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La actitud de Occidente fue miserable y mezquina Material Historico

La actitud de Occidente fue miserable y mezquina

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Ricardo Martín de la Guardia es uno de los autores de Luchadores por la libertad (editorial Actas), un libro indispensable para quien quiera saber más de la revolución húngara de 1956, "el mayor desafío contra [su] hegemonía" que hubo afrontar la URSS en la Europa comunista; una revolución patriótica, de liberación nacional, sofocada a sangre y fuego por el imperialismo soviético, cuyo "monstruoso crimen" –denunciarían un Aron, un Camus, un Madariaga– dejó al comunismo "al margen de la Humanidad". De nuevo.

De la imprescindible rebelión húngara de 1956, precursora de las que en 1989-91 consiguieron echar abajo el Muro de Berlín y el Imperio soviético junto con sus satélites europeos, se sabe poco por la enésima traición de los intelectuales de la izquierda siniestra, que hablan y no paran de la dignidad de los de abajo pero no hacen más que jalear a los que desde muy arriba los ofenden y humillan ("Se creó un relato, un argumentario según el cual estos insurrectos, estos revolucionarios eran grupos muy pequeños, muy minoritarios y prácticamente comprados por Occidente y vendidos al capitalismo"); así como por la actitud "verdaderamente miserable y mezquina de Occidente", que desde altavoces legendarios como Radio Europa Libre jaleó y festejó a los heroicos freedom fightershúngaros para finalmente desentenderse de ellos, dejarlos en la estacada en unas circunstancias tremendas.

"Estaban convencidos, pensaban que realmente Occidente, Europa Occidental, EEUU, el mundo libre les iba a apoyar, en una lucha valiente, abierta, en contra del totalitarismo comunista. Habían estado escuchando y leyendo (...) la propaganda occidental al respecto y hasta el último momento (...) estaban convencidos de que esa ayuda occidental iba a llegar", afirma el profesor Martín, que añade:

 

Una parte importante, sin duda, de esos más de 2.500 patriotas húngaros que van a morir (...) en esos meses de lucha, al margen de la [posterior] represión, (...) debe recaer sobre la conciencia de las autoridades políticas de la Europa del momento.

A juicio del notable historiador de la Universidad de Valladolid, la tragedia húngara del 56 (y la  revuelta de Poznan del mismo año) "muestra como nada en Europa, después de la división de Alemania, (...) que el statu quode la Guerra Fría se imponía por encima de todo, y que EEUU y el mundo occidental (...) no iban a ir más allá en la lucha contra el mundo soviético". Hasta que, después de tantos años de implacable opresión, de socialismo ominoso, Ronald Reagan mandó a parar y librar la batalla contra el Imperio del Mal. Le secundaron la Dama de Hierro y el santo Papa polaco. Los vituperaron a modo por ello. No en los países liberados, desde luego.

Pero esa es otra historia. La de la insurrección húngara de 1956 la tienen minuciosamente documentada en este Luchadores por la libertad por el que entrevisté esta semana en LD Libros al profesor Martín. 

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