INMIGRACIÓN EN CHILE: BOMBA DE TIEMPO Actualidad

INMIGRACIÓN EN CHILE: BOMBA DE TIEMPO

Por Osvaldo Díaz, VOXPRESS.CL

Siendo tan egocéntricos y gustándonos tantísimo mirarnos el ombligo, existe en el país una peligrosa indiferencia frente a las oleadas de inmigrantes que se desplazan a estas tierras australes con la universal justificación de buscar “nuevas oportunidades”.

Lo que llama a reflexionar esta moderna invasión foránea es que, hoy, la situación general de Chile no es una “oportunidad” para nadie.

Durante el pasado verano europeo, millares de nuestros compatriotas se conmovieron con trágicas postales de inmigrantes que morían ahogados tras vanos intentos por alcanzar el bordemar de distintos territorios del Viejo Mundo. Tan tremenda fue la conmoción que tuvo que intervenir la ONU y los países más desarrollados resolvieron repartirse cuota de refugiados para evitar el colapso interno.

Desde siempre, las migraciones han sido un fenómeno universal. Causas políticas, religiosas, sociales, laborales y hasta de hambruna han motivado masivos desplazamientos humanos. Así, el agresivo número de extranjeros que llega a Chile no es excepcional, pero sí preocupante. Muy preocupante.

El dar cobijo a inmigrantes no es una obligación, sino un acto de buena voluntad y, en reciprocidad, quienes lo reciben, tienen que comportarse a la altura. Chile se siente agradecido de los alemanes, árabes, italianos, españoles y croatas que llegaron a contribuir a su desarrollo y progreso.

Muchos de esos desplazados llegaron a estas tierras  —como se dice vulgarmente— con una mano por delante y otra por detrás, pero convencidos de que su emprendimiento les daría frutos.

Excepto un puñado de profesionales, la mayor parte de la actual oleada de inmigrantes que pisan suelo chileno llega en la misma situación de aquéllos de otrora, pero ahora  —al revés de antes–  se enfrentan con un país definitivamente estructurado, con productividad y tremendamente competitivo, de tal forma que no es fácil integrarse al sistema laboral ni parece un camino sencillo el materializar rápido el ascenso personal.

El pueblerino país de antes ofrecía espacios a los llegados, pero éste no, más aún en un período de contracción y crisis..

Hoy, el inmigrante sin preparación —que es la gran mayoría— no tiene más opciones que labores terciarios, de bajas remuneraciones y poco estimulantes…si es que las encuentra.  Sustituyen al creciente número de mano de obra criolla que prefiere no trabajar antes de acceder a una faena de bajo nivel.

La precariedad de estas “nuevas oportunidades” de vida es lo que ha generado en Santiago y en capitales regionales verdaderos bolsones de pobreza, al estilo ghettos donde sobreviven inmigrantes apiñados y con servicios básicos miserables.

Chile es un país en que aún persisten enormes volúmenes de pobreza, siguen vigentes los campamentos y no son miles sino millones de compatriotas los que viven a duras penas. Se trata de compatriotas vulnerables,  imposibilitados de acceder a una salud básica y menos a planes previsionales. Es una carga de la cual, aunque pasan los años, el >Estado no ha podido hacerse cargo por ausencia de políticas públicas al respecto y, fundamentalmente, por la pésima asignación de los recursos fiscales.

A esta masa de requirentes de auxilio llegan a sumarse los  nuevos inmigrantes que cruzan las fronteras legal o ilegalmente, agudizando, así, un problema que no ha podido ser resuelto.

Con la mayor urgencia, las autoridades del sector deben asumir medidas de un riguroso control e incluso revisar algunos inexplicables convenios diplomáticos que alientan este fenómeno. En torno a la inmigración existe n lucrativo negocio de tráfico de personas que se está combatiendo, pero  sin la energía y el dinamismo requeridos.

Llama la atención que en las propias narices de la policía haya tantos ajustes de cuentas de extranjeros entre ellos mismos, lo que refleja una desprolijidad en inteligencia y control de identidades en las fronteras. Cada día son más los episodios de delitos originados por quienes ingresaron en calidad de inmigrantes y no se sabe de normas tan rápidas y prácticas ejecutadas en otros países como es la inmediata deportación del autor.

Si hasta la propia ONU ha intervenido para regular los flujos de inmigrantes en el mundo, la autoridad chilena no debe temer ni ruborizarse de pisarle los huevos a los patrocinadores de los derechos humanos en esta materia, porque ninguna nación tiene la obligatoriedad de abrir sus puertas de par en par y menos un refugiado puede aprovecharse de un refigio humanitario para dedicar su tiempo a actos de violencia.

Ya, hoy mismo, la arrolladora inmigración que busca a Chile como destino, debe ponerse en un riguroso estado de observación. De no procederse con celeridad, se generará una superpoblación sin  destino y que requiere de una gratuidad total en asistencia, ayuda fiscal que ni siquiera a los chilenos  pobres se les puede dar.

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