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La Historia Como Delito Hermógenes Pérez de Arce

La Historia Como Delito

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Jueves 7 de enero 2016

 

          Por supuesto que la gente sin sentido del humor no entendió la moción de los diputados UDI Hasbún, Ulloa y Urrutia, proponiendo tipificar como delito cualquier elogio al gobierno de Salvador Allende. Pues no era sino una réplica llena de ironía a la moción de la diputada comunista Karol Cariola, que crea el delito de emitir cualquier expresión favorable al Gobierno Militar.
 
          La iniciativa de Karol era, en realidad, una suavización de otra anterior en el mismo sentido y que castigaba con presidio hasta de 20 años cualquier reconocimiento a ese régimen. La más reciente rebaja la pena a cinco años. Es inevitable recordar que el propio Ejército de Chile fue sorprendido suprimiendo en sus regimientos testimonios enaltecedores del régimen militar ¡en obedecimiento anticipado a la moción, antes de ser ley! ¡Qué país! Está teniendo el destino que se merece.
 
          Un comentarista de este blog ha señalado que dicha moción está dirigida contra mi persona casi con nombre y apellido, pues cree, no sin razón, que soy el único que se atreve a precisar la verdad histórica del período 1973-90. Apreciación del comentarista que no se aleja mucho de la verdad, habiendo uno de los partidos que apoyaron al Gobierno Militar, RN, hasta modificado su declaración de principios para eliminar de ella el reconocimiento a la obra liberadora y salvadora de dicho régimen, lo que le ganó en este blog la denominación de “Renegación Nacional”, mucho más exacta y realista que la oficial. Y en cuanto a la UDI, el paso revisionista de la historia exigido por el comunismo forma parte del programa de los aspirantes a presidirla, aunque lo disimulan. Desde luego, el diputado Jaime Bellolio, el candidato más explícito a conducir la colectividad, se retiró airado del homenaje que su colega Ignacio Urrutia (un verdadero héroe de nuestro tiempo) rindió en la Cámara al aniversario de la muerte de Augusto Pinochet, twiteando airado que él era un “defensor de los derechos humanos” y revelando con esa sola frase haber comprado la más repetida consigna comunista.
 
          La moción Cariola, con todo, no es broma, pues uno no puede confiar en los kerenskys, que se proclaman partidarios de la libertad pero siempre terminan votando contra ella y junto a los comunistas. De modo que no estamos lejos de transformar el ejercicio de la investigación histórica objetiva en un delito grave.
 
          Quien lea los comentarios de este blog, lo que no es, en general, una experiencia tranquilizadora, se habrá percatado de que sus detractores, voluntarios o remunerados por todos sabemos quién, coinciden en anunciar un destino carcelario para mi persona, por el hecho de opinar como lo hago, rectificando constantemente las falsificaciones históricas.
 
          En ese sentido, el Partido Comunista es la fuerza más poderosa en nuestro medio en materia de influencia y creación de opinión. Maneja todos los resortes del poder y de lo único de que carece es de suficientes votos. Sin embargo, sin tenerlos, sus amenazas y dicterios le permiten ganar los ministerios y parlamentarios que la voluntad popular le niega. Hasta las encuestas de opinión lo reflejan: los más altos niveles de rechazo popular los consiguen Guillermo Teillier y Camila Vallejo, sólo superados por el casi siempre odioso presidente de la DC, senador Jorge Pizarro, y el inefable presidente de la UDI, Hernán Larraín, al cual su papel de repetidor de consignas comunistas sólo le ha valido el repudio de sus partidarios naturales, sin ganarle el apoyo del marxismo. Su última actuación, pidiendo perdón a una guerrillera que resultara quemada hace 29 años por las propias bombas incendiarias que portaba para lanzarlas a vehículos de locomoción, y su anterior actitud de votar en favor de indultar a terroristas de izquierda, advirtiendo que ello “no debía ser moneda de cambio para aprobar después similar beneficio a los militares”, sólo anticiparon el proceso de destructivo alejamiento de la UDI del carácter que le imprimió Jaime Guzmán.
 
 
          En un país en que se ha barrido con las bases fundamentales del estado de derecho, castigando como delitos hechos confesamente ficticios o inexistentes, lo cual no sólo viola la Constitución sino el derecho penal ancestral, la creación comunista y con apoyo socialista y posiblemente DC, de una figura que convierte en delito la versión no comunista de los hechos históricos recientes, es sólo un jalón más en la sucesión de pasos que conducen a la paulatina pérdida de libertades del pueblo chileno, en el curso de la revolución marxista encabezada por la Nueva Mayoría.

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