LA FRIVOLIDAD DE LA CÁMARA Actualidad

LA FRIVOLIDAD DE LA CÁMARA

Por Raúl Pizarro R., VOXPRESS.CL

Lo ocurrido el martes 2 de agosto con motivo de la interpelación a la ministra de Justicia, Javiera Blanco, fue, quizás, la más categórica evidencia de que la clase política, y en este caso específicamente los diputados, va en sentido contrario a la voluntad de la gente.

Lo contradictorio es que ellos son electos por la población y a la hora de pronunciarse hacen prevalecer su ideología partidista por sobre el sentir general de la población. Y después tienen la frivolidad de pedirle el voto y, es más, de intentar hacerlo obligatorio.

Aquél día fue, lejos la mayor vergüenza de los diputados en lo que va corrido de este año.

El mismo día en que se conoció el desenlace de la encuesta Adimark de julio, en la cual la titular de Justicia apareció como la ministra peor evaluada del Gabinete (19% de aprobación), la mayor parte de la Cámara de Diputados la ovacionó y uno de los parlamentarios llegó a pedirle a la Presidenta que, si quiere, saque a todos los Secretarios de Estado, pero que deje a Blanco,   la mejor y la más brillante.

Lo ocurrido fue un acto de soberbia, de matonaje político y, lo peor, un respaldo a la corrupción.

Dicha sesión, convocada específicamente para la interpelación a Blanco, fue, tal vez, la vitrina perfecta para la exhibición de todas las precariedades e incompetencias de los legisladores de hoy, una caricatura del Congreso del siglo XX, abundante en seres inteligentes y eruditos.

El bajísimo nivel intelectual de los diputados de hoy lo reflejaron con gran generosidad la interpeladora —que se dejó mansamente interpelar por la interpelada— y todos los que pusieron su broche de oro a la sesión, en particular un auténtico jefe de barra brava, Ramón Farías; un grosero, Marcelo Schilling, y un orador de despedida de soltero, José Pérez.

Con gente adornada de tantas limitaciones no se podía esperar poco más de lo que pasó en dicha interpelación: nada. La ministra Javiera Blanco ingresó a la sala para ser interrogada, siendo portadora de estos antecedentes: participante directa en las irregularidades de las millonarias pensiones en Gendarmerí;  ignorante de estadísticas dramáticas del Sename; con pedidos de renuncia de parte de los funcionarios de su ministerio; víctima de las protestas de los gendarmes; con huelga en la Corporación de Asistencia Judicial; con denuncias  del gremio del Registro Civil;  con una amenaza de acusación constitucional y con el contundente repudio de la población, que se tradujo en un rechazo ciudadano del 81%.

Adimark reveló que en todo el historial de sus encuestas es la autoridad de Gobierno peor evaluada.

Sin embargo, ella, que eludió el porqué y el cómo de su responsabilidad en las anomalías de Gendarmería y en las tragedias del Sename, salió del hemiciclo como una reina, ovacionada por sus pares de la Nueva Mayoría y por los adherentes autorizados en exclusividad a permanecer en las tribunas y conducidos hasta allí expresamente para aplaudirla.

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