LA IMPOTENCIA DE SER SUDACA Actualidad

LA IMPOTENCIA DE SER SUDACA

Por PIRI, VOXPRESS.CL

“Esto pasa porque estamos en Chile”. Reflexión frecuente, mezcla de realidad y conformismo, que surge del ciudadano común cada vez que sufre desastres evitables. Ese “estamos en Chile” es el rostro de la resignación frente a la inoperancia o torpeza de otros.

 

Reacción tan lastimera tiene un componente comparativo con los países del primer mundo  —donde, decididamente, Chile no está. Aquí suceden episodios que no debieran ocurrir, no se hace respetar la dignidad de las personas ni del país y, en forma definitiva, se ha sustituido la culpabilidad por el error.

 

Y estos “errores” se repiten casi a diario. Los constantes contratiempo en el Metro, la guerra de taxis, los incumplimientos horarios del TraSantiago, el pésimo estado de calles, las alcantarillas desbordadas, los ciclistas por las veredas, las empresas constructoras que se apropian de las vías como si fuesen de ellas, la ausencia o deficitaria señalización del tránsito, las colisiones por alcance, la burocracia en la administración pública y la miseria de los hospitales públicos, son sólo algunas “perlas” de nuestra realidad, más colindante con el tercer mundo que parecida a una economía emergente, el ahora ficticio cartel que un día nos llevó a la OCDE.

 

Tan arraigadas experiencias adquieren dimensiones agraviantesresivas en contra de los ciudadanos cuando provienen de entes foráneos que, por esas cosas de la vida, suelen “ganar” concursos públicos.

 

Por su traumática debilidad en tecnología y limitantes en su evolución científica, Chile es impotente para ejecutar grandes obras públicas y vía licitaciones recurre a constructoras supuestamente top para que en este ámbito realicen trabajos delicados y de envergadura. Muchas han tenido éxito como, por ejemplo, la responsable de materializar la Costanera Norte, una obra monumental admirada por cuanto extranjero pisa el país.

 

Una mixtura de vía y túnel que atraviesa nueve comunas y agiliza el tránsito fue hecha a prueba de inundaciones pese a que un tramo fue construido bajo el río Mapocho. Pero bastó que aparecieran unos chambones  —la española Sacyr–  para que lograsen lo que la naturaleza no había podido: ¡inundarla!. Y para mayor “mérito” no sólo gran parte de su recorrido, sino también tapizar de lodo avenidas aledañas y sus respectivos edificios.

 

“Por un error”, ante el anuncio de diluvio para Santiago el 16 de abril, sus “profesionales” cubrieron apenas con rocas y piedras el acceso a un túnel en declive. Sus trabajadores, al detectar los inicios de las filtraciones del río a las 2 de la madrugada, arrancaron del lugar en vez de dar urgente aviso a sus jefes: a las 6, los alrededores parecían un océano de agua y de barro.

 

El canal de TV mundial Discovery difundió un programa titulado “Errores de Cáculo” sobre la inútil construcción del primer puente basculante de Chile, el Cau Cau, en Valdivia. Basándose en los planos del MOP, la española Azvi armó y entregó el viaducto, pero éste jamás pudo entrar, ni entrará, en funcionamiento…¡porque no tiene arreglo! Como OO.PP. no pagó parte de lo acordado por tremendo desaguisado, el grupo andaluz demandó al ministerio…

 

Éste es el mismo ministerio, hoy encabezado por Alberto Undurraga, sorprendido en secretas conversaciones para renovar la concesión, sin nuevo llamado a concurso público, de Autopista del SOL S.A. a condición de que agregara una tercera vía en la carretera  Santiago-San Antonio. Ello equivale a una inaceptable coerción por parte de los capitalistas colombianos que ofrecen un beneficio a cambio de permanecer en el negocio sin la opción del MOP de convocar a otros interesados en la concesión.

 

También es el mismo ministerio que está de brazos cruzados por la paralización del futuro puente sobre el canal Chacao, en Chiloé. Una de las partes del consorcio que ganó la licitación, la brasileña OAS  –financista ilegal de Lula y Rousseff y que le puso el jet a MEO para su campaña— quebró y no quiere retirarse del proyecto para dar paso a otra empresa constructora.

 

Queda en claro que la ciudadanía sigue indefensa en manos de los caprichos de unos, de los errores de otros y de la ineptitud de una mayoría, que simplemente la ignora y, lo más grave, poco o nada le importa. El que la gente pague impuestos –a riesgo de ser sancionada– para contribuir al desarrollo doméstico con obras como éstas, no importa a nadie.

 

El “estamos en Chile” es el fiel y hasta doliente reflejo de quienes cotidianamente experimentan la impotencia de ver pasar ante  sus  ojos más cosas malas que buenas.

Compartir