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La hoja de ruta del PC

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En los últimos días se ha conocido el documento con el que el Partido Comunista convoca a su XXV Congreso Nacional, a realizarse durante el primer fin de semana de abril próximo. Titulado "Desafío histórico del período: Consolidar lo avanzado y generar condiciones para seguir adelante", el documento ofrece un diagnóstico que pretende desnudar el momento histórico presente y su tendencia futura, aportando las claves orientadoras y programáticas que el PC deberá adoptar para alcanzar sus objetivos.

Según se declara en el documento, la democracia que tenemos actualmente en Chile no sería otra cosa que la expresión de un "sistema de dominación de clase" iniciado en 1973 y perpetuado desde 1990 hasta el presente gracias a la "democracia de los acuerdos". Al haber simplemente legitimado esta "dominación económica, política y cultural heredadas de la dictadura", la democracia actual mantendría cautiva la soberanía popular. Frente a esto, el documento plantea que la lucha de clases en curso, "que se agudizará en los próximos años", dará lugar a una "revolución democrática" que permitirá finalmente derrotar al enemigo.

Dado este diagnóstico, el documento no deja dudas sobre las razones que llevaron al PC a formar parte de la Nueva Mayoría. Orientado al interés de combatir los cimientos de este modelo hegemónico, su participación en el conglomerado solo ha sido un paso preliminar, pero necesario, para llegar a derrotarlo. Incluso la "democracia plena", aquella soberanía popular que se pregona en contra de la menospreciada democracia actual, solo es otra fase en la obtención del verdadero fin último, que no es otro que el socialismo. Es así como la clarificación del concepto de "revolución democrática", que recuerda inevitablemente la revolución propugnada por Marx para vapulear al capitalismo y sentar las bases para la dictadura del proletariado, solo se produce cuando se lo pone en correspondencia con el sistema de gobierno al que ella daría lugar: "El programa de la Nueva Mayoría no responde a la perspectiva de instalación inmediata de una democracia revolucionaria que inaugure un tránsito a una sociedad de carácter socialista, sino solo -nada más, aunque tampoco nada menos- a una democracia que sí supere los aspectos más regresivos del neoliberalismo y siente las bases para iniciar la superación".

Esta democracia actual en la que el PC se desenvuelve no es un edificio que se deba mejorar, sino uno que se ha de demoler. Del mismo modo, en lugar de buscar resolver los conflictos sociales, parece más oportuno extremarlos, a la espera de fragilizar el sistema político, económico y social para asegurar el triunfo de unas ideas por sobre otras. Dicho esto, casi está de más citar algunos de los objetivos políticos que persigue el PC a corto plazo, siendo el proceso constituyente una oportunidad crucial para promoverlos y confirmarlos. Por ejemplo, se debe "poner fin al Estado subsidiario" y "restablecer el principio de que la propiedad privada no es absoluta".

A pesar de lo extremas que resultan estas posturas y lo alejadas que se hallan de un mundo que marcha hacia la definitiva extinción de las polaridades de la Guerra Fría -basta ver lo que está ocurriendo en Cuba-, las reacciones de parlamentarios de la Nueva Mayoría, con excepción de los democratacristianos, están marcadas por un tinte que pareciera neutral frente a lo que el PC pone en juego, que no es otra cosa que las bases mismas de la institucionalidad democrática y de libre mercado. 

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