frei Ruiz Tagle).

 

-En 2013 declaró que "la DC no supo entender apropiadamente los cambios de Chile en los 70". ¿Qué podría decirse en 2016?

 

-Es un partido que hoy parece estar demasiado anclado en el pasado y en poca sintonía con los cambios sociales, económicos y políticos. Esto significa que está llamado a poner al día su agenda política, sobre todo en el plano ético, y a definir un espacio nuevo al interior de una gran coalición en la que conviven fuerzas políticas de inspiraciones y orientaciones diversas. Está llamado a aceptar, si es que no a promover, una suerte de “compromiso histórico” del siglo XXI en clave chilena. Para hacer esto es necesario que vuelva a pensar la propia función. Sin desnaturalizarse, obviamente, sino que favoreciendo un recambio de la clase dirigente e individualizando con precisión los sectores sociales y económicos que desea representar. El riesgo que corre es el de convertirse en un actor político minoritario y sin influencia, e incluso el de desaparecer de la escena política nacional, como ya ha sucedido en Italia y en Venezuela.

 

-Subsiste la percepción, en Chile, que las democracias cristianas son de derecha y que la chilena es una excepción.

 

-La DC italiana fue más bien un agrupamiento de facciones que un verdadero partido unitario, en el sentido que en su interior coexistían varias almas y corrientes de derecha, de centro y de izquierda. Con las debidas diferencias, es posible aplicar esta reflexión a la DC chilena: un partido muy cohesionado en una primera fase, pero que progresivamente se ha ido caracterizando por una cierta dosis de fraccionalismo.

 

En ese sentido, la DC chilena no es un caso raro y no existe una “excepcionalidad chilena”. Los democratacristianos chilenos fueron parte de una gran familia mundial: compartieron ideales, horizontes, perspectivas y, en su interior, en algunos momentos prevaleció el alma progresista. A inicios de los 60, la DC italiana “apostó” por la chilena justamente porque consideró que tenía una vocación de este tipo, mientras en otros momentos se impuso una visión más conservadora, como durante el gobierno de Allende y, en gran parte, también durante la dictadura militar.

 

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Chile, la guerra, los vecinos

 

A fines de los años 90, Nocera ganó una beca de doctorado en la U. de Pisa con un proyecto de investigación sobre la postura de los países latinoamericano durante la II Guerra Mundial. Hasta ese momento el “caso chileno” había sido poco analizado por la historiografía. A él, por el contrario, le interesó el entrelazamiento de las políticas exterior e interna de Chile y el hecho de que “los años de la guerra marcaban el fin de un ciclo y el inicio de una nueva estación política que se agotaría justamente con el golpe de 1973”. De ahí surgió libro Chile y la guerra, 1933-1943 (2006). Un texto que da pie a otras preguntas.

 

-En Chile y la guerra afirma que, aun representando a un país periférico, el gobierno de J. A. Ríos "creyó poder actuar como las grandes y medianas potencias del mundo", y que Chile había hecho algo semejante en la I Guerra Mundial. ¿Observa una tradición en esta línea, que podría incluso extenderse a la negativa de Lagos a apoyar la invasión a Irak?

 

-Chile se ha considerado siempre, en plano de la política internacional, un país orgullosamente autónomo e independiente y, en efecto, la conducta asumida durante las dos guerras mundiales se debe principalmente a esta convicción (producto, por otra parte, de una aspiración a proponerse como potencia regional, cuyas raíces se encuentran en la segunda mitad del siglo XIX y, sobre todo, en los “éxitos militares” obtenidos a costa de los países vecinos).

 

Esta conducta ha creado algunos problemas, comenzando por los Estados Unidos, y con los grandes países de la región, sobre todo con la Argentina, además de Bolivia y Perú. Por otra parte, las relaciones con Washington siempre han sido complicadas, a menudo tensas. Esto ha ocurrido con independencia del gobierno de turno, en la medida que Chile ha sido siempre reacio a alinearse acríticamente y no debe sorprender, por lo tanto, la decisión de Lagos ni se la puede considerar oportunista.

 

-Cuando desde Perú, y sobre todo desde Bolivia, se acusa "imperialismo" chileno, ¿ve algún punto ahí, más allá de las consignas?

 

-Las recriminaciones de los países vecinos, y pienso sobre todo en Bolivia, son seguramente comprensibles. Pero creo que las controversias deben ser afrontadas sin retórica ni propaganda con el sello del siglo XX. Es necesario actuar con conciencia de que los desafíos del siglo XXI son bien distintos, y que se enfrentan superando la concepción del Estado Nación, a través de una acción concertada entre actores estatales y no estatales, a nivel regional y mundial.

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