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La imagen de la derrota

 

 

"Aplastante ... " así definió una periodista de CNNChile, el contundente fracaso electoral que experimentó la Nueva Mayoría, bloque que desde este 23 de octubre, pasará a llamarse en justicia "Nueva Minoría", dado que gobernará menos población, que perdió la mayoría de las diez ciudades más importantes del país y que contará con un número inferior de alcaldes frente a la oposición.

 

No solo eso: en las principales comunas, las más densamente pobladas y mayoritariamente de clase media, el oficialismo perdió presencia política y su gravitación disminuyó ostensiblemente.

 

Es un asunto no menor, dado que ChileVamos recuperó municipios de primera importancia reeligiendo además, alcaldes en Puente Alto y La Florida, los que sumados a Santiago y Providencia, constituirán una potente base para 2017 y lo que vendrá en términos de los comicios parlamentarios y la presidencial. Por lo pronto Lagos se hizo cargo de la derrota mientras La Moneda guardaba ominoso silencio. Ni siquiera los jefes de partido de la NM quisieron asistir a este funeral: porque aquí este gobierno, concluyó su período real y en los siguientes diecisiete meses, se verá condenado a la irrelevancia. 

 

La semana inmediatamente anterior a la elección municipal, el Ejecutivo cometió errores que agudizaron su desprestigio, dejando en evidencia su enorme inoperancia e improvisación, con aquello del cambio de domicilio electoral a casi medio millón de chilenos, los que ilegalmente fueron llevados a otras comunas y regiones. El Servel fracasó: el Registro Civil dejó expuestos los problemas de gestión tan comunes y habituales en el trienio pasado. El padrón quedó desacreditado y la participación llegó al 34% de los 14 millones que componen el universo electoral, la más baja desde 1989. 

 

Es cierto que desde aquel momento, la abstención mostró un alza constante al punto que la propia Michelle Bachelet ganó la primera magistratura solo con el 26% efectivo de los votos. Sin embargo, existe un fenómeno más profundo, cual es la crisis de los partidos y su constante pérdida de representatividad. El formalismo democrático está herido y urge una modificación en la materia. Tampoco es admisible que los mismos rostros, una y otra vez, se presenten a la reelección por un nuevo período. Hay parlamentarios que permanecen en el Congreso desde 1989 (se trata de 10 diputados y senadores) sin que sea posible reformar este punto. 

 

Por el contrario, las modificaciones que se introdujeron (al binominal, por ejemplo) acarrearon el aumento en ambas ramas del Legislativo ( de 120 a 150 diputados, y de 38 a 50 los sillones en el Senado). Y como estamos frente a los "representantes populares" mejor retribuidos de las Américas, pero donde el ausentismo, la escasa preparación que muchos exhiben, junto al tráfico de influencias, el clientelismo, el lobby, la nula transparencia y el financiamiento irregular de las campañas políticas, campean, se ha configurado una situación crítica.

 

El juicio ciudadano a semejante labor -por llamarle así-, se traduce en porcentajes de aprobación cercanos al 15% ... muy similar al que obtuvo el gobierno en la reciente encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP). Mismo porcentaje que la mandataria, dijo encontrarse a cada rato en la calle: bueno, en estas elecciones lo comprobó en terreno. Y la foto que ilustra este texto, tomada en Palacio la noche del domingo 23 junto a funcionarios del Ejecutivo y familiares, refleja la soledad en la cual quedó este gobierno y que se acentuará día a día.

 

Poco importa otro cambio de Gabinete. Nada podría agregar a estas alturas. Tampoco sobran quienes podrían estar dispuestos a asumir en este desastre: es la imagen de la derrota. Queda una pregunta: ¿acaso, de haber existido una oposición verdadera y no esta montonera de partidos y sus personalismos inanes, pudo ser peor el descalabro oficialista?

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