Recientes

LA (EX) VILLA SAN LUIS Actualidad

LA (EX) VILLA SAN LUIS

Por http://www.voxpress.cl/

Para afianzar su vigencia y demostrar su poder, la izquierda necesariamente tiene que generar conflictos y confrontaciones. Así respalda cualquiera de sus ‘democráticas’   demandas, por injustificadas que sean.

Prueba de ello lo dio ‘la tormenta en un vaso de agua’ originada `por viudos del allendismo y la Unidad Popular, a raíz de la demolición de la (ex) Villa San Luis, en la zona más moderna de la comuna de Las Condes.

Apelando al ‘derecho’ por haber habitado alguna vez esos antiquísimos departamentos, un grupo de nostálgicos allendistas solicitó  —más bien exigió— que los añosos block de la ruinosa (ex)  Villa San Luis, en el corazón de Nueva Las Condes, fuesen  declarado Monumento Nacional o, al menos, patrimonio histórico.

El argumento de su planteamiento llevado al Consejo de Monumentos Nacionales y del Patrimonio Nacional fue inédito: es un emblema de la inclusión social…Nunca antes en su larga trayectoria, dicho organismo había recibido una petición de esa índole, absurda y totalmente ajena a los fundamentos históricos  y arquitectónicos que rigen a este tipo de concesiones.

En pleno Gobierno de la Unidad Popular  —1972— se construyeron esos departamentos, con características de viviendas sociales, para pobladores que en esos momentos habitaban campamentos de emergencia en la periferia de la capital.

El propósito del allendismo fue ‘intervenir’ un barrio residencial de clase acomodada, reconocidamente ‘momio’, a decir de la UP. En aquellos años, la metrópolis tenía infinidad de terrenos donde levantar condominios sociales, pero el Gobierno optó por una provocación a los vecinos de un sector de clase media y opositor al Gobierno. La generación de conflictos era básica para provocar la rendición de los ‘imperialistas’ y afianzar la sustentabilidad del régimen socialista en su camino al totalitarismo.

Aquellos pobladores no postularon a ningún subsidio de vivienda a través del Serviú ni menos hicieron el esfuerzo de un pequeño ahorro: simplemente fueron privilegiados políticos, instalados allí arbitrariamente como instrumentos de amedrentamiento y provocación.

 

En 1978, el régimen militar desalojó a esos pobladores de la villa y los ubicó en viviendas en Pedro Aguirre Cerda. No existió ilegalidad alguna en dicha acción, porque jamás pagaron un solo peso por habitar viviendas que auto asumidas como propias.

Luego de ser utilizados un tiempo por el Ejército, dichos departamentos, ya deshabitados y guarida de ratones y delincuentes, el Estado los licitó hace seis años y fueron adquiridos por particulares que planificaron completar la remodelación urbana del sector con la construcción de varias torres, similares al entorno, para uniformar y hermosear el barrio.

Las aspiraciones de estos aprovechadores de nuestra izquierda más típica es que el viejo conjunto venido a menos se conserve como  un centro cultural y de recuerdo al primer caso en Chile de ‘inclusión social’.

Con ese criterio habría que darle estatus de histórico al primer baño escolar para transexuales; a la primera oficina del Registro Civil que unió en pareja a dos homosexuales; al primer cuartel que recibió a una carabinera y al primer buque donde operó una marinera.

Estos viudos del marxismo allendista podrían preocuparse de situaciones realmente dignas de inquietud social, como la cantidad de vecinos –en distintos lugares del país– que aún esperan por la construcción de una vivienda  porque las que les entregaron, o iban a entregarles, debieron ser demolidas por su mala calidad.

Ésa es una real demanda social; esta otra, la de la (ex) Villa San Luis es una maniobra política destinada a incentivar el odio, la revancha y la arbitrariedad, pilares de los trasnochados dogmas de la izquierda. Al final pasó lo que tenía que pasar  en este Gobierno socialista: el Consejo, presidido por la ministra de Educación, Adriana del Piano (PPD), rechazó la demolición y preservar los restos de la villa como reliquia.

Pero lo más desconcertante en esta maniobra socialista es la actitud del alcalde de Las Condes, Joaquín Lavín. En su enfermizo afán de quedar bien con Dios y con el diablo, a cambio de la demolición ofreció construir un memorial que recuerde a aquellos antiguos moradores de la villa,  puestos allí por el mismísimo autor de la `felizmente fracasada y cruenta ‘vía chilena al socialismo…

Compartir